Libertad y justicia social.
Ocean Castillo Loría.
El título de este artículo fue a su vez, el lema del Partido Socialdemócrata (PSD), surgido a la vida política en 1945 como fruto de la fusión del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales (CEPN) y el Partido Acción Demócrata (PAD)
Es importante recordar este grupo político ya que su declaración de principios fue fundamental para la definición ideológica del Partido Liberación Nacional. Un primer aspecto, que resulta de sumo interés, es el deseo de la agrupación de constituir un partido permanente e ideológico.
En estos tiempos en los que en cada proceso político partidista aparecen una mayor cantidad de agrupaciones, no es despreciable el recordar lo difícil que es dar estabilidad a una estructura partidista.
Por otra parte, en un siglo donde el tema ideológico pasa a un segundo o tercer plano y la mayoría de las veces las opciones de tipo reformista, son en realidad neoliberales, debe subrayarse la aspiración de los fundadores del PSD de construir un planteamiento serio para la solución de los problemas del país.
Otra meta del PSD, era la eliminación del cacicazgo político y el que fueran los méritos los que permitieran el ascenso en el escalafón político. Como se ve que debemos volver a plantearnos este tema el día de hoy donde es el dinero, las relaciones familiares o alguna otra causa, la que permite el protagonismo de cierta dirigencia dentro del PLN.
Las ideas programáticas de los socialdemócratas contemplaban una reforma del Estado. Hoy seguimos discutiendo este tema. Lo que se ha llamado reforma del Estado en los últimos 24 años, es la desarticulación del aparato institucional para permitir que sea el mercado el que cohesione nuestra sociedad; deberemos avocarnos a visualizar un Estado descentralizado y fuerte para corregir las distorsiones del libre mercado.
Otro aspecto que exponía el PSD, era la reforma al sistema electoral de su tiempo. Deberíamos recobrar esa preocupación, sobre todo, ahora que cada vez nos acostumbramos a participar en procesos electorales o de consulta popular, siendo nuestro norte promover una democracia más participativa.
En esta línea también los socialdemócratas procuraban una reforma al régimen municipal. Este también es un tema actual, si aspiramos a un Estado descentralizado, debemos confiar en municipalidades fuertes.
A mediados de los cuarentas, el PSD refería a una mejora de la política hacendaria. ¿Será capaz el PLN de establecer un sistema progresivo de impuestos?, ¿Seguirá siendo sueño el ideal de Don Alfredo González Flores de que el rico pague como rico y el pobre como pobre?
Nuestra política económica depende cada vez más de la venta de servicios y de la atracción de la inversión extranjera directa, esto nos presenta oportunidades pero también riesgos, uno de ellos, es el convertir todo en mercancía. Debemos saber distinguir entre lo que es objeto de comercio y lo que no lo es. Un ejemplo de ello es la salud.
No podemos olvidar, como no lo olvidó el PSD, que nuestro principal compromiso es con la solidaridad. Nos hemos preguntado y reflexionado mucho sobre la reforma económica del país. Preguntémonos y reflexionemos sobre el remozamiento de la reforma social para este siglo.
En política internacional, deberíamos comenzar a hablar seriamente de un proceso de globalización controlado bajo las premisas de una ética que permita el bienestar de las mayorías y para tal fin, deben fortalecerse organismos como la ONU. En este mismo marco, no debe renunciarse al tema de la integración centroamericana, conociendo bien sus virtudes y limitaciones.
En la esfera político – administrativa del Estado, debemos rescatar del PSD la idea de desterrar la politiquería en su composición y accionar. No se puede arriesgar en ella, la pérdida de confianza en el sistema democrático.
De la trayectoria política del Partido Socialdemócrata debemos aprender la mística en su actividad. Esa mística solo puede lograrse cuando hay convencimiento en las ideas que se plantean, cuando la confianza está en los planes y los programas más que en la maquinaria electoral.
La trascendencia histórica de este partido, se vincula con la convención oposicionista de febrero de 1947, en la que resultó electo Otilio Ulate como candidato para las elecciones de 1948. En principio, el PSD apoyó a José Figueres Ferrer, pero luego, por realismo, se volcó hacia Ulate. Del mismo modo, es de suma importancia observar como este grupo fue fundamental para llevar adelante la huelga de brazos caídos y el posterior alzamiento en armas de Figueres.
En esta línea, también es dable reconocer que la Junta Fundadora de la Segunda República fue compuesta totalmente por militantes del PSD. Es por esta razón, que el partido acuerda controlar la acción de los miembros de la Junta y hacer observaciones críticas a su labor. ¡Cuánta falta nos hace hoy esta actitud! Tal parece que cuando se ejerce el poder se acalla la capacidad de la fiscalización y el pensamiento agudo en pro de mejorar el funcionamiento partidario.
El 8 de diciembre de 1948, el PSD fue a las elecciones para elegir Constituyentes (Es precisamente de este instante, el lema que encabeza este artículo) . Eligieron cuatro diputados propietarios y uno suplente, éstos fueron capaces de discutir en el seno del espacio para formar una nueva Constitución Política, los postulados de su programa, programa que debería ser cada vez más el nuestro: Libertad y justicia social.

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