Una conversación con Orson Welles
Con Orson Welles hay que proceder por saltos de intuición. Nada con él está previsto. No hay eso de que tal y tal, luego tal. Casi nuncachez Welles dos y dos son cuatro. Es imposible calcular nada porque él es una criatura incalculable, no sujeta ni a gravitación ni a lógica. Nadie sabe cinco minutos antes lo que va a hacer; posiblemente, ni él mismo.
Orson Welles es la improvisación al servicio de una seguridad permanente, de un talento que da siempre en la diana, de una independencia salvaje de gran civilizado. Es un repentista con solera que permite la improvisación casi como un orden que tiene tuétano y rigor.
Cuando lo veo, es de noche en el muelle de Barcelona. Está rodando unas escenas deMister Arkadin , su próxima película. Acaba de llegar de San S’Agaró. Posiblemente esta misma madruga-da vuelva a S’Agaró, acaso a Munich. La Costa Brava le ha gustado tanto que…
–...Que la prefiero a la Costa Azul. Me parece un escenario más natural y más expresivo para lo que quiero.
Orson Welles es un tipo humano impresionante. Es “el tercer hombre”, pero yo creo que ha crecido, que ha engordado. Es un tercer hombre tremendo. Debe de tener, cómodamente, un metro noventa y pesar más de cien kilos.
Lleva un abrigo azul, gordo, desabrochado, con el cuello subido, en el que aparece almenada una gran cabeza de pelo revuelto, de perfil duro y a la vez chato, de pequeños ojos de jabalí, unos ojos que él abre mucho e inquietantemente, una cabeza con facciones de niño sin terminar, de talla de coro –entre ángel y sátiro–, una cara en cuyos rasgos hay cierto desgarro casi cruel.
Corbata de lazo, camisa blanca y blanda. Americana de una sola fila y sin chaleco. Los zapatos negros no han sido lustrados quizá en una semana.
De toda su persona trasciende un clima de urgencia, de abandono, de superioridad. El traje oscuro es como de verano. El abrigote, manchado y por encima del bien y del mal.
Frente al restaurante gallego Carballeira. La noche de primavera es fresca, casi fría.
El espacio donde se filma está acotado, y, detrás de los guardias y de una verdadera legión orsonwélica, se apiña una empalizada de curiosos.
Orson trabaja como un bárbaro. Anoche estuvo aquí desde las diez hasta que salió el día, sin descansar un momento, sin concebir tampoco que nadie descansara.
Da órdenes como un capitán de barco de novela de Conrad o de Stevenson. Órdenes en inglés, en español, en francés, en italiano.
Cruzan locomotoras por todos sitios bajo la luz de los reflectores. Guardias de verdad y carabineros de la película con uniformes italianos.
–Esto figura que es el puerto de Nápoles.
De pronto, alguien se le acerca respetuoso y tímido para comunicarle que mañana publicarán un largo artículo sobre él; lo aparta con sus enormes manos y le dice simplemente:
– Gracias. Suerte.
Eso de “suerte” lo dice mucho, venga o no venga a cuento.
Yo no sé inglés. Él, en castellano, no hace caso. En francés se ve que no le gusta demasiado hablar. El italiano me da un excelente resultado. El italiano lo sujeta. Lo habla bastante bien. Le gusta hablarlo y que le hablen en ese idioma, o es que me ha cogido una cierta y rápida simpatía.
Las locomotoras trabajan. ¿Se trata de crear un ambiente de humo? No hay quien respire. Hace frío, un frío desolado, de viaje hacia el infinito.
–¿Qué escribe usted, no para el cine, sino como escritor?
–Una novela.
–¿Título?
–El arca de Noé. Un arca de Noé en estos días.
–¿A quiénes salva usted en el arca?
–Todos se salvan
Se prepara una pequeña escena muda que debe de tener mucha importancia. Vuelta a que pasen los trenes al fondo. Focos muy potentes.
Un hombre pequeñín, con cara siniestra, cojo, con una pata de palo, está recostado en un enorme cajón, en el que se lee:Campagnia Generale de Automovilismo. Milano. Dispara el hombre su revólver. Una detonación de verdad que, incluso, le ha quemado la mano.
–¿Es de usted todo?
–Todo. Soy actor, autor, director y productor.
–¿Mister Arkadin es un guión directo?
–Es una novela mía que se ha publicado solo en inglés hace unos cuatro meses. Ahora la hace en francés Gallimard.
Lo del cojo no le ha gustado. Otra vez los trenes. Nuevo disparo.
–¿Quién esmister Arkadin?
–Algo así como un gran aventurero.
–¿Ungangster ?
–No tanto. Un hombre de negocios, un millonario sin pasaporte.
–¿Ambiente?
–Es una película de ambiente balcánico.
–¿Y se rueda?
–En cualquier sitio, menos en los Balcanes: en Alemania, en España, en Francia…
–¿Qué sitio de Alemania?
–Munich
–¿Y en Barcelona?
–En la película esto no es Barcelona, sino, como le dije, un rincón del puerto de Nápoles. Quizá haga algo todavía en los barrios antiguos.
Lo del cojo nuevamente. No le gusta. Dice, en español:
–¡Otra vez, malo! ¡Otra vez, malo! ¡Venga!
–¿Quién es ese cojo? ¿Actor o comparsa?
Orson sonríe:
– Ni una cosa ni otra. Por supuesto, un hombre muy bondadoso. Es un español. El maquillador de la película. Me gustó su tipo.
Su tipo, sí. Maquillador será estupendo. Su carácter, perfecto; pero parece que no sabe por lo que dispara. Orson se lo explica y hace por un momento su papel:
–Usted mata a un hombre. ¿Entiende usted que mata a un hombre? ¡Ochoa!... ¡Convénzalo a este que mata a un hombre!
El cojo lleva una canadiense con cuello de piel. Se ve que no quiere matar ni a una mosca. Resulta que esta escena que veo rodar será luego una de las primeras en la película.
–Es una cosa sin importancia, de la que después arranca todo, como en la vida. A mí me gusta así.
–¿Le falta mucho a la película?
–Está casi acabada… Una semana… Quizá, dos.
–¿Es verdad que espera usted a Marlene Dietrich?
–Sí, pero no sé si trabajará en S’Agaró o en Munich. Oiga…
–Diga.
– Esto no es ungiallo . Parece una película casi detectivesca por esta escena, pero no lo es.
–¿Le gusta a usted?
–No demasiado. Siempre quiero ser algo mejor.
–¿Qué le gusta más, el cine o la literatura?
–Me gusta más la literatura, pero no sé… Cuando escribo. tengo ganas de hacer cine. Cuando hago cine, ganas de escribir… Cuando hago las dos cosas, me gustaría hacer teatro. Siempre me atrae aquello que no estoy haciendo.
–¿Qué piensa hacer usted cuando esté terminandoMister Arkadin ?
–Teatro.
–¿Dónde?
–En Londres.
Vuelta a rodar la escena del cojo. Nuevo pistoletazo. Máquinas de tren.
–¿Tan importante es ese tiro?
–Sí, lo es; pero me gusta tan poco que casi por eso meto el ruido de las máquinas. El pistoletazo es uno de los ruidos más insoportablemente vulgares del cine.
–¿Tiene también temas musicales la película?
–Cuatro.
Esta conversación es una conversación sincopada. Mientras él hace mil cosas. En un momento propicio, un momento en el que él mismo me coge del brazo y se retira un poco, hablamos de literatura:
–¿Qué escritor americano le parece más importante?
–Faulkner.
–¿Y francés?
–Colette.
–¿Completamente serio?
–Completamente serio.
–¿Qué estrella de cine le parece más importante?
–Greta Garbo. Después, cualquiera.
Hablamos ahora de literatura española. Orson Welles es un escritor, pero quizá no tiene por qué estar muy al tanto de nuestra literatura contemporánea. Me dice una cosa espantosa al contestarme a quién conoce:
–Los clásicos y Martínez Sierra.
Hablamos de Roma. Le gusta mucho Roma. Nos gustó mucho Roma.
Me dice que en su aeropuerto ha tomado, hace unos días, a Dominguín sin que él lo supiera y para incorporarlo a su película. Ahora, no sé por qué, me habla en español.
–¿Dónde aprendió usted el español?
–Nada menos que en Sevilla.
Y me cuenta que hace mucho estuvo allí y que fue novillero y que hasta toreó en varias plazas. Este hombre es incalculable.
Una de las impresiones que más firmemente produce Orson Welles es la de que tiene tiempo para todo.
En una misma noche se sabe que ha rodado en Barcelona, que ha acompañado a su hija, una jovencita de diecisiete o dieciocho años, al Liceo, que ha estado en Bolero y que ha bebido whisky en cantidades ciertamente respetables. Y para todo adopta una extraña posición en equilibrio perfecto entre la urgencia y la calma.
Ha venido conmigo esta noche al puerto, a ver a Orson Welles, Joaquín Soler Serrano –joven escritor y el locutor y conferenciante de radio más popular que hay en Barcelona– y Mario Cabré.
Mario Cabré: esto es, torero, actor, escritor, novio de la última estrella en boga, automovilista, chaleco blanco, dentadura espléndida, etc.
A Mario Cabré le dije un día que había visto en un prospecto de una agencia de turismo lo siguiente: “Viaje a Granada enpullman de lujo y noche con Mario Cabré”. No se extrañó demasiado.
Soler Serrano le hace a Orson Welles algunas preguntas que en realidad no le valen para nada porque Joaquín hubiera querido traer aquí la cinta magnetofónica. Yo le digo que algunas ventajas debía tener no hacer nada para la radio.
Y volvemos al cojo, al siniestro y bondadosísimo cojo. Y nos dan las dos, y nos dan las tres, y nos dan las cuatro. Y Orson Welles no se ha decidido aún a que la escena del cojo valga.
Las chimeneas de las máquinas están echando chispas. El cojo está echando chispas. Yo tengo sueño y me decido dejar a Orson Welles. Orson está tan tranquilo como si acabara de llegar, y Mario Cabré, con su chaleco blanco.
9 de mayo de 1954.
CÉSAR GONZÁLEZ RUANO (1903-1965), FUE ESCRITOR Y PERIODISTA ESPAÑOL. CULTIVÓ LA ‘ENTREVISTA LITERARIA’ CON MUCHOS PERSONAJES DE LA CULTURA. LA PRESENTE APARECIÓ EN SU LIBRO ‘LAS PALABRAS QUEDAN’. (TRANSCRIPCIÓN DE HALINA MOLINA)
Orson welles
Director
nn n Estas son algunas de las obras dirigidas por el actor, productor y guionista norteamericano:1941 - Ciudadano Kane (Citizen Kane)1942 - El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons)1945 - El extraño (The Stranger)1947 - La dama de Shangai (The Lady of Shangai)1947 - Macbeth (Macbeth)1952 - Otelo (Othello) 1955 - Mr. Arkadin (Mister Arkadin/Confidential report) 1957 - Sed de Mal (Touch of Evil) 1962 - El proceso (The Trial) 1965 - Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight) 1966 - La historia inmortal (The Immortal Story) 1967 - Lo profundo (The Deep - Película inacabada) 1969 - Don Quijote - Película inacabada 1970 - Al otro lado del viento - Película inacabada 1973 - Fraude (F for Fake) 1978 - Filmando Otelo (Filming Othello)
Suplemento Ancora periódico LA NAción 30 setiembre 2007.

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