Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Uno de estos pasados días, alguien nos recordó que en algunos estados de Estados Unidos, cuando a un conductor lo detienen borracho al frente de su vehículo, las autoridades le exigen que diga en qué bar consumió el licor y a este negocio lo castigan con toda severidad por haberle suministrado alcohol de más, a una persona.
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La verdad es que, a menos que las leyes hayan cambiado, lo cual es cosa que no creemos, igualmente trajimos a la memoria aquel Long Island, estado de New York de hace muchos años, en donde nos sorprendió el hecho de ver quedarse a dormir en las alfombras, a todo un grupo de invitados a una fiesta de latinos. Cuando indagamos la razón nos explicaron precisamente que no es solo a las cantinas, sino a los mismos amigos particulares. De llegarse a hallar a uno de esos comensales manejando ebrios, le conminan con multas muy severas si no lo hace, a decir en qué casa de los amigos se emparrandó.
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Sin hurgar mucho en cuáles razones, no dudamos que aquí la Sala Constitucional va a decir que es una violación a los Derechos Humanos, o que por no haber cometido la infracción en forma personal, no puede exponerse a un castigo.
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Más maliciosamente pensamos que en un país en donde casi todo el mundo bebe guaro, y que si hay gente sociable lo son los diputados, muchos de ellos estarán pensando con sugerencias así, que es cuchillo para su propio cuello.
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Hace algunos años fui Inspector de Tránsito Ad Honorem. Siempre critiqué la morbosidad de los jerarcas por ponernos a realizar operativos en San Francisco de Dios Ríos, frente a alguno de los moteles. No solo estos son un lugar de consumo por excelencia, sino que hemos de suponer que en condiciones normales, los usuarios saldrán de ahí habiendo quemado tanto calorías como alcoholes. Lo valiente sería, dije sin ser oído, ir a las salidas de las grandes zonas de consumo, las cuales no detallo porque se me acabaría el espacio.
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Este problema tan grave podría solucionarse en buena parte tomando medidas efectivas, en leyes y en el ejercicio de la autoridad. Pero no se hace porque es ir contra toda una cultura del guaro ya convertida en parte de nuestra naturaleza social.
periódico La Prensa Libre 5 noviembre 2007

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