Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
La Universidad de Costa Rica, con su estudiantado, Rectoría y Consejo Universitario, ha enfrentado públicamente al Tribunal Supremo de Elecciones. Han sumado más leña a esta peligrosísima hoguera en que se está quemando poco a poco la institucionalidad de nuestro país. Arde el fuego contra el Gobierno Central, contra la Sala Constitucional, contra el TSE por una parte, y contra diputados, partidos políticos, sindicatos y políticos resucitados, por otra.
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Si bien es cierto el referéndum debería ser una fiesta democrática con muy pocos parangones en nuestra historia y en la historia de decenas de países, estamos ante la amenaza de que no lo manejemos con destreza y el país se divida a partir del 8 de octubre próximo, con consecuencias y heridas incalculables. Estamos en medio de una guerra civil sin armas de fuego. Por lo menos aún.
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El enfrentamiento UCR versus TSE nos da para señalar algo que hace tiempo alguien debió de haber dicho: el Tribunal Supremo de Elecciones se ha excedido en su protagonismo. Contrario a su tradición, ha estado exponiéndose mucho públicamente, discutiendo, regañando.
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Craso error. El TSE debería cumplir su labor pasando, como los buenos árbitros en todos los deportes, lo más inadvertido posible.
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Ninguna tónica más sana para una autoridad. Cada vez que el TSE se asoma a la ventana, hay muchos que buscan ganar notoriedad buscando discusiones con él. Y el TSE ha caído en la trampa, se ha expuesto demasiado y ha compresionado el ambiente político del país. Ingenuamente, quizá, creyó que este referéndum estaba ayuno de partidarismo y que, por tanto, sus constantes irrupciones se verían únicamente como “componedoras”. De ser así, hubo falta de visión. La discusión del TLC se impregnó de mucho más que de partidarismo. Hay lucha ideológica, de poder, económica, de clases y ahora saltan intereses internacionales que mueven a sus títeres aquí, pero que operan muy fuera de nuestras fronteras.
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Ese escenario político es muy complicado. El TSE se ha equivocado. Debe ser solo director y no actor en la obra. Por el bien de todos.
periódico La prensa libre 7 de agosto de 2007.

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