Un político para siempre
Esteban Porras Zúñiga
Estudiante UCR
Antes de subir al cadalso, Tomás Moro le pidió al oficial que dirigía su ejecución: “¿Puede ayudarme a subir? Porque para bajar ya sabré valérmelas por mí mismo”. Bajó, es cierto, pero no lo ha hecho de nuestra memoria y hoy más que nunca cobra especial importancia, razón segura por la que políticos de todo el mundo, católicos y no católicos, solicitaron su nombramiento como patrono de los políticos y gobernantes.
Profesión de servicio. La política nunca fue para él una profesión interesada, sino un servicio, tenía para esto un conocimiento profundo de las leyes, la historia, el latín que le hizo ser considerado como uno de los grandes humanistas del renacimiento. Lo cual supo conjugar con una comprensión privilegiada de la naturaleza humana y el entorno social, su casa siempre abierta a los jóvenes amigos en busca de la verdad, lo convierte en el modelo creíble que necesita el momento histórico, donde la política es la que domina todo y el ejemplo del canciller de Inglaterra obtiene fuerza.
La vida de Sir Thomas será recordada más por su integridad que por sus logros, aunque son bastantes, “Muero como un servidor del Rey, pero Dios es lo primero”. Sabía que no firmar el documento donde los hijos de Enrique VIII, casado en segundas nupcias con Ana Bolena, eran declarados legítimos herederos al trono, le costaría la vida, pero no podía renunciar a su conciencia, siempre fiel a su país y a su rey, fiel al servicio y no al servirse, gran diferencia esta.
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Según Montesquieu, “el poder corrompe” y por eso es necesario engrandecer el ejercicio de la política, trasquilada en ciertas ocasiones por personas que han visto en el oficio una plataforma y una vitrina, no la gran aventura de servir a la sociedad como lo vivió el santo. Para algunos más bien podría ser un incomodo referente de cómo se deben vivir con valentía los principios cristianos, ante la cobardía y claudicación a la hora de defender lo que creen y la vacilación a la hora de renunciar a un privilegio.
Para los jóvenes, un modelo. El expresidente de de Italia, Oscar Luigi Scalfaro, dijo en una ocasión refiriéndose a Moro: “Para ser buenos políticos hay que ser, ante todo, personas integras y formadas”. El encuentro del joven Moro con la obra de Giovanni Pico della Mirandola, figura clave en el Renacimiento italiano, marcó un momento decisivo en su vida. De igual forma el encuentro con Tomás Moro puede significar para el joven, y no tan joven, un antes y un después en su vocación política.
El largo camino que hemos recorrido de cara a la decisión de aprobar o no el TLC con EE. UU. ha provocado que muchos jóvenes vuelvan a tomar interés en asuntos políticos y a involucrarse en las decisiones del país; resulta entonces de gran provecho evocar la figura del político por excelencia.
Como en el año 40, cuando se fundó el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, surge una juventud con inquietudes, con afanes políticos y culturales, y, sobre todo, de acción. Y, en palabras de Roberto Brenes Mesen, ¿estaremos en el momento indicado, listos para asumir gloriosamente la misión? Moro la asumió con hidalguía, y, por eso, lo recordamos cinco siglos después.
periódico La Nación 14 octubre 2007.

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