DE CORAZONES Y CEREBROS
Aramis K. Vidaurre
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él emana la vida”. Proverbios 4:23
En el corazón se encuentra las actitudes y las emociones de toda persona. Es indudable que muchas decisiones que tomamos día a día se basan en el impulso que ellas nos proporcionan, para bien o para mal. Las campañas electorales por medio de las distintas estrategias de marketing político desplegadas por los sectores involucrados buscan precisamente dirigirse a la ciudadanía por medio de lazos emotivos para incidir sobre su voluntad y obtener su voto. No sólo es trascendental conocer al candidato y a su adversario, sino también conocer qué conmueve al electorado. A pesar de las diversas críticas que se han derivado por la necesidad de generar más discusión de ideas y menos emociones, el corazón sigue teniendo un papel fundamental cuando se trata de tomar decisiones que afecten al colectivo.
Poco exigentes. Durante la campaña de cara al referendo, fuimos espectadores de una estrategia publicitaria de corazones distanciados por la falta de comunicación. Quizás nos molestamos por presenciar una trama novelesca que carecía de contenido, salvo la información que acompañaba el final de cada episodio (por cierto ¿los corazones volvieron?). A pesar de esa molestia, una campaña comunicativa de semejante talante es fiel reflejo de que todavía hay sectores del electorado que se ve afectado por lo emocional. No hay que olvidar que la frase “pegajosa”, la imagen sonriente de un candidato o los abrazos han sido la tónica en anteriores campañas con el fin de “seducirlos”.
Sin embargo, en razón de lo específico y técnico que significó en muchos ámbitos la información contenida en el texto del CAFTA, hay que preguntarse si en lo sucesivo el seguir enfocándose en lo emotivo vaya a tener un impacto significativo.
Empleo vrs. Soberanía. Sin querer desmeritar todos los argumentos que se esgrimieron, enfoquémonos por unos instantes en aquellos que pudiéramos decir más consistentes de ambos bandos: por un lado los del “Sí” se centraron permanentemente en la idea de que la entrada en vigencia del Tratado generaría miles de empleos a partir de la llegada de empresas e inversiones; en el “No” uno de los enfoques fue la pérdida de la soberanía nacional y que el TLC venía a cambiar el esquema constitucional. Consideremos también por unos instantes que el factor emocional se hallaba en explotar la identidad nacional y la defensa de la soberanía como valores. Asimismo, tomemos como el factor racional la necesidad de empleo. Cuando se pone a la ciudadanía a decidir entre empleo y soberanía, la respuesta, que bien pudiera deslindarse del resultado, nos da algunos signos de cómo el impacto de lo emotivo podría muy pronto ir cambiando.
La necesidad de búsqueda de una mejor calidad de vida puede ser para muchos algo más significativo –y racional- que defender al país de los intereses de las trasnacionales, como se manifestó. No con esto se quiera decir, como también algunos detractores del Tratado lo enfocaron: vender al país por un plato de frijoles. Pero si no se pudo evidenciar que perderíamos más con el TLC que sin él o que había una propuesta alterna, el argumento de las oportunidades laborales que vendrían con su aprobación tenía las de ganar. Más aún, si la campaña del “Si” se hubiera enfocado en una estrategia seria en vez de recetar por meses corazoncitos enojados y fotos de Stalin quizás la diferencia hubiera sido abrumadora.
De cara al futuro. Si este panorama sugiere que la balanza entre lo emotivo y lo racional puede irse inclinando más hacia lo segundo, ello tendría importantes repercusiones de cara a los procesos siguientes –sea electorales o de referendos-. Ante esto, en cuanto a las luchas sociales, se debería construir un mensaje con argumentos más acordes con los signos de los tiempos, pero sin abandonar su esencia. Dicho de otra forma, tal vez ni Juanito Mora ni Juan Santamaría pueden hacer más de lo que ya hicieron por nosotros en algún momento de la historia.
No hay que olvidar que cuando las pasiones se desbordan en la política se activa también el hígado; y este órgano está más cerca del corazón que del cerebro. Aunque usted no lo crea.
tomado de Costa Rica Hoy. 25 octubre 2007.

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