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RESONOCO

30/10/2007 GMT 1

MEDIOS: El debate que faltó

marfuerte @ 02:17

Rogelio Cedeño Castro

Sociólogo, UNA

Cuando escuchábamos, durante la noche del viernes 5 de octubre, a través del canal 6 de Repretel y sus noticiarios, que muchas empresas agrícolas del sector exportador cerrarían sus actividades, en caso de no ser aprobado el TLC con Estados Unidos (CA-EU-RD), no pudimos dejar de pensar en la imperiosa necesidad que sentimos, hace un par de meses, acerca de la importancia de llevar a cabo un debate sobre el tema de los medios de comunicación y su papel en las sociedades contemporáneas. En esos días de junio y julio estaba muy fresco el escándalo que la SIP y los medios de comunicación, propiedad del capital financiero y de las transnacionales, habían montado en todo el mundo, a propósito de la no renovación por parte del gobierno venezolano, de la concesión de la frecuencia que venía empleando Radio Caracas TV.
Violentando la presunta tregua electoral, sólo efectiva al parecer para quienes conformamos el movimiento cívico y popular de resistencia al neoliberalismo, los medios tales como Canal 6, Canal 7, La República y los diarios del Grupo La Nación: La Nación y Al Día, montaron una ofensiva para decirles a los costarricenses que el único camino posible, era el de la sumisión a los intereses que fraguaron en la sombra esa monstruosidad que todavía hoy quieren vendernos como si se tratara, en verdad, únicamente, de un acuerdo comercial con Estados Unidos y el resto de Centroamérica, cuando en realidad se trata de todo el programa político y económico que el neoliberalismo no había podido imponerle todavía al pueblo costarricense.
Mientras buscaban frustrar las expectativas libertarias de todo un pueblo, los dueños de la opinión y la conciencia de los costarricenses no escatimaron ningún esfuerzo, ni dieron muestras de escrúpulo alguno para reafirmar no sólo el desbalance informativo que caracterizó la etapa previa al referéndum del pasado 7 de octubre, sino que decidieron intimidar y chantajear a la población en lo que constituye un claro delito electoral, aunque tolerado por las autoridades del Tribunal Supremo de Elecciones.
Ni siquiera la actitud heroica del semanario UNIVERSIDAD y de algunos productores radiales independientes, a quienes se unió en algunos momentos una postura informativa un poco más abierta, de parte de los medios electrónicos y de prensa del Grupo Extra, pudo establecer el balance informativo que tanto estaba requiriendo la sociedad costarricense.
Reconocemos el decidido y valiente esfuerzo de don Armando Vargas Araya y don Óscar Aguilar Bulgarelli, entre otros ciudadanos preocupados, por abrir el debate a partir de una serie de planteamientos, elaborados a partir del Observatorio de los medios de comunicación, los que -sin embargo- no alcanzaron a variar el curso de los acontecimientos.
Cualquier desaprensivo ciudadano podría pensar, que una vez concluida la fase electoral, en el país las cosas han vuelto a la normalidad. El problema reside, más bien, en preguntarnos: ¿de qué clase de normalidad estamos hablando en una sociedad donde la verdad ha sido acallada y la mentira continúa reinando en su lugar, como si nada hubiera ocurrido? Es por ello que para estos presuntos informadores, cuyo código deontológico parece ser el mismo de los personeros de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la desinformación constituye un ejercicio permanente. Para el Grupo La Nación, como para Repretel y otros liberticidas, el Movimiento de Resistencia al TLC y la formidable estructura de los comités patrióticos, desplegada a través de toda la geografía nacional, ni siquiera existen y así, mientras tratan de dividir a la formidable coalición del NO que tanto los asustó en un momento determinado, continúan diciendo de nuevo que la sumisión es el único camino posible y que cualquier acción de la resistencia popular es sólo fruto de la imaginación desbordada de unos cuantos estudiantes y otros tantos sindicalistas.
De esta manera, se han dedicado a vendernos la imagen de un país que literalmente no existe, al negar el descarado fraude que ellos mismos llevaron a cabo, sin necesidad de alterar los resultados al interior de las urnas. Es por ello que sigue pendiente un debate serio, como base previa a una profunda redefinición del papel de los medios de comunicación en una sociedad, de verdad democrática, dentro de la cual les resulte imposible a las elites del poder seguir manteniendo secuestrada la conciencia ciudadana.

Semanario Universidad 25 octubre 2007.

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