Columna PRISMA
EL CÍRCULO DEL AMOR
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
“Haz el bien sin mirar a quien”. Todos podemos ayudar a nuestros semejantes, por supuesto que algunos más que otros, lo importante es entender que en la vida siempre habrá personas que están peor que nosotros, y seguramente agradecerán aunque sea un cafecito caliente. Con el fin de abrirles el corazón hoy compartiré con ustedes un hermoso mensaje que seguramente cambiará su vida positivamente.
Renato casi no vio a la señora en el auto detenido al costado de la carretera. Llovía fuerte y era de noche. Pero se dio cuenta que ella necesitaba ayuda, paró su “cacharrito” y se acercó. El “chuzo” de aquella desconocida olía a tinta, de tan nuevo. La señora pensó que podría ser un asaltante. Él no inspiraba confianza, parecía pobre y hambriento, Renato percibió que ella tenía mucho miedo y le dijo: “Estoy aquí para ayudarla, no se preocupe. ¿Por qué no espera dentro del carro que está más calientito? A propósito, mi nombre es Renato”... Bueno, lo que pasaba es que tenía una llanta estallada y para colmo era una señora de edad avanzada, algo bastante incómodo. Renato se agachó, colocó la gata mecánica y levantó el auto. Rápidamente cambió la llanta. Pero quedó un poco sucio y con una herida en una de las manos.
Cuando apretaba las tuercas de la rueda ella abrió la ventana y comenzó a conversar con él. Le contó que no era del lugar, que solo estaba de paso por allí y que no sabía como agradecer por la valiosa ayuda. Renato apenas sonrió mientras se levantaba. Ella preguntó cuanto le debía. Ya había imaginado todas las cosas terribles que podrían haber pasado si Renato no hubiese parado para socorrerla, pero Renato no pensaba en dinero, le gustaba ayudar a las personas. Y respondió: “Si realmente quisiera pagarme, la próxima vez que encuentre a alguien que ocupe ayuda, déle auxilio y acuérdese de mí”...
Kilómetros después la señora se detuvo en un pequeño restaurante, la mesera vino hasta ella y le trajo una toalla limpia para secarse su cabello mojado y le dirigió una dulce sonrisa. La señora notó que la camarera estaba con casi ocho meses de embarazo, pero la misma no dejó que la tensión y los dolores le cambiaran su actitud, quedó asombrada al ver como alguien teniendo tan poco, podía tratar tan bien a un extraño. Entonces se acordó de Renato. Después que terminó su comida, y mientras la salonera buscaba el vuelto, la señora se retiró. Cuando la camarera volvió quiso saber donde pudo haber ido la señora, notó algo escrito en la servilleta, sobre la cual tenía 10 billetes de $100. Le cayeron las lágrimas de sus ojos cuando leyó lo que la señora escribió. Decía: “No me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudó hoy y de la misma forma le estoy ayudando. Si realmente quisiera reembolsarme este dinero, no dejes que este círculo de amor termine contigo, ayuda a alguien”.
Amigo lector... recuerde que la vida es un espejo... todo lo que das, vuelve. Agradézcale a Dios por lo bueno, lo regular y lo malo, y verás que todo estará bien.
Diario Extra 25 de agosto de 2007.

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