Oda a la tolerancia
Óscar Álvarez Araya
La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa –Erasmo de Rotterdam
Economista
El Sakyamuni Buda fue uno de los primeros maestros que enseñó la tolerancia y la moderación como valores esenciales de una sociedad pacífica. Tanto en el campo espiritual como en el político, predicó el camino medio que se aleja de los extremos. “Si comienza la guerra –dijo–, predica la tolerancia y la misericordia”.
Confucio, el padre de la filosofía china, dijo que el gobernante debe ser virtuoso, benevolente con el pueblo y huir de los extremos. Otro gran sabio chino, Lao Tse, escribió que, para gobernar a los hombres y servir al cielo, nada vale tanto como la moderación.
El griego Pericles fue también un maestro de esos valores en el marco de la democracia ateniense. Unió la tolerancia con la libertad dentro de la ley: “Somos libres y tolerantes en nuestras vidas privadas, pero en los asuntos públicos guardamos la ley”.
Solón, gran legislador ateniense, promovió la democracia como el sistema del equilibrio y la armonía social. Fueron célebres sus palabras “Nada en demasía”. Es decir, evitemos los extremos.
Equilibrio pacificador. Erasmo de Rotterdam, uno de los más grandes humanistas del Renacimiento, promovió la conciliación y la tolerancia en medio de la gran pugna religiosa entre católicos y protestantes. Quiso ser fiel a su Iglesia al tiempo que predicaba un equilibrio pacificador. Se le recuerda por su máxima: “La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa”.
John Stuart Mill escribió un libro sobre la libertad que bien se pudo titular “Pensamientos sobre la tolerancia”.
El filósofo judío sefardí Baruch Spinoza fue uno de los grandes precursores de la república libre, tolerante y democrática. Mientras, el inglés John Locke escribió un texto sobre la tolerancia religiosa que mantiene plena actualidad.
El Mahatma Gandhi, desde luego, fue un gran predicador de la tolerancia activa y la “no violencia” mientras luchaba, al mismo tiempo, por la independencia de la India y la coexistencia pacífica entre todas las religiones, grupos sociales y culturas.
La moderación, el diálogo, la conciliación, el respeto a los demás, el uso de la razón y la “no violencia” son algunos de los valores que deben prevalecer en una sociedad democrática y tolerante.
Ejemplos emblemáticos. Las sociedades podrían ser clasificadas según el grado de tolerancia política, ideológica y religiosa. En el siglo XX, el nacional socialismo, el fascismo y el stalinismo destacaron por ofrecer los niveles más bajos de tolerancia. Las dictaduras fundamentalistas y todas las formas del terrorismo constituyen ejemplos emblemáticos de intolerancia durante los comienzos del siglo XXI.
En Latinoamérica podríamos reflexionar sobre el nivel de tolerancia que disfrutan hoy diferentes pueblos. ¿Cómo están México y Venezuela? ¿Cuánta tolerancia hay en Cuba, en Brasil o en Chile? ¿Cómo están los niveles de tolerancia en Costa Rica?
Los costarricenses hemos tenido grandes maestros de tolerancia, como Florencio del Castillo, Omar Dengo, monseñor Sanabria y Alejandro Aguilar Machado, entre muchos. Nuestra historia ha sido de mayor tolerancia si nos comparamos con los otros países de Latinoamérica. Pero aun sociedades de tradición tan democrática como Chile y Uruguay perdieron un día su régimen de tolerancia. ¿Puede Costa Rica perder su moderación y su paz social como ya la perdió en otros tiempos de su historia? En estos momentos cruciales de alta tensión, lo menos que podemos hacer es predicar el diálogo, la tolerancia y la concordia.
Ahora que nos acercamos a la realización del primer referéndum de nuestra historia, rindamos homenaje a los maestros universales y nacionales de humanismo. Toda la ciudadanía costarricense tendrá el derecho y el deber de participar en este evento electoral, utilizando un nuevo instrumento de expresión de la soberanía popular. La democracia participativa y directa viene a fortalecer y revitalizar la democracia representativa.
Convirtamos el 7 de octubre en una jornada cívica, transparente, pluralista y participativa. Usemos la razón y la conciencia para optar libre y serenamente en la privacidad de la urna por el SÍ o por el NO a la ratificación del TLC, pero hagámoslo sobre todo con tolerancia.
periódico LA NAción 29 setiembre 2007.

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