Columna Enfoque
Jorge Vargas Cullel
A pocos días del referéndum, la información disponible sugiere que el 8 de octubre, aunque amanezcamos con un TLC más o un TLC menos, estaremos en una situación política inconclusiva.
En primer lugar, pareciera que el resultado del referéndum será apretado: quien gane ganará por poco. Sé que todavía hay tiempo para un error político que provoque un cambio súbito en segmentos importantes de la ciudadanía. Al fin y al cabo, el electorado no pareciera estar sólidamente arropado detrás del SÍ y del NO, y en estas condiciones ganar o perder diez puntos por una torta es posible.
Errores ha habido a granel en esta campaña. El más reciente y costoso de todos es el famoso memo en el bando del SÍ. Por ello, no tengo la menor duda de que, en los pocos días que quedan, ambas partes tratarán de producir hechos sensacionales con el fin de que las personas concurran a las urnas bajo la impronta de un último golpe de efecto.
Este supremo hecho impactante puede que sea real, como el memo, pero incluso pudiera ser hasta fabricado. A como están las cosas, hace rato que las reglas del marqués de Coubertin se fueron por el tubo.
Pero, volviendo a lo de la situación política inconclusiva, si el que gana gana por poco (digamos que menos de diez puntos porcentuales), entonces no tendrá mandato político para algo más allá del TLC. Este es mi segundo punto.
Cierto que, si el NO gana, noquea de un solo golpe al Gobierno, que se convertiría en una reedición sonambulesca, corregida y aumentada, del gobierno post-Combo de Rodríguez. Si el SÍ gana, están más que anunciados la durísima batalla por la agenda de implementación y los cuestionamientos a la limpieza del proceso.
En cualquiera de estos desenlaces, ¿qué incentivos tienen los perdedores para cooperar con el triunfador en otras iniciativas si todo se jugó a una ronda de dados?
Alguien dirá: “Vargas, aprobar o rechazar el TLC no es poca cosa”. Concedo el punto: tener, o no, el TLC inaugura situaciones muy distintas. Sin embargo, no es a eso a lo que me refiero con lo de una situación política inconclusiva; es que quien gane tendrá una victoria pírrica, táctica pero no estratégica. Y esto es especialmente cierto para el SÍ. Pasado el referéndum, al presidente Arias le quedan unos largos, pero muy largos y tortuosos, treinta y un meses de gobierno... eso si gana. Pero un triunfo del NO tampoco es muy “ji-ji” para estos sectores: en este bando hay acuerdo para frenar al TLC, pero una cosa muy distinta es llevar la iniciativa política. Entre otras vainas, en el NO la cuestión del liderazgo no está definida y la batalla será durísima.
Periódico La Nación 27 setiembre 2007.

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