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RESONOCO

02/10/2007 GMT 1

La Iglesia, un esfuerzo compartido

marfuerte @ 00:49

Gustavo Castro H.
gcastro38@gmail.com

Hace varios días no me reencontraba con estas páginas, debido a diversos compromisos que de cierta forma me lo habían impedido, sin embargo una asignación de un curso universitario se convirtió en la perfecta excusa para retomar mis notas de opinión, ausentes desde junio. Y hoy quiero aprovechar para reflexionar un poco acerca de la Iglesia Católica costarricense.

Como parte de mi labor periodística, hace poco realicé un breve sondeo por un parque de un cantón capitalino buscando las respuestas, que luego vi que más bien fueron excusas, al por qué la gente no asiste a misa. Gracias a Dios soy católico y respeto cualquier otra denominación religiosa, pero debo
reconocer que la Iglesia se ha debilitado notablemente, sin embargo en la actualidad está en un importante proceso de
revitalización, al que no
debemos ser ajenos.

Conversando con gente como nosotros, pecadores, con necesidades, alegrías y tristezas, éxitos y frustraciones, fui
encontrando un gran número de excusas por las que preferían ni acercarse al templo y, “sin
querer queriendo”, me vi en un espejo del pasado, cuando años atrás era yo el que no me
congregaba y quizás las razones que ahora mis entrevistados presentaban también fueron las mías. Por eso me atrevo a hablar, no a juzgar, no es cuestión de regañar a nadie pues evidentemente no soy quién para hacerlo, sino más bien de contarles lo mucho que hoy ofrece nuestra Iglesia, y digo nuestra pues todos somos parte de ella.

Recordando un poco, un señor de unos 45 años, mensajero según me comentó, decía que él no cree en Dios y que además la misa le parece aburrida pero a la vez hacía la observación de que los sacerdotes deben acercarse a la comunidad pues el pueblo tiene “hambre de Dios”.

Entonces empiezo a pensar en una confusión “rebelde” de conceptos, pues me cuesta asimilar que alguien que no crea reconozca que otros tienen “hambre de Dios”.

Posteriormente conversé con un caballero que ronda los 30 años y se dedica a cuidar carros. Tristemente y con cierta nostalgia expulsaba por sus labios palabras que se notaba le dolían: “Cuando me metí en las drogas dejé de ir a misa”. Cuántas personas más habrán sufrido esta cruda realidad…
Un claro ejemplo de la indiferencia ante la Iglesia son muchos jóvenes, ojo que no todos. Una pareja de colegiales que me topé, entre risas y el normal nerviosismo que implica exteriorizar criterios frente a un micrófono, ni siquiera recordaban cuándo fue la última vez que fueron a misa y solamente atinaron a decir: “Es que hablan muy raro y nosotros estamos en otro mundo…”. Prefiero no discutirles.

Finalmente encontré a la que andaba buscando, bueno no sabía quién sería, pero necesitaba alguien que hablara bastante, que me diera motivos y los justificara. Allí estaba, sentada en un poyo del parque sola, celular en mano. Me atendió amable, se trataba de una señora que aseguró tener 41 años y ser geógrafa de profesión. Tuvo seguridad y fue tajante al responder, en resumen indicó: “Solo voy a bautizos u otras ocasiones especiales pues no me gusta el sistema, ya es hora de que los sacerdotes se casen y tengan hijos para que puedan ser líderes espirituales familiares. También hay mucho dinero de por medio, se ha
vuelto muy elitista, olvidan sus raíces y misiones y hasta ponen parqueos en la Iglesia y no debe ser así…”.

Como ella e incluso como quienes dicen que no les rinde el tiempo un domingo, podríamos encontrar cientos de razones para no ir a misa, lo cual es verdaderamente preocupante. Respetando todas las opiniones, debo decir, también tajante, que no las comparto, pues en realidad los que entonces estamos olvidando nuestras raíces somos nosotros, la Iglesia sigue siendo la misma y en constante mejora, consciente del cambio que traen los años.

Nuestro compromiso es con Dios, no con un sacerdote o un templo, cierto, pero ellos son piezas fundamentales para buscar cada día al Señor, ya que fue Él mismo quien la fundó y hace más de dos mil años la puso en manos de San Pedro hasta traerla a nuestros días guiada ahora por el Papa Benedicto XVI.

En cuanto a que si los sacerdotes pueden o deben casarse, pues no y eso es claro, incluso lo comenté hace poco con una religiosa y ella reflexionaba en cuanto al tiempo que podría dedicarle un cura a su parroquia cuando debería a su vez atender a una familia, y me dejó pensando.

Respecto a que hay mucho dinero de por medio, es relativo, todo depende de la parroquia y el desprendimiento de sus asistentes, pero para mí está claro que dichos fondos en la mayoría de los casos son muy bien aprovechados en obras sociales, eso es parte de la misión.

Por otra parte, no considero que la Iglesia hoy día sea elitista, pues si analizamos, a una misa llegan vehículos de todos precios y marcas, y muchos a pie o en servicio público, cada quién ofrece económicamente lo que conscientemente puede y no hay una discriminación al respecto.

Puede que me equivoque, pero eso es lo que he observado, de lo que puedo hablar.

Que si no hay parqueo la gente no va a misa pues es inseguro dejar el carro en la calle pero si lo hay también se quejan, y que si tal día pensaba a ir a misa de 4 pero los “desconsiderados” dirigentes de nuestro balompié programaron el clásico a esa hora entonces ni modo, tendré que quedarme en casa frente al tele. Estimado lector, yo soy un fiebre más del fútbol, aficionado a un equipo desde niño, pero mi mejor equipo se llama Dios.

Ahora bien, la Iglesia ya no es la misma, ahora se ha rejuvenecido, ahora es más dinámica, hay grupos para todas las edades, hay esfuerzos como los cursos Alpha, las Jornadas de Vida Cristiana y muchos más, cuyos nombres quizás usted no reconozca. Pero la Iglesia requiere de usted, de su aporte, su atención, no solo de sus críticas sino de sus soluciones y tiene las puertas abiertas para recibirlo y acogerlo.

Cuando alguien es víctima del hampa, normalmente le achacan toda la culpa a la Policía, pero esta trabaja, hace esfuerzos, y resulta que la seguridad es asunto de todos y la Iglesia también lo es.

periódico LA Prensa Libre 26 setiembre 2007.

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