Anticipo
Nace un sercostarricense
El carácter nacional
[…] El carácter nacional del costarricense viene determinado por una serie de factores que han estudiado, comentado y explicado casi todos los historiadores modernos del país. Se puede dar por acuerdo general, expreso o tácito, de los historiadores y los sociólogos costarricenses, que el tipo de economía que se desarrolló en Costa Rica determinó la formación de una sociedad de pequeños propietarios rurales. Ahora bien, fue la pugna entre esa sociedad de pequeños propietarios rurales con determinada actitud regional la que formó la base del carácter nacional.
La actitud regional de que hablo se originó en Cartago. Cartago era la capital de la colonia, y, aunque los cartagos fueran pequeños propietarios como los demás costarricenses de los días coloniales, y por tanto su carácter debía estar determinado por sus circunstancias económico-sociales, sucedía que Cartago era la capital de la provincia, lo cual producía en sus habitantes un sentimiento de superioridad en relación con los demás pobladores de la provincia. Los cartagos se sentían colocados en una categoría más alta que los demás vecinos de Costa Rica, y esto determinaba, como es lógico, la formación de una conciencia aristocrática.
[…] De Cartago salieron las familias que poblaron Villa Hermosa, Villa Vieja, Boca del Monte, y nada nos autoriza a pensar que esas familias pertenecían al grupo de los altaneros; antes bien, debieron sentirse mal en el ambiente de la capital; debieron ser diferentes a tal grado que, con el correr de los años, los núcleos que ellos formaron manifestaron una manera de ser diferente de la que se notaba en Cartago.
Podemos ver, pues, con bastante precisión, que en Costa Rica se produjeron dos tipos de psicología social en una misma clase de pequeños propietarios rurales pobres. Los unos eran altaneros, orgullosos de su origen y de su posición como miembros de las pocas familias que fundaron la capital de la Provincia o que descendían de funcionarios coloniales; los otros eran humildes, casi con seguridad inhibidos, laboriosos, tranquilos.
[…] El aislamiento pudo estar originado en el temor de los habitantes de Villa Hermosa, Villa Vieja y Boca del Monte a ser juzgados con ironía o dureza por los altaneros de Cartago, o en el temor de no presentarse en sociedad con el atuendo necesario para ser admitidos como iguales por esos altaneros de la capital.
[…] La pequeña propiedad era una empresa de familia, que no requería fuerza de trabajo ajena. Entre los padres y los hijos suplían todo el trabajo necesario en cada núcleo familiar. Nadie tenía que salir de su casa para ir a ganarse la vida, y nadie venía a la casa a buscar fuerza de trabajo. Y, como se carecía de medios sobrantes y de ropa para presentarse ante los demás, la gente se acostumbró a no reunirse ni siquiera para hacer fiestas. Es probable que a esto contribuyera en parte el clima de la Meseta Central, con sus largos meses de lluvia, que dificultan el trato humano.
[…] Por la inhibición de la vida en sociedad, que le impuso su pobreza, el costarricense no formó grupos capaces de crear folklore.
[…] Los costarricenses se lamentan de su falta de folklore, y es cierto que no tienen un inventario de canciones, de danzas y de trajes que puedan compararse con el de otros países latinoamericanos; pero compensan esa falta con la presencia de un tipo humano que a nosotros, latinoamericano de otras latitudes, nos parece admirable; ese tipo humano que vemos hoy, aun en el rango de peón, expresándose con los modales y las buenas maneras del pequeño propietario de los siglos XVII y XVIII.
Autor: Juan Bosch
Editorial: Librería Francesa
Suplemento Ancora. Periódico La Nación 29 de julio de 2007.

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