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RESONOCO

29/09/2007 GMT 1

¡Nos ladran, Sancho...!

marfuerte @ 19:12

Rodrigo Madrigal Montealegre
Como una confirmación a nuestra alerta por el clima de intolerancia, insultos y mordazas que amenaza con arrastrar a este país a una grave confrontación y hasta a una guerra civil, se publicó en La Nación un libelo visceral de un energúmeno que nos agredió con tal dosis de odio, veneno y amargura, que me pregunté: “¿Qué favor le habré hecho a este cascarrabias?”.

Intenté comunicarme con quien se atribuye el título de economista y el apellido Alcántara, para averiguar qué alacrán lo había picado y reconocerle, al menos, su prodigioso talento en el vil y despreciable oficio de adulterar, tergiversar, falsificar, mutilar, distorsionar, amputar, torturar y manipular un documento ajeno, para reproducir su versión deformada en una forma tan inescrupulosa, abusiva y temeraria que delata un grado peligroso de perturbación mental.

Pero, como no aparece en el directorio telefónico, ni lo conocen mis amigos economistas, no cabe duda de que utiliza ese patronímico como un seudónimo para ocultar su identidad e irrespetar a don Ottón Solís, a don Jorge Guardia, a don Alberto Cañas, al Semanario Universidad y a este fraile. Como en lugar de tinta destila aguas negras y ponzoñosas, respetuosamente me permito sugerirle a esa alma de cántaro modificar su seudónimo de Alcántara por el de Alcantarilla.

Nuestra preocupación de que ese clima de insultos, agravios, injurias, pasiones sucias y golpes bajos degenere en funestas consecuencias queda confirmado por el repudio unánime
—salvo nuestro detractor— al memorando de los señores Casas y Sánchez, aunque ellos mismos admiten acertadamente que “la campaña sobre el TLC se está convirtiendo en una lucha entre ricos y pobres, y entre pueblo y gobierno”.

Ese memorando tiene, además, el mérito de reconocer que “la coalición que tenemos en contra es formidable: universidades, iglesia, sindicatos, grupos ambientalistas, etc. Y del otro lado, a favor del TLC solo están el gobierno y, a medias, los grandes empresarios (...) Nuestros colegas, nadie le cree una palabra al gobierno ni a los políticos y por eso sería una locura delegarles la función de defender el Tratado”.

Aunque mi detractor, obsesionado por su catarsis, me queme vivo en la hoguera de su inquisición, no es mi culpa si no ha constatado aún que en un vasto archipiélago de fuerzas sociales en todo el país se ha estado gestando un gran movimiento que —asqueado por la
corrupción obscena, degradante y nauseabunda, engendrada por quienes han lucrado, saqueado y vendido hasta lo más sagrado— está dispuesto a extirpar, con una gran mística de civismo, esa gangrena que carcome las entrañas de nuestra democracia.

Aunque el iracundo verdugo me aplique todo lo que aprendió en el manual de torturas de Torquemada, no logrará impedir que ese enorme contingente de nobles ciudadanos identifique el TLC como una pieza más de ese grave proceso, ya que en su inicio causó un gran optimismo, pero las graves denuncias formuladas continuamente por expertos y compartidas por una multitud de colegios profesionales, los obispos, honestos ex mandatarios, grandes intelectuales y los consejos universitarios más importantes, provocan la certeza de que es demasiado asimétrico, lesivo, humillante, injusto e inmerecido.

Por eso somos legiones los que creemos imperativa la negociación de un TJC (un Tratado Justo de Comercio) que consista en una apertura comercial con un país al que queremos y admiramos, pero que no lesione a sectores vitales de la producción y que no le quiebre el espinazo a instituciones veneradas como el ICE, el INS o la CCSS, con la entrega de las telecomunicaciones, los seguros y el sacrificio de la salud colectiva para saciar la codicia de unas corporaciones transnacionales.

Provocan igual indignación las denuncias más recientes de peritos, como es el caso de la eventual producción y el libre ingreso al país de armamentos de guerra, así como la legalización del repugnante tráfico de órganos humanos como si fueran longanizas o mondongo de Tapachula, lo que provoca la impresión macabra de una mansión en ruinas en la que en cada ropero van descubriendo un esqueleto.

Pero mucho más grave es la revelación, formulada por el Dr. Guillermo Quirós, un oceanógrafo formado en la NASA, de que en el TLC renunciamos a un colosal tesoro en riquezas naturales, como un yacimiento de metano congelado valorado en $2 mil billones, un potencial en pesca de $250 milllones anuales, además de enormes depósitos de minerales como níquel, cadmio, hierro, titanio y manganeso, al renunciar y ceder, con la ingenuidad de un alma de cántaro, el derecho a nuestra zona económica exclusiva.

Felicitamos al TSE por los debates televisados y reproducidos por una multitud de
radioemisoras, porque permiten divulgar esas denuncias, apartar muchos velos y arrancar las hojas de parra que cubren tantas vergüenzas, ante un vasto sector de la ciudadanía que hasta ahora solo había recibido un lavado o, mejor dicho, un ensuciado
cerebral con toda la basura que recogen de las alcantarillas.

Al tenebroso maestro de la intriga, al estilo anticuado de los tinterillos de hace un siglo, que inescrupulosamente tritura escritos y muerde la honra ajena, cubriéndose con el sucio manto del anonimato y que tan fácilmente olvida que el puesto que ocupa se lo debe a mis gestiones, mi insistencia y mi buena voluntad, le deseamos la pronta recuperación de su estabilidad mental, que Alá le conceda 100 años más de senectud y que, cuando nos abandone, logre morir en paz con su conciencia.

(Víctima de ese ataque perverso y demencial en La Nación, he tenido que recurrir a otros medios de comunicación para que me concedan lo que La Nación me negó: el derecho elemental a opinar y defenderme.)

La Prensa Libre 26 setiembre 2007

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