Columna Enfoque
Jorge Vargas Cullel
Las 50 toneladas de cocaína capturadas en nuestros mares, en poco más de un año, ¿son un indicador de qué? La respuesta optimista diría que 50 toneladas decomisadas reflejan un duro varapalo al narco, gracias a una mejor inteligencia policial y a un patrullaje más eficiente. Se les hizo perder millones de dólares y se evitó el consumo al equivalente en peso a 7 elefantes africanos. Hagan números del golpe dado: en junio del 2007, un gramo de cocaína pura se vendía en las calles de EE. UU. en cerca de ¢55.000.
La respuesta pesimista diría que las 50 toneladas son la punta del iceberg. Si lo capturado es de esa magnitud, la cantidad de droga no detectada que pasa por nuestro país hacia los Estados Unidos debe ser fabulosa. Y lo es: cada año se producen cerca de 1.000 toneladas métricas de cocaína en Suramérica. Según la ONU, pese a la mejora en la interdicción (se intercepta aproximadamente el 42% del total), la mayoría llega a su destino.
Fecilitaciones al Ministerio de Seguridad por los golpes dados al narco; hay poca duda de que su labor ha mejorado mucho. Sin embargo, en mi balanza personal resulta más convincente el argumento pesimista. Las 50 toneladas capturadas no alteran un dato fundamental: Costa Rica está muy implicada en la geopolítica del narco. El principal mercado de consumo de cocaína y de otras drogas sigue allí (los EE. UU.) y los principales exportadores siguen en Suramérica.
La producción y comercialización de drogas ha mostrado tener una gran resistencia a los golpes. Los carteles colombianos de la droga, comandados por Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela, son hoy historia. Su derrota, sin embargo, no significó el fin del narcotráfico. Surgieron nuevas mafias mejicanas y colombianas. Cayeron unos, pero aparecieron otros.
Centroamérica (Costa Rica va en la colada) es ruta privilegiada del tránsito de drogas. En algunos países, el narco ha penetrado tanto a los aparatos de seguridad como a los sistemas políticos, y tiene control operativo sobre extensos territorios. En México hay una batalla campal entre el Estado y las mafias por el dominio del noroeste del país. Nosotros tenemos un serio problema en el litoral Caribe y el consumo local de drogas está en aumento. En este tinglado, y para terminarla de armar, Estados Unidos presiona por soluciones militares, al estilo Plan Colombia, y empuja el retorno de los ejércitos centroamericanos a la política pública.
El narcotráfico es un tema del que se delibera poco en nuestro país. Sin embargo, enfrentarlo es un reto estratégico para la democracia costarricense.
periódico La Nación 30 de agosto de 2007.

Meneame
del.icio.us