Columna Surco
Francisco Barahona R.
Desde esta columna siempre hemos sido pesimistas sobre la posibilidad de que la Asamblea Legislativa aprobara un paquete de reformas electorales que desde hace muchos años el país exige, e incluso el mismo TSE, como necesario si se quiere modernizar y poner en concordancia nuestra legislación con los nuevos mandatos constitucionales de una democracia participativa. Hemos dicho que existe voluntad política para no aprobar esas reformas de parte de los partidos políticos tradicionales, quienes prefieren en su propio beneficio, continuar defendiendo el status quo y sobre todo, el disfrute de la enorme deuda política adelantada, 0,19% del PIB y el manejo “gamonalista” y casi mafioso de la selección de los candidatos a diputados y demás estructuras de poder, lo que garantiza la continuidad del esquema tradicional de toma de decisiones y aumenta la insatisfacción y crítica ciudadana, parecieran no existir oídos sensibles a estas nuevas demandas populares.
El ejemplo del referéndum reciente, en su resultado mayoritario, además de consolidar un esquema de pensamiento neoconservador de apertura, cercanía y sometimiento con Estados Unidos, consolida, aunque precariamente por el resultado estrecho, esta inercia conservadora que ha unificado ideológicamente a los partidos tradicionales hacia la derecha, permitiéndoles obtener ese triunfo a como haya lugar, con inequidad y mediante un uso excesivo de recursos dudosos, económicos privados e institucionales públicos, además de una prensa mayoritariamente comprometida con esos intereses desde hace muchos años.
Todo esto refuerza el análisis en el sentido de restarle importancia a las reformas electorales, a patear de nuevo la bola para adelante y, utilizando el escándalo del memo fatídico Casas-Sánchez y su desprestigio, usarlo como excusa para frenar el conocimiento de esta nueva posible legislación electoral y dejarla, una vez más, para el futuro incierto, más allá de la administración actual; repitiéndose una vez más la historia y beneficiando como en el pasado, a las actuales estructuras de poder, que creen ver reforzadas sus huestes gracias al triunfo del Sí al TLC. El futuro nos dará o quitará la razón, pero lo importante no es eso, sino que avancen los nuevos tiempos de una democracia participativa real, que por el momento sigue teniendo muchos enemigos y obstáculos; confío en que ellos no sigan ganando la batalla.
Es conveniente además, mencionar el nombramiento de Costa Rica por tercera vez, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, triunfo que hay que reconocerle ampliamente a esta administración y en especial a Arias y a la Cancillería. Tal logro, que exigió cambios importantes previos de nuestra política exterior como la apertura diplomática con los países árabes moderados, las nuevas relaciones con China Popular y otros, aumentan el prestigio del país y le da nuevos instrumentos en sus temas de defensa histórica como el desarme, la defensa de los derechos humanos, la democracia, el equilibrio ecológico, la paz y la reforma del sistema de la ONU. Estos temas merecen del país un esfuerzo suplementario en estos dos años en que nuestra voz será de mayor amplitud gracias a este nombramiento. Debemos aprovechar al máximo esta nueva oportunidad de presencia internacional, utilizando en ese empeño, todos los mejores recursos humanos e históricos con los que contamos, más allá de banderías partidistas que solo nos limitan. El presentar una agenda internacional basada en prioridades de políticas de estado a partir de un diálogo franco, plural y eficaz, puede maximizar nuestra presencia en la ONU y por ende en el mundo, para nuestro beneficio.
periódico La Prensa Libre 18 octubre 2007

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