De tránsfugas y novatadas políticas
Claudio Alpízar Otoya *
calpizar@encocostarica.com
La semana pasada estuvo surtida de acontecimientos políticos de alto impacto, por un lado una diputada tránsfuga de su fracción legislativa, que a tan solo quince meses decidió abandonar a su partido, ese mismo del cual enarboló su bandera y principios libertarios en busca de los votos que la llevarían a la curul legislativa, en la posición ventajosa de haber sido la primera nominada de la lista. Desde el inició de funciones fue evidente que no se acoplaba con sus compañeros, que siempre estuvieron incómodos con su protagonismo mediático.
Por otra parte dos figuras de la nueva vanguardia del Partido Liberación Nacional, con gran preparación académica y proyección, quedaron desnudos por la falta de experiencia y madurez política, probaron la diferencia de estar en las aulas –dictando teoría- con el lidiar con la política y la presión que esta genera –la realidad- pues luego de un acalorado debate sobre el TLC, el “miedo”, ese mismo que hoy reclaman como instrumento de lucha, se apoderó de ellos ante la presencia de una mayoría opositora en la actividad, que les reclamaba airadamente por sus posiciones. El miedo que sintieron en carne propia los asustó tanto que les pareció que esa arma utilizada por sus opositores era la mejor, y por tanto, la que debía utilizar el Gobierno para promover el Sí por el TLC.
Ahora bien, lo que en ambos casos quedó mas que evidente es la falta de comunicación política que priva en nuestros políticos, así como el desconocimiento de lo que es el marketing político, por cuanto es indispensable interpretar y entender las diferencias coyunturales como algo normal de la política, como elemento importante para la conformación del equilibrio sociopolítico que requiere una organización o una nación, para así luego tener los fundamentos que puedan definir una estrategia de promoción de las ideas y las políticas públicas.
En el caso de la diputada Evita Arguedas, las dificultades de comunicación política con sus compañeros siempre estuvieron presentes, no supo orientar con liderazgo la fracción cuando le tocó ser la directora de orquesta, el diputado Quirós Lara siempre se le rebeló, inclusive al final triunfó con sus tesis en la fracción. Por su parte Otto Guevara tampoco pudo imponerse como el líder del partido para evitar una fuga que se divisaba desde hace bastantes meses. Fue el ex diputado Federico Malavassi el único que tuvo clara la situación, obligándose a asumir un papel protagónico, el cual maneja muy bien, al punto que le tocó hacer el cierre del acontecimiento y ponerle la lápida al caso. Mientras tanto la diputada Arguedas a golpes ha tenido que ir aprendiendo que en política el hecho de ser mujer no es garantía para que se le trate con guante blanco, pues es una lucha de ideas, además la galantería no es el estilo predilecto de los políticos cuando de defender posiciones se trata, cosa comprendida muy bien por mujeres como Margaret Tatchert, o en la actualidad Hillary Clinton o Michelle Bachelet. Además el marketing político va más allá de la exposición mediática de imagen, pues exige una comunicación política más fluida, directa y sucinta, desligada de intereses particulares y posiciones meramente coyunturales. El marketing político exige posiciones sustentadas en un trabajo a mediano y largo plazo.
La indisciplina de partido hace inverosímil que puedan prosperar los instrumentos de exigencias de responsabilidad, pero mientras nuestros partidos políticos continúen siendo agrupaciones electoreras, más que instituciones políticas, seguirán padeciendo del los efectos del transfuguismo político y de la falta de compromiso con los mismos.
Por su parte los “delfines” del PLN, el diputado Fernando Sánchez y el vicepresidente Kevin Casas, asustados, se sentaron a desarrollar una estrategia de marketing político basada en el miedo y en la torcedura de brazos, se metieron en un tema que desconocen, y comprometieron con su documento al Presidente de la República -craso error- con una serie de recomendaciones e interpretaciones políticamente desproporcionadas. Ya en campaña política don Kevin había demostrado imprudencias en sus discursos en las plazas públicas, que también fueron objeto de crítica en su momento.
Su documento elimina cualquier posibilidad de comunicación política entre los actores sociales, y más bien acentúan posiciones extremas que llevan a errores políticos que solo el tiempo pondrá en su verdadera dimensión. Sus recomendaciones para “mercadear” el TLC están cargadas de frustraciones, y una mezcla de ira y miedo a la vez, denotando no solo imprudencia política, falta de tacto, sino de experiencia en estas lides. Inclusive el diputado Sánchez mostró una faceta totalmente diferente a la buena que había expuesto días pasados en el programa de Andrés Oppenheimer.
Su nota no solamente fortalece a los opositores al TLC, sino que debilita a la coalición política del SI, pues califican a los aliados del Gobierno como chantajistas, pero a la vez es lo mismo que ellos proponen aplicar a los alcaldes para obligarles a promover el tratado. Temen a la ingobernabilidad pero la mayoría de sus “recomendaciones” nos llevan a esa dirección, pues en una verdadera democracia el asunto no es cuestión de definir quién manda, sino quién gobierna y convence.
En marketing político no son válidas este tipo de extrapolaciones que se hacen desde una óptica puramente visual, puesto que en política inciden en las previsiones una serie de circunstancias aleatorias e imprevistas que se deben analizar. El marketing político, es promoción de ideas, y por lo tanto no son técnicas manipuladoras de la mente de los dirigentes y los electores. Lo que priva es una manera subliminal de conducir a una decisión, y es el incremento de la transparencia en el mercado electoral lo que al final será premiado.
* Politólogo
periódico La Prensa Libre 11 de setiembre de 2007

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