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RESONOCO

19/10/2007 GMT 1

Gobierno, individuos y TLC

marfuerte @ 00:14

Johnny Meoño Segura

Sufrimos un problema de improvisación rayana en irresponsabilidad

Politólogo y administrador público

Argumenté en mi artículo “El fondo del TLC” (26/9/07) aquí mismo, que el país seguramente enfrentaría consecuencias desfavorables si no aprobaba ese Tratado.

Sin embargo, agrego ahora que, a mi edad, pude sopesar la retórica de quienes apoyaron el SÍ y el NO según un parámetro que me resulta infalible: en la vida real, ¿le han dado unos y otros la espalda a “aquel” régimen de derecho que posibilitaba desde hace tres décadas que Costa Rica perteneciera al “Primer Mundo”, si solo lo hubieran reconocido y exigido al menos con la vehemencia con que hoy han rechazado o apoyado el TLC? La respuesta es que todos los que se manifestaron públicamente, le han dado la espalda. He señalado varias veces, además, que el actual Plan Nacional de Desarrollo tampoco constituye “el” marco estratégico integral para contextualizar correctamente el TLC pues sus planteamientos en lo productivo, en lo social y en lo institucional –y su aplicación práctica hasta la fecha– son erráticos porque también dan la espalda a ese “sistema legal superior” que sí permite el desarrollo idóneo del país. Los proyectos comprendidos como “agenda paralela” en la Asamblea, por su lado, tampoco responden a una visión estratégica de desarrollo.

Variable determinante. Debe uno preguntarse también si un modelo económico puede asegurar que con el TLC el país sólo importará más barato y sus exportaciones no crecerán igual que ahora. No lo creo. Esos modelos, precisamente al igual que la pasión ideológica de algunos, no contemplan la variable más determinativa del desarrollo de un país, o sea, su capacidad institucional y la capacidad de conducción o gestión de un Gobierno. Es este factor macrojurídicamente sustentado, pero improvisado aquí hasta “decir basta”, el que puede marcar una enorme diferencia en términos de cómo los factores de producción ya disponibles, podrían alcanzar recombinaciones de un gran valor agregado y redinamizar de manera extraordinaria el sistema económico. Esto puede lograrlo un Gobierno dejando de improvisar, como ocurre desde hace décadas hasta hoy –sí, hasta hoy–, la gestión de procesos públicos y de instituciones (¿no es un dramático ejemplo de esto, la errática situación observada en el estratégico “sector de la producción” y en materia de planificación, sin memorando incluido?) y empeñándose en serio en disminuir la corrupción en grande, ya que ambos factores inciden directamente en el desvío de recursos y en el diseño antojadizo de políticas y programas.

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Por otro lado, puede uno encomiar a nuestro Presidente por dar pasos de gigante en el planeta que seguro le depararán importantes satisfacciones personales, y al país, geopolíticas. Pero, si no gobierna con igual grandeza de miras, responsabilidad y liderazgo hacia dentro, no delegando tanto en colaboradores sin visión ni idónea experiencia pública –no basta con haber sido ministro una o dos veces– y si paralelamente los partidos y líderes opositores no asumen un control político más visionario, integral y eficaz sobre el Gobierno, el país no alzará verdadero vuelo ni con TLC. Como poderosa contrapartida, señalo la nueva actitud de la Contraloría de la República en su esfuerzo fiscalizador, pero aun tiene que afinar más su óptica sobre “esas” pocas normas de oro para el excelente Gobierno que, por dicha, decidió reconocer y aplicar en serio desde el año pasado, después de más de treinta años de ignorarlas.

Disfunciones institucionales. Mi preocupación de fondo es simple: si todas estas erraticidades y liviandades en materia de desempeño público y social permanecen inalteradas, el TLC traerá procesos más complejos que provocarán nuevas disfunciones institucionales, más riqueza con beneficios para unos pocos y corruptelas de la peor calaña, aunque el país siga exhibiendo cifras de alto crecimiento económico.

Por ello hoy vuelvo a “recontradenunciar” la omisión en que legisladores de todos los partidos, y todo activista influyente, siguen mostrando sobre este factor de dirección y planificación del sistema-Gobierno y del sistema-país (llámenlo, si resulta más familiar, el factor “gestión pública y social”) que, debidamente reconocido, clarificado, refrendado y juiciosamente aplicado así como exigido y vigilado celosamente luego en la praxis del actuar institucional y social, impida cometer con TLC los mismos desmanes de desempeño que han llevado a la improvisación y festinamiento por tantos sin pudor o conciencia alguna, durante tantos años sin TLC, de tantos recursos y esfuerzos nacionales.

El problemita es que la improvisación rayana en irresponsabilidad e impreparación total en el ejercicio del poder político e institucional, y de la gerencia pública como tal, se ha convertido en Costa Rica en un pasatiempo favorito de líderes, gobernantes, dirigentes, analistas y funcionarios de toda raigambre.
periódico La Nación 13 de octubre de 2007

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