Nos reinventamos o morimos’
‘
Exitosa Sin sexo ni efectos especiales, la cinta ‘Qué tan lejos’ arrasa la taquilla en España
Carlos Cortés
Escritor
La realizadora ecuatoriana Tania Hermida se define como una cineasta independiente, “testaruda como yo sola”, “ferviente creyente en las misiones imposibles”, como el cine, y en luchar por hacerlas posibles.
“Lo más difícil de una película no es encontrar financiamiento, sino mantenerte fiel a lo que quieres hacer y no desvirtuarte a ti mismo. En el cine están dadas todas las condiciones ideales para... hacer otra película, no la tuya”, dice con una gota de picardía.
“Durante el proceso surgen numerosas alternativas de coproducción, pero algunas de ellas, si se aceptan, terminan destruyendo tu proyecto”, añade.
Fue la primera sorprendida cuando su opera prima , Qué tan lejos , arrasó en la taquilla ecuatoriana con 210.000 espectadores en el 2006. La sorpresa absoluta vino al saber que se convirtió en la número uno en España, por encima de éxitos asegurados, y el diario El País la señaló como el nuevo rostro del cine latinoamericano.
Hermida vino a Costa Rica como parte del jurado de la reciente convocatoria de Cinergia, el Fondo de Fomento al Audiovisual de Centroamérica y Cuba, y observó en la región algunas de las características que precedieron al boom audiovisual del Ecuador.
Películas como Ratas, ratones y rateros (1999) y Crónicas (2004), de Sebastián Cordero, y ahora Qué tan lejos , confirman el excelente momento que atraviesa una cinematografía hasta hace poco incipiente.
El inesperado auge de su primer largometraje pone en cuestión algunos de los supuestos “dogmas” del cine actual y demuestra que “sí se puede, que no está perdida la batalla, y que la gente no solo está dispuesta sino encantada de ver cine propio”.
Qué tan lejosabre la puerta a que los países pequeños puedan hacer buen cine, crear nuevas vías de exhibición y mostrar la realidad latinoamericana sin caer en lugares comunes: “Los grandes mercados exigen de Latinoamérica que solo muestre violencia social, narcotráfico, droga, delincuencia y crisis política, pero somos mucho más”.
Sin efectos especiales. Qué tan lejos rompió todos los esquemas: costó $200.000, se anunció como “Sin sex simbols, sin dobles, sin efectos especiales” y se produjo para ecuatorianos. La directora no hizo ninguna concesión al escribir el guion o filmar la película y la terminó tal y como la concibió.
“Me costó muchísimo. Mantenerme firme fue un camino muy arduo. Testaruda como yo sola, me cuidé de jamás firmar un papel que me comprometiera a seguir las sugerencias de nadie. Si me equivocaba, era yo sola; nadie más iba a ser responsable. Si se quiere hacer cine independiente, no se puede perder la independencia de camino”.
Los mejores pronósticos decían que al menos pagarían las deudas, pero no fue así. La película sintonizó con el gran público, modificó la percepción del ecuatoriano hacia su propio país, se convirtió en el mayor triunfo del cine nacional y trascendió las fronteras.
El filme es una “película rodante” –una posroad movie la calificóEl País– en el que dos mujeres, una española estereotipada y optimista, y una joven ecuatoriana escéptica, redescubren el Ecuador bajo la premisa de que “la forma en que contamos lo que nos sucede determina lo que nos sucede”.
Tania propuso nuevas formas de narrar conflictos que superan el maniqueísmo del bueno y del malo del cine comercial: “El cine solo vale la pena cuando no se limita a reproducir la mirada hegemónica. Parece una causa perdida, pero lo hicimos posible. Como dijo Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar: ‘Inventamos o erramos’. Esa es nuestra única posibilidad”.
Para ella, “hacer cine no es imitar a la industria que se supone que sabe hacer ‘el buen cine’, sino encontrar un modo de ver propio, hasta de escuchar y de posar la cámara, de contar las historias”.
“En el cine nunca hay que renunciar a hacer preguntas porque esa es la única forma de seguir aprendiendo. Creo que la película sintonizó con el público porque, en ella, los mitos de la nacionalidad están parodiados y todo está desarmado, como fragmentado, sin verdades absolutas. Ecuador es un país machista, racista, ingobernable, pero aun en las cosas más trágicas, como son estas, sabemos reírnos de nosotros mismos. Lo que hicimos fue plantearnos todo de nuevo, sin certezas”, añade Hermida.
Oficio de madurez. Tania Hermida tardó 15 años en realizar su primer largometraje desde que salió de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. No se apresuró, y ha podido escaparse de hacer publicidad: “No es saludable si lo que se quiere es hacer cine independiente”, advierte.
Qué tan lejosle llevó cuatro años de preproducción: “No hay que lanzarse desesperadamente al primer largo. El cine es un oficio de madurez. No hay que apurarse sino darle a cada proyecto el tiempo que requiere para su maduración, para que las cosas se sedimenten y madure la mirada. Es muy difícil porque hay que sobrevivir”.
En el intermedio, fue asistente de dirección de largometrajes como María, llena eres de gracia (candidata al Oscar) y Prueba de vida (con Meg Ryan y Russell Crowe).
“Más allá de las cuestiones técnicas, aprendí mucho, sobre todo de los actores, que se exponen en cuerpo y alma. Una película tiene que ver con el alma del actor y hay que preservar ese estado de gracia”, expresa.
Tania Hermida ha sido elegida diputada a la Asamblea Constituyente de su país, donde se concentrará en apoyar una ley del producto audiovisual que incluya la televisión e Internet.
“La soberanía atraviesa por la señal de televisión. No podemos ser soberanos con un 99% de enlatados; sería como que la gente solo comiera comida chatarra. Es un privilegio vivir este momento en la historia de mi país, reinventar el Ecuador del nuevo milenio. No estoy sola: represento a todos los cineastas. No existe un proyecto de Ecuador sin el espacio audiovisual”, finaliza.
CARLOS CORTÉS ES PERIODISTA Y ESCRITOR. SU ÚLTIMO LIBRO ES LA NARRACIÓN-ENSAYO ‘LA GRAN NOVELA PERDIDA’.
La mirada
de la cineasta
nn n Tania Hermida es renuente a calificar el cine centroamericano a partir de su experiencia como jurada de Cinergia porque advierte que su visión es limitada. Sin embargo, explica que en la mayoría de las propuestas presentadas a la convocatoria del 2007, “falta dar el paso a una propuesta más cinematográfica, en la que se pueda apreciar la mirada de un cineasta. Los proyectos apelaban a intenciones que no eran estéticas, del tipo de ‘queremos resolver tal problema’. Hay un malentendido sobre la función del cine, que no es para fomentar el turismo ni para evitar el consumo de drogas. Hay que poner el énfasis en la manera de ver el mundo, en la posibilidad de apropiarnos del cine a partir de la mirada propia, de nuestras propias historias y conflictos”, agrega.
Suplemento Áncora periódico La Nación 28 0ctubre 2007

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