Columna A FONDO 2
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Hablemos hoy, un poco, sobre fútbol. Escena primera: La Liga Deportiva Alajuelense atraviesa una precaria situación económica heredada de sus anteriores administraciones que vendieron la idea de estar una condición boyante, pero ocultando que lo era porque no pagaban las deudas. Esta Junta Directiva, en medio de un comprobado control austero de las finanzas, envió a Brasil a dos de sus funcionarios a buscar a un refuerzo, pagándoles viaje, hotel y viáticos. En una contratación vertiginosa, importaron a Zada, un ex jugador del Vasco Da Gama quien se hallaba en plena actividad y llegó al país hace un mes.
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Vamos con la escena segunda: Sucedió el jueves pasado durante el clásico. El delantero titular lo fue Jean Carlo Solórzano quien fue sustituido por Windell Gabriel. Zada quedó en el banquillo. Preferimos suponer que si Gabriel se lesionaba, quizá al fin entraba el brasileño. Corolario de la obra: La Liga trajo a un extranjero pagado en dólares para que sea suplente del suplente del titular. ¡Todo un lujo!
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Ni siquiera para aprovechar el elemento sorpresa que todo jugador nuevo representa para el rival, quien desconoce cómo marcarlo, cómo se desplaza, cómo patea, etc., hizo méritos para entrar a jugar.
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Ahora, trasladémonos a Puntarenas. Un técnico autóctono es despedido aunque logró triunfos no usuales con ese equipo y al que se le entregó con jugadores criollos, algunos de los cuales alcanzaron un alto nivel técnico de la mano de Luis Diego Arnáez,. El hacedor de este despido es confeso: Jorge Alarcón. El motivo: el bache que traía el club desde hace algunas fechas.
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Lo curioso es que mientras Alarcón estuvo en el Saprissa, Hernán Medford atravesó baches tan largos y profundos como este de Arnáez, sin que él apareciera cesándolo o amenazándolo cesar. ¿Por qué en el Puerto sí aparece jactancioso de despedir a un muchacho humilde, para instalar a un viejo conocido de él?
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Dos estilos de dirigir a un club. En Puntarenas, una dirigencia prepotente que corrige lo que no tiene que corregir. En Alajuela, una dirigencia débil que no corrige lo que tiene que corregir. Si tuviéramos que elegir entre ambos extremos, ¡qué compromiso!
periódico LA Prensa Libre 31 octubre 2007

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