Un termómetro de la región
La negociación con la Unión Europea nos puede retratar de cuerpo entero
José Daniel Rodríguez A.
josedanielcr@gmail.com
Politólogo
En la coyuntura actual centroamericana, surge un tema al que debemos dar la importancia necesaria y, sobre todo, actuar interna y concienzudamente para enfrentar nuestras carencias y debilidades frente a él: el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y la Unión Europea (UE).
Sin pretender hacer un “estado de la región” ni, mucho menos, una diatriba, es importante reflexionar acerca de la situación actual de Centroamérica, la imagen de integración (o falta de ella) que mostramos y cómo nos presentaremos ante el organismo intrarregional, probablemente más exitoso y sólido, y que abarca un potencial gran mercado para nuestra zona, que aún dista mucho de consolidarse plenamente para defender sus intereses ante el mundo.
Otro desacuerdo. En primer lugar, la UE condicionó la negociación al nombramiento de un vocero único por parte de la región; he ahí el primer roce interno. Varios países centroamericanos, sin la presencia de Costa Rica, asignaron tal labor al representante de Nicaragua y ello fue de inmediato razón de protesta por parte de nuestro país que, después de varias negociaciones posteriores, logró que se utilizara la figura de rotación de vocería y así no chocar con la solicitud de los europeos, por un lado, y con la necesidad de representación que vele eficazmente con los intereses particulares, por otro, pero, al final, un gasto extra de energía devenido de otro desacuerdo interno.
Otro aspecto de importancia para la UE (que podríamos extender para la sana y exitosa consolidación de la integración del istmo) es la presencia sólida de las instituciones regionales. Es mucho lo que debemos en este apartado también. Un Sistema de Integración Centroamericana (SICA) que posee muchas limitantes en todos los aspectos, un Parlamento Centroamericano (Parlacen) que es el adorno de la impunidad militar y la existencia de un grupo como el G-4 (Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador) que busca una unión aduanera (con la que Costa Rica no comulga) y que estaría dispuesta a negociar unilateralmente sin Panamá y Costa Rica, son, entre otros ejemplos, indicadores del falso avance en lo que a entes regionales se refiere.
Panorama interno. Como parte de las variables que influyen en la integración real del istmo, no podemos obviar que las situaciones internas de los países son factor determinante, tanto en la unión de la región y su forma de negociar como en la imagen que proyectamos al exterior.
El reducido grupo de manos que conforman una élite poderosa en todos los países, el alto grado de corrupción reinante –sobre todo en Guatemala y Nicaragua–, la extrema pobreza que azota a la mayor parte de la población (situación de los indígenas guatemaltecos), la gran inseguridad ciudadana, en especial en El Salvador con la presencia de las maras (y la amenaza de su extensión a lo largo de Centroamérica) así como el distanciamiento bilateral entre Costa Rica y Nicaragua, son aspectos a los que debemos buscar precisamente una solución pronta, sin dilaciones, pues, con el agravante de su agudización, no son las mejores credenciales para presentarse a una negociación con la UE.
Por todo ello, es el momento preciso para autoanalizarnos y asumir responsabilidades; debemos entender que este acuerdo puede ser el verdadero termómetro de la región.
La Nación 24 de julio de 2007.

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