Renovación de liderazgo
José Daniel Rodríguez A. | josedanielcr@gmail.com
Politólogo
Con la culminación del proceso del referéndum surgió un tema –explícita e implícitamente– sumamente importante en nuestro contexto: la renovación de líderes.
Dentro de un régimen político que se considere democrático, existen muchas características inherentes y adquiridas para que se mantenga y perpetúe; una, entre muchas otras de igual importancia, es la renovación de los líderes en tanto renovación de ideas, adaptación a los cambios, un aspecto a evaluar también a lo interno de sus respectivas instituciones y organizaciones de interés público; independientemente de la forma democrática en que algunos son elevados a puestos de mando, puede surgir una contradicción debido a que su elección constante quebranta lo que podemos considerar como principio de renovación.
Por ejemplo, basándonos en el protagonismo de la coyuntura actual, una de esas organizaciones, de gran relevancia en el juego democrático, son los sindicatos, por definición representantes de los intereses de amplios sectores de la sociedad. Como parte de un sistema democrático, los sindicatos también deben estar sujetos, por su propia salud y credibilidad, a la renovación de líderes, su labor de defensa de intereses necesita reajustes constantes de premisas.
Como es el caso de uno de los más grandes gremios del sector público del país, son harto conocidos los nombres de sus representantes, que datan de muchos años atrás, y son actores de apariciones exhaustivas pero, más aún, con una casi nula actualización de ideas y métodos, lo que ciertamente les resta el dinamismo necesario para desempeñar su labor y los lleva a ser fácil crítica de su contraparte política natural.
Caras repetidas. Otro ejemplo clásico lo encontramos en la Asamblea Legislativa; si bien la última elección trajo algunas caras nuevas, también hizo repetir a viejos conocidos que han cumplido esa labor hasta tres períodos, inclusive. De nuevo surge la contradicción, porque estos representantes son llevados por medios democráticos, mas su presencia no es lo más conveniente, pues atenta contra el principio de renovación base de esta reflexión.
Así podemos citar más muestras desde las carteras del Poder Ejecutivo hasta los eternos candidatos en las elecciones locales. La experiencia no puede ser subestimada, eso sería irresponsable, pero el ciclo de revitalización es un hecho. Es imperativo que analicemos cuidadosamente la innovación de los responsables de las tomas de decisión del país es vital para el proceso de consolidación constante de la práctica democrática por cuanto “líderes nuevos son nuevas ideas” y este refrescamiento es lo más beneficioso en un mundo que, en los últimos años, ha duplicado su velocidad.
periódico La Nación 26 octubre 2007.

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