¿LE CUESTA PERDONAR?
Juan Luis Mendoza
Sucede esto: el que se da por ofendido o es ofendido, el que se resiente, el que odia tiende como un puente entre él y el que es objeto de sus resentimientos y odios. Ese puente está hecho de resistencias mentales y emocionales que ponen al sujeto que las padece dentro de un círculo de fuego verdaderamente infernal, lo que ocasiona gran sufrimiento. ¿Qué hacer? Perdonar.
Perdonar que es, con palabras del P. Ignacio Larrañaga, “quebrar esos vínculos y desligarse, extinguir esos sentimientos como quien apaga una llama”. Y hay que hacerlo cuanto antes porque el que almacena en su corazón resentimientos, odios, deseo de venganza es como quien ingiere veneno: se autodestruye mientras sufre insensatamente.
Hay que perdonar. Ahora bien y como lo observa Bernabé Tierno Jiménez, “hacernos daño, herirnos, ofendernos, suele ser cosa de poco tiempo, unos minutos, a veces unos segundos...; pero “curar” tales “heridas” con la única medicina eficaz que es el perdón, es un proceso bastante más largo hasta para las personas más sanas y maduras psicológicamente”.
Se habla de dos clases de perdón: el intencional o de voluntad y el emocional; el primero es relativamente fácil de darse en mucha gente basándose en principios religiosos y morales; el segundo cuesta, pues equivale a ese proceso de ir curando poco a poco la herida que el supuesto ofensor y su ofensa han dejado en el alma...
¿Cómo proceder? Limitándome a nivel meramente psicológico, he aquí algunos pasos a seguir, amén de ejecicios prácticos a los que me referiré en un próximo escrito: experimentar los efectos de una ofensa, sin quedarnos en ellos, dejar que el tiempo pase; mirar al ofensor y la ofensa con ojos de comprensión y humildad, avanzar en esta actitud hasta que madure el perdón. En un próximo escrito, Dios mediante, me refiero a ello.
Dairio Extra 8 de agosto de 2007

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