Librero
(In)felicidades familiares
Carlos Fuentes
Todas las familias felices
Cuentos
Editorial Alfaguara
Amalia Chaverri
Filóloga
la familia es el embrión y espacio socio-cultural donde se dan las primeras relaciones de poder. A su vez, el consenso social “define y estipula” que el deber ser de ese núcleo, cuya importancia no negamos, es ser (valga la redundancia) un espacio de convivencia, comprensión, felicidad; en síntesis, ser suma de los valores que le ha asignado la colectividad.
Por alguna “razón” –no muy oscura–, ese primer núcleo social ha sido escenario recurrente en el que escritores (baste recordar a Shakespeare) han plasmado variantes de las relaciones jerárquicas y reacciones al abuso del poder: celos, envidias, pasiones desenfrenadas, deslealtades, odios, ambiciones, traiciones, y también matricidios, fratricidios, venganzas y mucho más.
El último libro de Carlos Fuentes,Todas las familias felices , de un título irónico e impostor, presenta relatos de situaciones familiares que no tienen nada de “felices”.
Conviven en el texto dos conjuntos de modalidades de escritura: dieciséis cuentos, no alejados de la norma y estilo que hemos visto en Fuentes; estos relatos, independientes entre sí con una sola excepción, abarcan temas y problemas del núcleo familiar: entre hermanos, entre padres e hijos, matrimoniales; también, situaciones de envidia, celos, odios, engaños, etc.
Ellos se intercalan con otros dieciséis relatos, subtitulados “coros”, unificados por un estilo literario totalmente diferente y cuya tónica es la subversión a la norma gramatical. Como es propio de los coros, estos funcionan como eco de alguna de las problemáticas expuestas, o son las voces provenientes de núcleos familiares desintegrados, o las que claman ante desgarramientos sociales, o las de grupos consolidados a partir de la violencia, como las pandillas, para sólo mencionar lo que vive la sociedad latinoamericana.
Baste recordar algunos subtítulos: coro las madrecitas callejeras, de la familia asesinada, de los niños adoloridos, de las familias rencorosas, de los compadres rivales, de las familias salvajes . Esta doble alternabilidad –entre relatos y coros– produce un doble contrapunto: entre estilos literarios y entre las voces individuales de los espacios íntimos (familiares) del primer grupo y el retumbo polifónico de voces, aún más dolorosas e “infelices”, de los coros.
La relación con nuestra introducción se establece porque cada relato es un microcosmos cuyas situaciones y su contexto psicosocial son análogos a los que suceden (y que se extienden como ondas concéntricas) en otras formas mas amplias, de organizaciones sociales.
Leer cada uno de estos relatos es leer también la conocida, diversa y heterogénea problemática social de México, la situación política imperante, la corrupción, siempre vigente, y los dolores y episodios de su historia pasada.
El gran escenario donde comparten esas familias “felices” es el México ferozmente criticado por Fuentes, como ha sido consustancial en él, especialmente en cuanto a la corrupción, ya sea en forma implícita o explícita: “Hasta darme cuenta de que en México lo único moral es hacer fortuna sin trabajar”… “Veinticinco años de honradez me costó llegar a un instante de mendicidad”.
Es clara la analogía que se puede establecer entre “las familias felices” y la “infeliz” sociedad de la cual forman parte. Como el consabido dicho del huevo y la gallina, vale preguntarse qué se da primero, si los problemas en el interior del grupo familiar que conducen a una sociedad desgarrada; o si, por el contrario, la sociedad es culpable de las (in)felicidades familiares. El texto hace pensar en la variedad de “familias felices” que nos presenta, por la diversidad de problemas que se producen en su interior, y por el disfrute que nos deja su lectura.
Suplemento Áncora, periódico La Nación 28 octubre 2007.

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