Columna CON LA GENTE
LA AURORA DE LA IGUALDAD
Dr. Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República
El pasado 31 de agosto conmemoramos el Día del Negro y la Cultura Afrocostarricense, una celebración que constituye un paso más en la marcha histórica que la población negra da hacia la aurora de un día de verdadera igualdad.
Esa marcha que iniciaron pies cansados y llenos de cadenas, amarrados al grillete de una esclavitud vergonzosa. Esa marcha que continuaron las hordas de trabajadores que salían de las plantaciones de todas partes del mundo, tarareando un solo himno de libertad. Esa marcha en que desfiló Marcus Garvey, Martin Luther King Jr., Rosa Parks, Nelson Mandela, Desmond Tutu, y miles de héroes anónimos en todos los espacios y en todos los tiempos. Esa marcha que tomó la forma de discursos y de consignas, de canciones y de panfletos, de sublevaciones y de protestas, y también la forma de una bandera roja, verde y negra sobre un barco en cuya proa se leían las palabras “Black Star Line”.
Hoy, a ciento veinte años del nacimiento de Garvey, esa marcha ha seguido la estrella negra por parajes difíciles y escabrosos, y ha dejado muy atrás los días en que el Liberty Hall era el único refugio en la tormenta, no sólo para los barcos del Black Star Line, sino también para quienes luchaban por los derechos de la población negra, a lo largo de todo nuestro continente.
Sin embargo, todavía no hemos alcanzado el horizonte en donde la marcha pueda, al fin, detenerse. Aunque ya vislumbramos sus colores, todavía no hemos visto el amanecer de ese día que soñó Martin Luther King Jr., en donde sus hijos serían juzgados no por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter.
Para alcanzar esa aurora es urgente que empecemos a reconocernos como una nación cuya partitura histórica ha sido y sigue siendo compuesta en la clave polifónica de sus múltiples voces: indígenas, españoles, italianos, negros, libaneses, alemanes, polacos, nicaragüenses, colombianos, y la mezcla de todos ellos, atraídos y amarrados a esta tierra bendita porque hemos sido felices en ella, o soñamos con serlo.
Estoy convencido que la mejor forma de eliminar por completo el racismo en Costa Rica, es eliminar por completo toda forma de discriminación en nuestra tierra. No podemos enseñar a nuestros niños que está mal discriminar a un compañerito negro en sus escuelas, y al mismo tiempo permitirles que irrespeten a los adultos mayores. No podemos enseñar a nuestros jóvenes a defender a toda costa los derechos de las personas con discapacidad, y al mismo tiempo atestiguar en ellos una creciente propensión a la xenofobia. No podemos fomentar en nuestra sociedad un sentido de igualdad de género, y al mismo tiempo alimentar la indiferencia frente a los indigentes y las personas en condición de pobreza. La discriminación es un monstruo de mil caras y no podemos abrazar ni una sola de ellas.
Un hermoso himno gospel que cantaba Louis Armstrong decía: “Lord I want to be in that number when the saints go marchin in” (“Señor, quiero estar en ese número cuando los santos entren marchando”), haciendo alusión al Reino de los Cielos. Yo quisiera pedirle a Dios algo un poco más sencillo: quiero estar en ese número cuando los seres humanos marchen hacia la aurora de la igualdad, quiero ser de los que ven surgir el sol que renace para todos los hombres y mujeres de la humanidad, sin conocer otro color que el de la esperanza.
Diario Extra 3 de setiembre de 2007.

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