¿Hacia una Sexta República francesa?
Raphaël Hadas-Lebel | Copyright: Project Syndicate, 2007.@nacion.com
Una forma que exige una intensa búsqueda de consensos
Raphaël Hadas-Lebel, autor de 101 Words about French Democracy, es miembro del Consejo de Estado y profesor del Instituto de Estudios Políticos de París.
PARÍS – Casi 50 años después de que el general Charles de Gaulle creara la Quinta República, Nicolas Sarkozy quiere cambiar las instituciones fundamentales de Francia. Un consejo de expertos le enviará sus propuestas el 1 de noviembre.
Mientras que la democracia británica está profundamente arraigada a pesar de su constitución supuestamente "no escrita", y la constitución estadounidense ha sido enmendada apenas 26 veces desde 1787, Francia ha redactado de nuevo su constitución 15 veces desde 1789. Solo la Tercera República (1875-1940) duró más tiempo que la Quinta República actual.
Establecidas a las apuradas en 1958 por De Gaulle en medio de la crisis argelina, las instituciones de la Quinta República fueron blanco de ataques desde el primer día. El antagonismo que gran parte de la izquierda sentía por la Quinta República, que fue modelada para cuadrar con la figura sobredimensionada de De Gaulle, se desvaneció recién en 1981, cuando François Mitterrand, uno de los opositores más resonantes de De Gaulle, se benefició del poder consignado a la presidencia.
Desde entonces, surgió un consenso a favor de la estructura constitucional de 1958, porque le brindó a Francia el ejecutivo fuerte del que siempre había carecido. La constitución de De Gaulle también resultó ser lo suficientemente flexible como para permitirle a Francia superar varias crisis: Argelia, mayo de 1968, la renuncia de De Gaulle, los traspasos del Gobierno de la derecha a la izquierda y el antagonismo entre los presidentes de izquierda y los primeros ministros de derecha o viceversa ("la cohabitación"), como sucedió en 1986, 1993 y 1997.
Críticas contra la Quinta República. Sin embargo, a pesar de medio siglo de estabilidad política, cada vez son más las críticas de los acuerdos institucionales de la Quinta República. Algunos culpan a la naturaleza híbrida del sistema de De Gaulle por la aparente parálisis política de Francia. Ni presidencial (el primer ministro es responsable ante la Asamblea Nacional, mientras que no existe ninguna responsabilidad en un régimen presidencial) ni parlamentario, (el presidente es elegido por sufragio directo y tiene un poder significativo), el sistema ha estado incrementando los períodos de "cohabitación", que generalmente resultaron ineficientes.
Otros creen que las instituciones actuales de Francia son la causa principal, si no la única, de una crisis democrática en ciernes. La desconfianza hacia los políticos aumenta, manifestada en una concurrencia electoral débil (excepto en el caso de la última elección presidencial), votos de protesta por partidos extremistas y la incapacidad del Estado de reformarse. Todas estas tendencias negativas fueron simbolizadas por el éxito de Jean-Marie Le Pen al llegar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2002.
Desde que se estableció la Quinta República, tanto la sociedad francesa como el mundo han sufrido cambios enormes, con consecuencias importantes para la manera en que se gobierna el país. La globalización ha reducido la libertad de acción del Estado y la Unión Europea ha ganado en prominencia.
Esto ¿significa que una Sexta República es inevitable? Como el presidente ya se elige de forma directa, algunos críticos recomiendan un régimen presidencial puro, como en Estados Unidos. Otros están a favor de avanzar hacia un régimen parlamentario puro, al estilo del Reino Unido.
Sin embargo, un régimen presidencial corre el riesgo de un estancamiento entre el ejecutivo y el legislativo, y un régimen parlamentario puro, como existía en la Tercera República, tiene un historial de fracaso en Francia. Tampoco Francia parece dispuesta a respaldar un sistema electoral de mayoría simple, que les da a los Go- biernos mayorías parlamentarias fuertes, como en el Reino Unido.
La renovación propuesta. Sarkozy parece estar a favor de renovar la Quinta República. Le gusta la orientación presidencial fuerte del sistema actual, especialmente desde que se redujo el mandato presidencial de siete años a cinco, y ahora prácticamente coincide con el ciclo electoral legislativo.
Pero Sarkozy también está a favor de vínculos institucionales más estrechos entre la presidencia y el parlamento. Por ejemplo, le gustaría dirigirse a la Asamblea Nacional una vez al año, cosa que hoy tiene prohibido hacer, dado que sólo el primer ministro es responsable ante el parlamento. De la misma manera, le gustaría imponer un límite de dos mandatos al presidente, y exigir la aprobación parlamentaria de la designación de ciertos altos funcionarios por parte del presidente.
Los cambios para corregir el desequilibrio entre el poder presidencial y parlamentario, de hecho, son necesarios. La legislatura debería tener más peso a la hora de definir la agenda de la nación.
Para fortalecer este nuevo equilibrio institucional, Sarkozy está considerando brindarle a la oposición un estatus formal, convirtiéndola así en un verdadero poder alternativo, y quiere revisar el artículo 16 de la constitución, que le da un poder excesivo al presidente en tiempos de crisis. También está pensando en la posibilidad de transformar el actual Tribunal Constitucional en una Corte Suprema a la que los ciudadanos pudieran apelar bajo ciertas circunstancias, y de eliminar la autoridad del presidente de presidir el Alto Consejo del Poder Judicial.
Nadie puede predecir qué surgirá del consejo de expertos que Sarkozy ha designado para considerar estos cambios constitucionales. Los miembros del consejo representan tanto a la mayoría como a la oposición y, por lo tanto, tienen opiniones muy diferentes sobre estas cuestiones.
Sin embargo, dado que la mayoría de la población apoya los principios fundamentales de la Quinta República –como la elección directa del presidente y un ejecutivo fuerte–, cualquier reequilibrio de las instituciones políticas de Francia probablemente no altere de manera sustancial la estructura constitucional de 1958. Por otra parte, todo cambio constitucional necesitaría estar respaldado por el 60% de los votos tanto en la Asamblea Nacional como en el Senado, lo que hace que la búsqueda de consenso sea mucho más necesaria.
Casi 50 años después de que el general Charles de Gaulle creara la Quinta República, Nicolas Sarkozy quiere cambiar las instituciones fundamentales de Francia.
Periçodico La nación 7 de octubre de 2007.

Meneame
del.icio.us