El Presidente debe actuar
Evidente cálculo maquiavélico y una precisa doctrina política
Ottón Solís
Economista
Con el argumento de la intimidad, que en este caso más bien parece secretismo, el vicepresidente de la República Casas y el diputado Fernando Sánchez defienden (La Nación , 10/9/07 ) el vergonzoso memorando, en el que confabulan para burlar la institucionalidad del país, extorsionar al liderazgo municipal, atemorizar al ciudadano, crear odio contra los que opinamos diferente, descalificar como chantajistas a algunos de los que opinan igual que ellos y para instrumentalizar las organizaciones sociales, con motivo del próximo referéndum.
No hay tal violación a la intimidad, ya que el documento en cuestión no es privado, sino un oficio público. En efecto, fue elaborado por dos funcionarios públicos –un vicepresidente y un diputado–, utilizando tiempo y recursos públicos, dirigido a otros dos servidores públicos –el presidente de la República y el ministro de la Presidencia– y está referido a un asunto de rotundo interés público –la votación del TLC en el próximo referéndum–. Es decir, se trata de un documento público a la cuarta potencia.
Cálculo preciso. El plan descrito en ese memorando se ha estado ejecutando al pie de la letra. Ese es el problema. Buscar disculpas afirmando que hoy no lo escribirían revela que les preocupa no sus propuestas, sino el que se hayan hecho públicas. Tampoco es de recibo la justificación de que el memorando fue escrito estando exaltados, excepto que se acepte que detrás de disfraces académicos existe un serio problema hepático. Se trata de seis páginas bien redactadas y estructuradas, donde se evidencia, no el descontrol de un momento de mal humor, sino cálculo maquiavélico y una precisa doctrina política.
Pero lo más alarmante de este episodio es que, en lugar de lanzar una rama de olivo para preservar la paz, el presidente Óscar Arias ha adulado esa destructiva doctrina, al afirmar que Casas y Sánchez son representantes “de una nueva generación, con gran futuro político” (La Nación , 7/9/07).
¿O debemos alarmarnos? ¿Tenemos que mirar fuera para encontrar el maquiavelismo clientelar y populista que intenta convertir a los países en hacienda particular de los gobernantes? ¿Tenemos que visitar el populismo petrolero sudamericano para encontrar gobernantes que tuercen brazos, califican de traidores a los altos jueces si estos no deciden de acuerdo a sus intereses, buscan la tiranía en democracia, compran votos con fondos públicos y partidas específicas, intentan humillar a sus opositores comparándolos con seres vivos que consideran inferiores o que se aprovechan de la pobreza y de las aspiraciones de la gente para condicionar ayudas a votos en elecciones referendos o plebiscitos? ¿Tenemos que salir de Costa Rica para descubrir el nivel de cálculo y la espeluznante frialdad con que se construyen estratagemas delictivas para burlar los controles de las autoridades electorales, para violentar la autonomía municipal y para irrespetar a otras autoridades electas por el pueblo? ¿Tenemos que visitar otros países para encontrar líderes que hablan, predican y hasta sermonean a otros países sobre la urgencia de la paz y sobre las virtudes del diálogo, al tiempo que consideran que la cizaña y el miedo son herramientas válidas para gobernar en su propio país?
Sin ir más lejos. ¿No es aquí donde encontramos personajes que con su irrespeto a la institucionalidad, sus corruptas estratagemas y su violencia verbal, nos han querido llevar a una situación polarizada y sin retorno? ¿No es aquí mismo donde un grupo de políticos ha convertido en sus protectores y voceros diarios a personas que atribuyen las más soeces intenciones a quienes piensen diferente a ellos, únicamente porque piensan diferente a ellos?
Ante el memorando antidemocrático, antiinstitucionalidad y antiética, algunos sectores han querido pasar la página. Pero nadie podrá derrotar la verdad: las cosas han llegado a un límite. Por el bien del país, no se puede y no se debe pasar la página. Para detener el rumbo, recuperar en algo la confianza y para reencontrar la convivencia, es necesario que el Presidente exprese, con hechos, repudio contra quienes pareciera, de acuerdo con la propia reacción del Presidente, simplemente han servido de voceros.
Si el Presidente no es contundente contra estos dos políticos, los cuales él personalmente nombró, y que ahora son autores de un memorando que promueve una guerra sucia contra la institucionalidad y contra quienes no pensamos como el gobierno, se ratificaría lo que hemos experimentado reiteradamente: que todo lo escrito describe la cultura política del régimen.
periódico LA NAción 15 setiembre 2007.

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