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RESONOCO

25/08/2007 GMT 1

Columna Enfoque

marfuerte @ 01:15

Jorge Vargas Cullel
jovargas@nacion.co.cr.

“No hay de piña” le decían antes a uno para significar que no, que no insistiera. Si la memoria no me falla, la expresión la popularizó, hace más de treinta años, un cómico mexicano de la TV llamado “El Feo Mateo”. Como tantas otras cosas famosas que resultan efímeras, pasado el furor, la expresión cayó en el olvido. Hoy, más que habla popular, es quizá el recuerdo de una época.

Sin embargo, tratándose de la producción de piña, en la Costa Rica del 2007 “sí hay de piña”, y mucha. Entre 1999 y el 2007, el área sembrada de piña pasó de 10 mil a más de 40 mil hectáreas, principalmente en las zonas norte y Caribe. Somos de los principales exportadores mundiales de esa fruta. En nuestras exportaciones cuenta más la piña que el café. Toda una historia de éxito en pocos años... pero ¿a qué costo?

Desde hace tiempo se les viene diciendo a las piñeras que contaminan ríos y pozos para consumo humano. El Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET) de la Universidad Nacional, entre otros, ha realizado múltiples mediciones que señalan la presencia generalizada de residuos tóxicos en aguas superficiales. Los niveles de contaminación son tóxicos tanto para la fauna como para las personas, y son producto de los plaguicidas empleados en la producción de piña.

Algunas piñeras reaccionaron y adoptaron sistemas de gestión ambiental. Sin embargo, muchas estuvieron en plan de que no que no, que los estudios tenían propósitos aviesos. Decían lo del bolero: “Mentira, todo es mentira”. Hace pocas semanas, ante hechos consumados y la verificación del Ministerio de Salud, tuvieron que reconocer que habían metido la pata y que ayudarían a resolver el problema. Bienvenida la rectificación y las medidas correctivas. Sin embargo, me pregunto: si las piñeras sabían que, al menos, podía haber un riesgo, ¿por qué esperaron tanto? ¿Por qué no haberse planteado desde el inicio ser ambientalmente responsables? ¿Y qué garantías hay de que no se vuelva a las andadas dentro de poco?

Ni en la piña ni en ninguna actividad económica, el argumento de que “generamos empleo y exportaciones” da carta blanca para hacerse el loco con las consecuencias ambientales. Menos en un país con un territorio tan pequeño, donde muchos pueblos están cerca de los centros productivos. Tampoco alcanza con gestos propagandísticos acerca del compromiso con el ambiente, mientras, por otro lado, se lo pasan por el forro. En un país donde aspiramos a que nos tomen en serio, las disposiciones ambientales están para ser cumplidas y la vigilancia ambiental es más necesaria que nunca. No debiera “haber de piña” para las piñeras vivillas.

periódico La Nación 23 de agosto de 2007.

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