TLC: texto y contexto
Columnista huésped | Julio 31, 2007 | 527 palabrasPor Arnoldo Mora
La suerte corrida por los TLC ha sido muy variada. Prueba de ello es que han tenido resultados totalmente contradictorios en los dos principales bloques político-comerciales del continente. Estos tratados comenzaron y fueron aprobados sin resistencia en el bloque de América del Norte, compuesto por Estados Unidos, Canadá y México. Pero los resultados han sido nefastos para esos países que, como decían los mexicanos del siglo XIX, tienen la desgracia de ser vecinos del Tío Sam (“¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”). Los resultados han sido tan desastrosos para esos países circunvecinos que ya la evidencia no se puede ocultar ni por el propio Estados Unidos. La mejor prueba y el más doloroso y vergonzoso monumento de lo dicho y que, por lo demás, quedará como recordatorio para las presentes y futuras generaciones, son los 1.500 kilómetros de muro que los yanquis están levantando en su frontera Sur y que —dicho sea de paso— se ha convertido en el asunto más controversial en las ya habitualmente conflictivas relaciones entre ambos países. Más aún, el tema de la masiva e indetenible migración ha llegado a ser parte obligada de la política interna y de la próxima campaña electoral de Estados Unidos.
Si las políticas económicas del TLC tuvieran los efectos prodigiosos que dicen tener apologistas mediáticos y demagogos políticos, no habría millones de empobrecidos mexicanos jugándose la vida para atravesar el muro y buscar vivir en semiesclavitud (“indocumentados”) antes que morirse de hambre en los desolados campos de un México, en donde los desequilibrios entre el Norte y el Sur amenazan con destruir a la nación entera.
Es por eso, entre otras razones, que el ALCA fue rechazado por los países del Mercosur. Esta ha sido una de las mayores derrotas de Bush en Nuestra América. Brasil y Argentina, por no decir Venezuela, emergen como potencias de mediana dimensión en el ámbito internacional porque rompieron sus vínculos de dependencia con el Norte. Más aún, desde entonces América del Sur muestra una indetenible e inconfundible tendencia hacia la plena independencia respecto de las potencias hegemónicas y neocoloniales que, desde Colón, han sojuzgado a nuestros pueblos mestizos y explotado sin misericordia nuestros recursos naturales. Así lo están demostrando no solo Venezuela, Bolivia y Ecuador, sino también los ya mencionados Brasil y Argentina.
Lo anterior prueba hasta la saciedad para quienes no son fanáticos ideológicamente ni obtusos mentalmente —aunque algunas veces ambas aberraciones éticas e intelectuales se dan en los mismos individuos y grupos— que el contexto internacional actual favorece más a quienes estamos en contra de la firma del TLC que es objeto de discusión en el país, porque no es más que una componenda entre las cúpulas oligárquicas criollas y las transnacionales que destruye a quienes han conformado la nacionalidad costarricense, como son los campesinos y, con ello, golpea gravemente a la Iglesia Católica y enfrenta a los más lúcidos y honestos sectores intelectuales y culturales, como lo demuestra la posición crítica asumida por las Universidades públicas. La patria de Juanito Mora y García Monge está de pie y ya nadie la podrá poner de rodillas.
(La República)

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