Columna Desde mi espejo
Revolución culinaria
Haydée de Lev, actriz
redaccion@aldia.co.cr
Quiero compartir con usted lo que me contó una amiga limonense, Chepita Pérez. Los Pérez son siete: Javier, Chepita, Javier Junior, Kelvin, Sonnerly, Maverick y Anyeri María.
Chepita se levantó a las 5 a.m. para arreglar la posta de cerdo de los domingos para su marido, sus suegros y sus dos cuñados solteros; sirvió el desayuno y fue a despertar a Javier que roncaba luego de una noche “solo para hombres”.
Llegan sus suegros y sus cuñados. Javier saluda y su madre lo bendice, diciendo, como cada domingo: “Tiene una palidez este muchacho; parece anémico. Hijito, no debe trabajar tanto, se está mal matando. Y ¿quién se lo agradece?”.
Javier abraza a su bienintencionada madre, con un “oh, mi viejita linda” y se van los hombres al estadio.
Chepita, sintiendo punzadas en el hígado, sirve la mesa, prepara la ensalada, fríe los plátanos, condimenta los chayotes y, de pronto, como en un abrupto despertar, se da cuenta de que ella es la empleada doméstica de su familia … pero sin percibir salario.
Entonces toma una cartulina y escribe con un marcador: “Esta cocina se cierra por enfermedad. ¡Estoy enferma de cocinar!” y la pega en la puerta de la cocina. Echa en su bolso lo indispensable, sale y llega a la parada de autobuses de Limón, sube al que está por salir y al sentarse, no puede contenerse y suelta una sabrosa carcajada.
periódico Al Día 1 de setiembre de 2007.

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