Dos gigantes
Thaís Córdoba R.
Unidad Asia-Pacífico, UNA
Las emergentes economías orientales, en especial India y China, vienen creciendo con índices que las han situado entre las primeras economías del mundo, desplazando a países industrializados que no logran sostener el ritmo, y algunos ya han sido aventajados.
The Economist prevé para el 2007 un cambio de ciclo económico en China, basado en la evolución de una economía impulsada por la inversión en activos fijos, hacia un mercado más sostenido por el consumo, lo que ha provocado una grave inflación del precio de las materias primas. El crecimiento económico aumenta considerablemente su consumo de hidrocarburos. Los dos países se encuentran en todos los frentes de las nuevas guerras por el oro negro. El motor de la India es el consumo, los ingresos en alza y una clase media en expansión, pero el 77% de los hindúes viven con menos de 20,3 rupias (medio dólar) por individuo al día, equivalente al precio de un litro de leche en Nueva Delhi. India ya no presenta imágenes de hambre, enfermedad y abandono, y es hoy sinónimo de tecnología, software , call centers y grandes empresas de alcance global.
El primer ministro Manmohan Singh expresa que el boom económico no ha logrado reducir el abismo entre las urbes y el campo. En las zonas rurales es donde el Gobierno tiene, además del económico, otro caballo de batalla: la superación del rígido sistema hindú de castas que pervivió en la colonización británica y resiste aún, al calor de la tradición religiosa y de un escaso índice de alfabetización. En los últimos meses, India ha dado pasos significativos hacia la igualdad, reflejados en la elección de una “dalia” o intocable (la comunidad más desfavorecida en el sistema de castas) como jefa de Gobierno del importante estado norteño de Uttar, el más poblado del país.
Actores determinantes. China y la India no son solo las fábricas del mundo, son dos actores determinantes en una nueva escena económica de la que sacan grandes beneficios. Mientras el modelo chino se cimenta en la estabilidad política y fortaleza económica, el modelo indio se fundamenta en elementos jurídicos y fortaleza institucional, en un marco democrático respetado en los 57 años de su república.
Algunos analistas piensan que China ha abandonado el socialismo y que el actual crecimiento económico y social son prueba de que el capitalismo funciona mucho mejor. Todo lo que está mal (falta de democracia, corrupción) es el resultado del socialismo e, inversamente, todo lo que está bien es debido al capitalismo. Este argumento, bastante simplista, trata de invertir la realidad y, de ese modo, salvar las bases en el plano ideológico.
China ha encontrado presiones de parte de EE. UU., la OMC, la OCDE y otros organismos en diferentes aspectos: exigen la revaluación del yuan, eliminación de subsidios y aranceles, desprotección del mercado interno y regional. Existen tensiones en la pugna de los mercados y la competencia con precios bajos. Hay grupos económicos y Gobiernos que hablan de amenaza por la inundación de mercados, de los desafíos, y otros hablan de oportunidades.
En los últimos 25 años, China ha crecido a un promedio de 9,5%. Sus más importantes índices económicos son favorables: el PIB y el per cápita van en ascenso, junto con el superávit en la balanza comercial y las reservas internacionales. Cuenta con un bajo compromiso en deuda externa.
La importancia de India en el futuro no va a ser únicamente económica. India está destinada a tener un creciente protagonismo geopolítico en un mundo cuyo centro de gravedad se desplaza hacia Oriente. Su posición geoestratégica, a medio camino entre Oriente Medio, Asia Central y el Lejano Oriente, puntos vitales en la próxima evolución de la oferta y demanda petrolífera, la coloca en una posición de potencia regional en el sur de Asia, factores que refuerzan la importancia mundial de India.
periódico La Nación 25 octubre 2007

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