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RESONOCO

25/08/2007 GMT 1

Compromiso Socialdemócrata.

marfuerte @ 01:11

Ocean Castillo Loría.

Durante el mes pasado, Roberto Castro Chaves, ha escrito un comentario denominado: “La socialdemocracia no ha concluido sus compromisos”, del que vale la pena profundizar y comentar algunas de sus ideas.

El señor Castro expresa que las últimas administraciones del Partido Liberación Nacional (PLN) han mostrado desorientación ideológica y comportamientos erráticos. ¿En qué consiste la alteración de su brújula ideológica?, ¿Cuál es el errático comportamiento?

Desde mediados de la década de los ochentas, se llegó a la convicción de que la intervención del Estado en la economía provocaba serias distorsiones en la dinámica entre consumidores y comerciantes, lo que incitaba una problemática que solo podía ser combatida por medio de un modelo de liberalización económica que corrigiera las ineficiencias Estatales propias del modelo sustentado por el Partido Liberación Nacional (PLN), hasta tal punto se nutrió esta idea, que el ex presidente del Banco Central de Costa Rica, Dr. Eduardo Lizano Fait, llamó a ese planteamiento: “GPP”: Gremialismo – Paternalismo – Populismo.

En esta misma línea, se ha expresado que los tiempos cambian y por lo tanto, hay que cambiar. No podemos olvidar que durante la campaña electoral que llevó a la presidencia al Ing. José María Figueres, se hacía mucha referencia a este tema. Y ni que decir de la llamada “socialdemocracia flexible” en la que se basó la última propuesta político – electoral.

Del mismo modo, Castro expresa que el PLN ha renunciado a construir una sociedad de propietarios y se ha promovido la proletarización. Ciertamente, el descuido del aspecto de la distribución de la riqueza provoca una proletarización de la sociedad. En esta misma lógica debe llamarnos la atención, como cada vez con más insistencia se habla de “competitividad” y menos de “solidaridad” o como se decía en el pasado: “el bienestar del mayor número”.

¿Cómo puede sostenerse que las políticas focalizadas son socialdemócratas?, ¿Cómo puede decirse que es socialdemócrata la confianza ciega en la mano invisible del mercado para la distribución de la riqueza?

El autor que comentamos, expresa que para lograr el desarrollo social deben existir políticas públicas emitidas por el Estado y ejecutadas por sus instituciones con recursos suficientes para lograr sus objetivos.

En primer lugar, vale la pena anotar que, conforme a la teoría moderna de las políticas públicas, no corresponde solo al Estado su formulación, pero lo más importante tiene que ver con que se cuenten con los recursos para su ejecución. Esto refiere a la política tributaria y la eficiencia del Estado. Seamos realistas, a nadie le gusta pagar impuestos y menos para financiar un Estado ineficiente. El gran problema que tenemos que resolver es cómo hacer eficientes los servicios del Estado para bien de sus habitantes.

Es innegable la ineficiencia de nuestro Estado. Basta observar nuestras realidades en campos como la atención en salud para saber que si bien nuestras políticas sociales son imprescindibles, la ineficiencia las carcome y quienes sufren son los usuarios que pagan para recibir servicios decentes.

Tal parece que el panorama del habitante de nuestro país es el estar atrapado entre los intereses del gremialismo, y las de un importante sector empresarial que se niega a una necesaria intervención del Estado para una mejor distribución de la riqueza.

Compartimos con Castro el que la asignación de los recursos en pro de los grupos sociales más vulnerables no va a correr por cuenta del sector privado, esto, en el tanto, su objetivo no es la caridad sino el lucro. Repetimos, lo que tenemos que resolver es que la intervención Estatal sea eficiente y que dichos recursos lleguen a quienes tengan que llegar.
Para el autor que comentamos: “Todos podemos coincidir, en que las administraciones liberacionistas, mayormente las primeras, que pertenecieron al siglo pasado, fueron las que mejor se ubicaron en el contexto de propiciar políticas de ayuda a los menos privilegiados, y propiciar un desarrollo participativo, pero a pesar de ello, la disminución de los índices de pobreza, entre otros, no han llegado a tener la penetración suficiente para concretar los objetivos preestablecidos.”.
La respuesta al porqué las primeras administraciones del PLN se ubicaron mejor en la lucha contra la pobreza, es el que fueron leales al principio de la intervención del Estado en la economía y a la construcción y robustecimiento de la clase media en nuestro país. Cosa contraria (Como bien razona Castro), de lo que se hizo con la ejecución de los PAES, donde el peso del ajuste recayó en nuestra mesocracia.
Dice Castro Cháves: “Es evidente que el PLN en vez de oponerse a esos procesos, los impulsó y resultaron consecuentes con políticos que no tienen el compromiso social, de luchar por los indefensos. De tal manera, que somos socialdemócratas, pero no cumplimos con las obligaciones, expresamente adquiridas, lo que indujo como consecuencia directa, la ruptura con los sectores sociales organizados como el sindicalismo.”.
La gran pregunta es: ¿Cuándo fue que se introdujeron en el PLN sectores sin conciencia social o lo que es lo mismo socialdemócratas de “paquete”?. Quizás, cuando las campañas políticas dejaron de plantear ideas y se dejaron seducir por la “imagen” y la imperiosa necesidad de recursos económicos para posicionarla. Ya no se valía decir lo que se pensaba sino, decir una cosa y hacer otra. Se citaba a Don Pepe Figueres y a Don Daniel Oduber en la plaza pública, pero en el gobierno se operaba conforme a los neoliberales.
Las cosas están claras. El negar la intervención del Estado en la economía y el debilitar la clase media no es socialdemocracia.
El PLN debe ser un instrumento que permita hacer consciencia sobre la importancia de la eficiencia en el accionar del Estado y del mismo modo, promover esa solidaridad por políticas públicas universales que impidan la concentración de la riqueza en pocas manos.

El ex presidente Monge tenía razón cuando expresaba que el PLN no puede ser víctima de ortodoxias ideológicas y de dogmatismos, pero tampoco podemos disfrazar con “eclecticismo” o “flexibilidad” la renuncia a banderas básicas que siempre se han defendido. El pragmatismo no es oportunismo político, renovación no es renunciar a la raíz socialista y democrática.

Ya lo dijo el hoy presidente Arias durante su primer mandato: “Yo no fui elegido para aplicar un modelo económico irrespetuoso de nuestras tradiciones…” y no se puede negar que dentro de los más caro de nuestras tradiciones, se encuentra el respeto a la libertad política y a la dimensión social de nuestra democracia.

Por tal razón, es que el debate de la renovación de la socialdemocracia no puede soslayar la unión entre política económica y política social. Para decirlo en términos actuales: “Sí al libre comercio pero con justicia social”. Para lograr tal fin, el PLN debe propiciar la democracia económica, apoyar la reforma educativa de cara a ocupar mejores empleos, pero también, para crear nuevos propietarios en el marco de la revolución científico – tecnológica, así como (y bien lo ha dicho el secretario general del PLN: René Castro), proteger el ambiente y conservar la naturaleza.

El PLN debe ser un abanderado del tema de la competitividad, pero su compromiso principal debe ser con la solidaridad, que debe concretarse en la expansión y robustecimiento de una gran clase media, ejemplo de la calidad de vida a la que aspiramos todas y todos los costarricenses.

Por supuesto que estas ideas nos deben llevar a reflexionar echando mano de toda creatividad política: ¿Cómo concertar los intereses del importador con los del productor nacional?, ¿Cómo no cejar en la lucha contra la corrupción pública y privada?, ¿Cómo combatir la inseguridad sin coartar la libertad individual?, ¿Cómo no olvidar a los más necesitados en pro del libre mercado?

Los retos son múltiples, y es por esa razón es sano preguntarnos que es ser socialdemócrata hoy. Nos atreveríamos a decir que serlo es estar convencido de que la lucha contra la pobreza no puede correr por cuenta de la mano invisible y artrítica del mercado ni por un Estado totalizante.

Es saber que debe existir un equilibrio entre la producción y la distribución de la riqueza; es luchar por tener mejores empleos y empleadores sin renunciar al anhelo de ser propietarios; es promover una fuerte inversión en capital físico y humano, de manera que quedemos resguardados de algunos efectos nocivos que pueda traer el libre comercio; es no abandonar la profunda reforma educativa que tenga como objetivo un mejor ser humano; es no perder de vista que la lucha contra la inseguridad no puede olvidar el valor de la dignidad humana; es reformar el Estado sin renunciar a su intervención en la economía de cara a distribuir mejor la riqueza; es ir de la apertura al mundo a la integración con éste.

En resumen, ser socialdemócrata hoy, es defender la vida y promover la vida, es como lo diría Don Pepe, luchar por: “Proveer los medios para que a medida que avanza el tiempo, más y más ciudadanos nuestros, libres de la miseria, puedan modelar mejor su personalidad”.

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