Poner fin a la tragedia de Darfur
Václav Havel, Prince Hassan Bin Talal, André Glucksmann, Vartan Gregorian, Mike Moore, Michael Novak, Mary Robinson, Yohei Sasakawa, Karel Schwarzenberg, George Soros, Desmond Mpilo Tutu, Richard von Weizsäcker. Copyright: Project Syndicate, 2007. www.project-syndicate.orgTraducido del inglés por David Meléndez Tormen
Las extremas condiciones de vida que sigue habiendo en Darfur están causando un inmenso sufrimiento a su pueblo. Ambos lados del conflicto –el Gobierno de Sudán y sus fuerzas aliadas, así como los grupos de oposición en Darfur– deben comprender que es imperativo que los civiles dejen de ser víctimas de sus disputas políticas.
La anuencia del Gobierno de Sudán al despliegue de la misión híbrida de las Naciones Unidas y la Unión Africana, que tiene por objetivo mantener la paz en la región, es por supuesto un acontecimiento bienvenido. Sin embargo, su mandato debe ser lo suficientemente sólido como para permitir la completa protección de la población civil. Más aún, esa fuerza debe tener suficiente dotación de hombres, capacidad y financiamiento como para poner este vital objetivo en la práctica de manera eficaz. Los países e instituciones que han comprometido fondos adicionales para ayudar a asegurar el éxito de esta misión –en particular Francia, España y la Comisión Europea– deben ser aplaudidos.
Es importante que los actores internacionales den seguridades al gobierno de Sudán de que la misión de la ONU/UA no buscará un cambio de régimen en el país ni excederá su mandato de mantener la paz. Al mismo tiempo, el Gobierno sudanés debe estar plenamente cierto de que solo adhiriéndose a sus compromisos pasados y cooperando para ayudar a preparar, desplegar y mantener esta misión, la comunidad internacional se sentirá inclinada a continuar apoyándolo.
En cuanto a la oposición de Darfur, las iniciativas recientes de algunos de sus líderes para superar la fragmentación y reunificar el movimiento son una noticia positiva. Es esencial que todos los principales grupos de oposición lleguen a un acuerdo acerca de sus intenciones y posiciones de negociación. Solo entonces podrán actuar como interlocutores fiables de la comunidad internacional y el Gobierno sudanés. Todas las partes en conflicto deben darse cuenta de que, en último término, no hay manera de poner fin a su disputa de un modo que no sea un acuerdo de paz equitativo y sustentable apoyado por todas las partes. El retorno de los desplazados internos y el que reciban un cuidado adecuado deben ser otro componente fundamental de un acuerdo de este tipo.
Mayor asistencia. Las personas responsables de todo el mundo, en particular los políticos y periodistas, deben mantener el foco de atención en Darfur, ya que los sufrimientos y daños que viven a diario millones de víctimas y refugiados siguen siendo tan terribles como antes, independientemente de que algunos perciban que existe una especie de fatiga por el largo conflicto. Ahora que hay signos de una posible estabilización en los próximos meses es el momento de comenzar a prepararse para mayores volúmenes de ayuda internacional para la reconstrucción y el desarrollo, además de la ayuda humanitaria.
En particular, los países económicamente avanzados deben ponerse a la altura de su responsabilidad global y ayudar a que Darfur avance hacia la renovación y la prosperidad. Esta mayor asistencia debería ser el resultado de una ampliación o redefinición de las prioridades de los programas nacionales de cooperación para el desarrollo. Además, deberían explorarse cuidadosamente los convenios internacionales que apuntan a un uso efectivo de las sinergias.
Al facilitar las complejas relaciones entre la comunidad internacional y los actores locales de Darfur, en la actualidad la ONU juega un papel indispensable que debe recibir un apoyo activo. En particular, China debería usar su considerable influencia en Sudán para hacer que quienes toman decisiones en el país lleguen a un arreglo definitivo del conflicto.
Más aún, puesto que Darfur es un caso emblemático de las dificultades más generales que vive el planeta, la comunidad internacional debe mirar más allá de las circunstancias inmediatas del conflicto e intensificar las iniciativas para enfrentar los retos y amenazas que han jugado un papel en el desastre, como el cambio climático y la degradación del medio ambiente. De hecho, la acelerada expansión de los desiertos probablemente causará una disminución del rendimiento de las cosechas en las áreas circundantes, un agudo deterioro de la disponibilidad de agua y, posiblemente, más conflictos y desplazamientos de grupos humanos.
En otros lugares del mundo existen condiciones similares o pueden comenzar a darse. Por ello, es necesario reconocer la naturaleza global de este problema y enfrentarlo en las áreas donde la degradación del ambiente ya está causando un peligroso deterioro de la calidad de vida de las personas. En las zonas donde este daño ya se cierne como una amenaza es fundamental llevar a cabo iniciativas tempranas de prevención.
periódico La Nación 26 de agosto de 2007.

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