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RESONOCO

19/10/2007 GMT 1

Meditaciones al margen

marfuerte @ 00:16

Enrique Obregón Valverde

Gobernar es saber escoger, afirmó alguien que sabe de estas cosas

Abogado

Generalmente nos referimos a la inteligencia como a una facultad que tienen algunas personas para expresar lucidez en todos los campos del quehacer humano. Pero la verdad es que la inteligencia, así comprendida, no existe, pero sí los talentos. Tenemos la capacidad parar ciertas cosas y demostramos torpeza total para otras. El error que cometen algunos en Costa Rica es creer que si han estudiado un poco, ya tienen abierto el camino para alcanzar la presidencia de la República, como si ese fuera el objetivo supremo de un intelectual.

kLo de “zapatero a tus zapatos” es una verdad en la que debe meditar todo doctor que regresa al país reluciendo sus diplomas y convencido de que su destino está en el ágora, ignorando que ninguna academia del mundo capacita para adquirir talentos políticos. Hay facultades con las cuales se ha de nacer aprendido, como afirmaba don José Figueres. Los que no lo entienden se lanzan al ruedo imprudentemente y reciben con rapidez el topetazo: si sobreviven, deben aceptar que solamente les queda el recurso de salir del tinglado lo más rápido posible. Hay errores que abren fosas para toda la eternidad.

kEntender lo que debe hacerse en un espacio y en un tiempo determinados, en la acción política, es difícil tarea propia de estadistas. El gobernante está obligado a actuar y los intelectuales, ajenos a esa obligación, encuentran cómodo juzgar y condenar, generalmente pensando que así como tienen conocimientos teóricos también están capacitados para fijar estrategias, pero eso no es cierto.

kGobernar es saber escoger, afirmó alguien que sabe de estas cosas. El presidente de la República demuestra sabiduría si nombra a un buen equipo de gobierno, pero no siempre ha de ser de los más brillantes profesionales. No todo intelectual destacado califica para la política. Un ciudadano que tenga experiencia, sin haber pasado jamás por la universidad, puede ser un gran funcionario público. La experiencia tiene su papel; el kilometraje, como se dice con frecuencia. En Costa Rica, para gobernar, quizá el mejor hombre sea el que tiene el “acuantacito” a flor de piel.

kEn política se vive más de los errores ajenos que de los aciertos propios. Los que no tienen personalidad política esperan la equivocación del contrario para actuar. Y, cuando el error es descomunal, se lanzan desesperados a la palestra pensando que ha llegado el día de la resurrección de los muertos.

kA todos nos llega nuestra hora de burro, pero hay que rogar a Dios –como decía un escritor– para que, cuando esa hora nos llegue, nos encuentre dormidos. De lo contrario, si se trata de asuntos públicos y el que no estaba dormido se precipitó con una burrada mayor, la condena popular aparece de inmediato como respuesta. Es natural.

kDon Ricardo Jiménez repetía una frase que todo gobernante preocupado por el buen gobierno debe recordar permanentemente: “En política yo no tengo ni amigos ni parientes”.

kEn las democracias, cuando se discuten desviaciones ideológicas y éticas, en medio de las contradicciones, resalta un principio que los ciudadanos debemos acatar, estemos o no en la función pública: en nuestras actuaciones diarias, primero ha de estar la democracia con sus objetivos sociales y sus firmes bases morales; después, todo lo demás. Es fácil no equivocarse, solamente deben respetarse las normas democráticas.
periódico La Nación 13 octubre 2007

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