Domingo siete
Carlos Sojo
La democracia saludable requiere el compromiso de los perdedores con el juego futuro
Politólogo
Un acontecimiento de la relevancia política y social del referéndum del pasado siete de Octubre debe analizarse a fondo y desde distintas perspectivas. La que quiero compartir con este artículo es preliminar, una suerte de primera impresión. Más que un balance de lo acontecido en realidad estoy pensando en los prerrequisitos de una valoración todavía por hacerse.
El primero se refiere a la historia reciente y sobre él me detendré en este artículo. El referéndum no es un hecho político aislado. Hay una historia mediata en donde la ciudadanía costarricense ha expresado por distintos medios y con diferentes grados de intensidad una evidente inconformidad con el curso de las cosas. Desde mediados de los noventa los signos son claros en particular, recordemos, la imposibilidad de negociar legislativamente un acuerdo de ajuste estructural con el Banco Mundial luego de una infructuosa búsqueda, durante la administración Figueres Olsen de una fórmula de compromiso alrededor de lo que llamaron entonces el PAE a la tica.
La fase no tutelada . La reforma económica no se detuvo, pero en el 95 se inicio el período de lo que en otro lugar hemos llamado la fase no tutelada de esta, es decir, un avance en las reformas que en adelante no dependería del calendario de cumplimiento pactado con los organismos multilaterales, sino más bien de la capacidad de procesamiento político de las disputas internas. Entonces, tales disputas se ventilaban legislativamente entre el PLN y el PUSC y se resolvían en una negociación no siempre abierta al escrutinio público.
El segundo mensaje proviene de los resultados electorales de 1998. Don Miguel Ángel Rodríguez resultó electo, pero con menos votos de los que había alcanzado en su competencia infructuosa cuatro años antes. Ello obligó a una lectura del escenario político que, en mi opinión de manera acertada, condujo a la convocatoria del Proceso de Concertación Nacional, del cual emanaron acuerdos significativos, sobre los temas y entre los actores que todavía hoy, casi una década después, tienen vigencia. Pero el gobierno no supo, no quiso o no pudo, garantizar a las partes que sus acuerdos sociales fueran plenamente correspondidos con las propuestas de ley que elevó a la Asamblea Legislativa. Por eso, las luchas contra el Combo, representaron muchas cosas, pero entre las principales, fueron una nueva manifestación de la inconformidad ciudadana con las decisiones acordadas entre los actores políticos del momento, el PUSC y el PLN.
El tercer mensaje es de nuevo una expresión de esa combinación política de sentimientos que conducen, en este país, a actos a la vez inconformes y prudentes. En 2002 acudiendo a una solución de compromiso el PUSC se presenta ante el electorado alrededor de una fórmula de candidato sin partido. Una fórmula que fue capaz de disuadir a la ciudadanía para no lanzarse a los brazos de propuestas políticas nuevas y personalistas. El éxito electoral de tal maquinación, segunda ronda mediante, derivó en un fracaso de gestión que eventualmente condujo al país a un interregno. Al cabo del cual habría que tomar alguna decisión.
Congruencia histórica. Para el 2006 la inconformidad ciudadana había tocado techo con el efecto de las denuncias sobre corrupción que alcanzaron a tres expresidentes y a un buen número de la élite política más activa en la última década. El resultado le otorgó a la oposición una responsabilidad legislativa mayor, sancionó a los actores de la corrupción, y le entregó al presidente Arias un mandato con sordina. Más que patente para despachar, una invitación a reinventar los términos del debate político nacional. A lo mejor, la ciudadanía le pedía a don Óscar un plan de paz con la política. ¿Son los resultados del domingo una segunda oportunidad?
En todo caso la conclusión del capítulo del referéndum es congruente con las enseñanzas de la historia reciente. Hay decisión, es favorable al TLC, no es objetable pero es ajustada. De nuevo una combinación de inconformidad con prudencia. Como hemos visto en las últimas elecciones, en todas las reseñadas, tales desenlaces son expresión de la incertidumbre que debe rodear todo sano proceso democrático. Nos levantamos el día de la elección sin mayor idea de los resultados con los que nos acostaremos. Eso es democracia plena en ejercicio. Por otro lado es evidente que las preferencias de los electores favorecen la continuidad pero tienden a distribuirse en dos grandes bloques de peso relativo semejante. Lo que sigue debe ser congruente con ello: la democracia saludable requiere el compromiso de los perdedores con el juego futuro, tanto como de la convicción de los que salen victoriosos de que en la política no solo no existen ni cadáveres ni cementerios, sino que toda victoria es siempre táctica.
periódico La Nación 14 octubre 2007.

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