Columna PRISMA
NOS ACOSTUMBRADOS A TODO
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
No hay duda que el humano es un ser de costumbres, muchas veces caemos en la rutina por mantener los mismos hábitos, nos encerramos en una caparazón más fuerte y poderosa que la de la tortuga verde. Por estar preocupados por los demás no le dedicamos tiempo a la gente que verdaderamente nos necesita y lo merece. Por justificar todo lo que nos ocurre, y alegar falta de tiempo o dinero, se nos olvida vivir, y después, cuando caemos enfermos vienen las lamentaciones ¿por qué no le brindé más tiempo a mi pareja, a mis hijos, o a los amigos? Pero como dice mamá: “ya pa’qué”.
Pues bien; quienes aún están a tiempo de enrumbar sus vidas por un mejor camino, quizá les interese leer este lindo mensaje que me envié doña Dora, una fiel lectora que seguramente se pondrá muy contenta porque lo adapté para compartirlo con todos ustedes.
Dice así. Nos acostumbramos a vivir en casas o departamentos, y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera, posteriormente nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.
Para ver la luz encendemos mas temprano los bombillos o lámparas, y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud, cambiamos las cosas hermosas de la vida por las excusas baratas y el encierro permanente.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar café corriendo, porque estamos atrasados. A leer DIARIO EXTRA en el autobús, porque no podemos leer tranquilos. A comer un sandwich, porque no podemos almorzar, sin embargo, la falta de tiempo es simple y llanamente una excusa para no disfrutar las cosas buenas que Dios nos dio.
La mayoría de personas siempre están buscando pretextos. Por eso duermen en el bus porque están cansados. Cenan rápido, y tienen pesadillas, olvidando vivir el día, y la vida, y cuando les preguntan ¿cómo están? “Responden bien... o ahí pasándola”, cómo puede estar bien una persona que vive para todos menos para él, a ese ritmo jamás puede ser feliz.
Nos acostumbramos a esperar el día entero y oír en el teléfono: “hoy no puedo ir”, “a ver cuando nos vemos”, “la semana que viene nos juntamos”.
También nos acostumbramos a sonreír a las personas, sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados, cuando precisábamos tanto ser vistos. Si el cine está lleno, nos sentamos en la primera fila, y torcemos un poco el cuello. Si el trabajo está complicado, nos consolamos, pensando en el fin de semana. Y si el fin de semana no hay mucho que hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos sueño atrasado.
En fin... hay personas tan conformistas y aburridas que se acostumbran a ahorrar vida, sin entender que, de a poco, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir. Por qué mejor no entienden que “la vida es un brinco” y que dependerá de nosotros que sea placentera o aburrida.
Somos tan conformistas que no entendemos que “la muerte, está tan segura de su victoria; que nos da toda una vida de ventaja”. Amigos lectores... aprovechemos todo lo lindo que Dios nos construyó, dejemos las excusas a un lado y dediquémonos a disfrutar con nuestros seres queridos, sin peleas absurdas y pasando buenos ratos.
Diario Extra 4 de agosto de 2007.

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