Columna PRISMA
PAREJAS DISPAREJAS Y FELICIDAD
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
El tema de las parejas es tan difícil de tratar que seguramente más de uno cuando habla del asunto termina más enredado que “mosca en telaraña”, y es que verdaderamente la pareja mas bien es dispareja. Veamos... somos personas distintas, las conocemos en nuestra edad adulta y tenemos que aprender a compartir con ellas o ellos y formar una familia ¿complicado verdad?, mi madre decía que el tema del amor y las parejas es “como una lotería”, algunos pegan el mayor y otros ni terminación”, yo le agregaría que si tenemos rencillas con nuestros hermanos, papás, y otros familiares que tienen nuestra misma sangre, y que conocemos desde que nacimos, ¿cómo queremos que no existan problemas con un “extraño” que llegó a nuestras vidas de adulto, y que antes de unirnos para siempre apenas compartimos algún tiempo?
Por eso es que debemos entender a nuestra pareja, tener paciencia, y luchar para que la relación mejore todos los días... en eso consiste el juramente ante Dios “amarla y respetarla hasta que la muerte los separe...”
Precisamente para ayudarles a mantener una convivencia familiar más placentera y entregada a Dios, hoy compartiré con ustedes un lindo mensaje que me envió por correo Mirta Padadino y que dice así: En cierta ocasión durante un seminario para matrimonios le preguntaron a la esposa: “¿La hace feliz su esposo?”, ¿verdaderamente la hace feliz? En ese momento el esposo alzó ligeramente el cuello en señal de seguridad, sabía que su esposa diría que sí, pues ella jamás se había quejado durante su matrimonio.
Sin embargo, la esposa respondió con un rotundo no..., no me hace feliz” -en ese momento el esposo buscaba la puerta de salida más cercana, sentía que se lo tragaba la tierra-. No me “hace” feliz... Yo “soy feliz”. El que yo sea feliz o no, no depende de él, si no de mí, continuó diciendo, “yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida”, pues si mi felicidad dependiera de alguna persona, cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra yo estaría en serios problemas.
Todo lo que existe en esta vida cambia continuamente: el ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, mi jefe, los placeres, etc. y así podría decir una lista interminable. Sin embargo, a través de toda mi vida he aprendido algo; el único que no cambia es Dios. Es por eso que mi pensamiento cada día gira en este único sentido: Dios me ama y como buen Padre, Él siempre quiere lo mejor para mí; yo decido ser feliz. Lo demás lo llamo
“experiencias”, olvido las pasajeras y vivo las que son eternas: amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar, consolar, recuerdo vivir en forma eterna.
Quizá es por eso que cuando alguien me hace preguntas como estas: ¿Es feliz en su matrimonio? o ¿Es feliz?, me gusta responder con una sola frase, como si esta fuera la clave de la felicidad, me gusta responder aquella trillada y vieja frase que aún no hemos logrado comprender: “La felicidad se centra en Dios”.
Hay gente que dice: “Hoy no puedo ser feliz porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó , porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró... Sea feliz aunque esté enfermo, aunque haga calor, aunque no tenga dinero, aunque alguien lo insulte, aunque alguien no lo valore.
Sólo pídale a Dios que le dé serenidad para aceptar lo que no puede cambiar, valor para cambiar lo que sí puede, y sabiduría para distinguir que puede y que no puede. Entendieron por qué la pareja no hace feliz a nadie... porque la felicidad está dentro de nosotros mismos.
Diario Extra 22 setiembre 2007.

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