Un pájaro persa llamado Rumi
Embajador de letras MAWLANA RUMI ES EL MAYOR POETA PERSA Y UNA CUMBRE DE LA MÍSTICA DE TODAS LAS LITERATURAS
Halil Bárcena | Arabista e islamólogo@nacion.com
Hace 800 años nació el poeta y místico sufí persa Mawlana Yalal al-Din Muhammad Balj, más conocido en Occidente como Rumi. Por ello, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró el 2007 como el Año Internacional Rumi.
Ello abre una oportunidad para conocer el legado literario y espiritual del fundador de los derviches danzantes y uno de los máximos exponentes de la espiritualidad sufí y de la mística universal de todos los tiempos.
Rumi, maestro de derviches, no es un extraño para el público cultivado occidental, sensible a las cuestiones del espíritu. En las últimas décadas, su proyección ha sobrepasado con creces los lindes geográficos –y los espirituales también– del Islam. Hoy, Rumi está presente e influye en el estudio de la espiritualidad en los más diversos medios y ámbitos de todo el mundo.
Como escribió la islamóloga germana Annemarie Schimmel, ningún otro místico y poeta musulmán es tan conocido en Occidente como Rumi.
Reconocimiento. Los poemas de Rumi vertidos al inglés, por ejemplo, han llegado a lo más alto de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos. Es el caso de The Illuminated Rumi , una antología, de gran venta, de poemas del maestro persa, en versión libre de Coleman Barks e ilustrados por Michael Green. Esa edición alcanzó la inaudita cifra de 100.000 ejemplares vendidos en Estados Unidos, el año 1995.
El 25 de noviembre de 1997, el rotativo norteamericano The Christian Science Monitor recogió un artículo de la periodista Alexandra Marks en el que afirmó que Rumi se había convertido en el poeta más vendido en los Estados Unidos, lo cual no deja de tener su gracia por ser él ¡un poeta musulmán, nacido en el Afganistán del siglo XIII, y que para colmo se expresaba en persa, la actual lengua de Irán!
La proclamación del Año Internacional de Rumi es un acontecimiento no carente de trascendencia en esta época de encuentro forzado de culturas.
Tal proclamación ha supuesto el reconocimiento oficial del carácter universal de la filosofía mística de ese pájaro persa llamado Rumi, cuyo vuelo alcanzó las más altas cimas de la experiencia mística.
En cierto modo, la celebración de dicha efeméride vendría a hacer bueno el aforismo derviche según el cual “El santo lo es para todo el mundo”; y para todos los tiempos, añadiría yo.
‘Desconocido’. Efectivamente, el santo, el amigo íntimo de Dios, según el léxico técnico de los sufíes, no se pertenece a sí mismo. Su fuerza germinativa, capaz de apelar también al atribulado hombre contemporáneo, escapa a su tiempo; está por encima de él, más allá de cualquier determinismo espacio-temporal. Hay hombres que poseen un raro y misterioso poder de imantación espiritual. Pues bien, Rumi es uno de ellos.
No obstante la notable popularidad alcanzada por Rumi –al menos por un cierto Rumi– entre el público cultivado occidental, aún sigue siendo un autor en buena medida desconocido, repleto de “agujeros negros”.
Es que la ventolera de estima que ha sobrevenido al maestro de Konya tras la ingente proliferación de versiones de sus poemas (Franklin D. Lewis, uno de sus biógrafos, habla de verdadera rumimanía ) no ha derivado en una mejor y más certera comprensión de su vasta obra, cuajada de sentidos, y de su proteica personalidad.
Dos Rumi. Hay, como poco, dos Rumi. El primero nació en Balj, hoy Afganistán, en 1207, en el seno de una piadosa familia musulmana. Su padre, Baha al-Din Walad, eminente teólogo, ejercía de jurista musulmán y enseñante, carrera esta que prosiguió su hijo Rumi una vez la familia se hubo instalado en Konya, en el corazón de la Anatolia turca, tras una larga migración forzada por la presión de las devastadoras invasiones mongolas.
El segundo Rumi, el más sugestivo y el que hoy celebramos, vio la luz, espiritualmente hablando, el año 1244, en Konya, tras su desconcertante encuentro con un fiero derviche errante llamado Sams al-Din Tabriz.
Dicho encuentro entre dos océanos, como gustan decir los propios derviches, viró para siempre el rumbo de un Rumi, teólogo profesional por aquel entonces, dócilmente acomodado en el diván adormecedor de las creencias religiosas.
Sams, un hombre radicalmente libre de toda atadura dogmática, y dotado de un poderoso influjo espiritual, desencuadernó para siempre jamás el alma de aquel Rumi conformado, dándole a probar el vino embriagador del amor místico, cuyos efectos son irreversibles, a juzgar por lo que dicen quienes lo han paladeado.
Poesía y danza. Rumi, uno y múltiple; Rumi, sufí abducido por el amor; Rumi, poeta del éxtasis; Rumi, derviche giróvago que danza sobre sí mismo en pos de una divinidad por definición inaferrable; Rumi, pájaro de vuelo místico; Rumi espiritual en el límite de la posibilidad del pensar y el sentir y del mismo lenguaje; Rumí, más allá de la religión. Escribe el maestro persa de Konya en uno de sus más encendidos gazales:
¿Qué puedo hacer, ¡oh, musulmanes!, pues no me reconozco a mí mismo? / No soy cristiano, ni judío, ni parsi, ni musulmán. / No soy del este, ni del oeste, ni de la tierra, ni del mar (…). / Mi lugar es el no-lugar, mi señal la no-señal. / No tengo cuerpo ni alma, pues pertenezco al alma del Amado./
He desechado la dualidad, he visto que los dos mundos son uno. /Uno busco, uno conozco, uno veo, uno llamo. / Estoy embriagado con la copa del amor, / los dos mundos han desaparecido de mi vida. / No me resta sino danzar y celebrar.
Corpus. Entre las aportaciones que conforman el legado de Rumi a la humanidad, hallamos un corpus poético de más de 50.000 versos, entre los que despunta sobremanera un libro, el Matnawi , suerte de Corán místico en lengua persa, feliz expresión que hizo fortuna del también sufí Yami (m. 1492).
Dicho libro, suma de más de 25.000 versos, se convirtió en el manual de todos los sufíes de Bosnia y la Turquía moderna hasta las riberas del Ganges en la India.
En el Matnawi aparece condensado Rumi, cuya fértil filosofía mística, caracterizada por su espíritu de tolerancia y su universalismo integrador, han impregnado de modo decisivo todo el pensamiento místico del Islam desde el siglo XIII hasta nuestros días.
A Rumi debemos un corpus poético extraordinario y la danza de los derviches giróvagos. Para aquel poeta místico, cuanto existe danza: del átomo a los planetas que gravitan en el universo.
Danzan los animales, la lluvia y el viento; también las piedras, los árboles y, por supuesto, el ser humano. Todo es sama , todo danza al son de una misteriosa melodía, interpretada en la distancia por un ejecutante invisible.
La esencia de la vida es el movimiento, la (re)creación renovada, en cada sístole y diástole, de una realidad inacabada, que se contrae y se expande, muere y renace, a cada instante. Danza, unión con el cosmos, trascendencia total de sí mismo.
EL AUTOR ES DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS SUFÍES DE BARCELONA. VISITÓ COSTA RICA INVITADO POR LA UNIVERSIDAD NACIONAL.
Suplemento Ancora. periódico La Nación 30 setiembre 2007.

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