Columna Ojo Crítico
Rodolfo Cerdas
Politólogo
El viaje del Presidente Arias a la República Popular China acaba con una de las fuentes más obvias de corrupción política y comienza una época de respeto y colaboración mutua.
Acaba con el mercadeo y trasiego de influencias a cambio de viajes, regalías y beneficios particulares. Esta nueva relación se sustenta en el respeto a la dignidad nacional, los intercambios recíprocamente beneficiosos y la conveniencia y colaboración mutua. Esto es lo que Costa Rica necesita y merece en sus relaciones internacionales: apertura, flexibilidad, intercambio comercial, económico y cultural, y espíritu de ayuda y colaboración.
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Los costarricenses debemos felicitarnos de que se hayan dejado atrás las nefastas prácticas que asociaban nuestra política exterior a las prebendas y cuasiextorsiones que se hacían al Gobierno de Taiwán. Los últimos escándalos por donaciones y financiación oculta e indebida de campañas y personas son muy recientes, como para no ver que ni los taiwaneses, ni nosotros, merecíamos semejante escarnio.
Además de las enseñanzas que podemos hallar para nuestra moral pública y política exterior, hay una para la propia Taiwán: no existe camino alguno para su independencia total. La isla es una parte indivisible de la China continental y lo único verdaderamente racional y sensato es buscar un entendimiento duradero y seguro que, respetando las particularidades y los ideales democráticos de su población, permitan una integración paulatina y constructiva con la República Popular.
Que esto es lo realista y sí se puede lograr, lo demuestra el caso de Hong Kong. Soñar con la separación de Taiwán es iluso. No estamos en el siglo XIX y su Estado no es el débil que tuvo que soportar las guerras del opio. China no puede ser dividida ni desde dentro, ni mucho menos desde fuera, por presiones extranjeras. Costa Rica, que tiene tanto que agradecerle al pueblo chino: primero por la ayuda y generosidad de los taiwaneses y, ahora, por la flexibilidad y apertura de la China Continental, puede contribuir así a la paz y la seguridad en Asia.
Ser amigos de China y del pueblo taiwanés significa oponerse a las falsas ilusiones separatistas que, aparte de dividir a los taiwaneses entre chinos foráneos y población autóctona, choca contra la realidad política y las tendencias que prevalecen en el mundo actual. Costa Rica, al dar el paso correcto de redirigir sus relaciones hacia la China Popular, debe readecuar a ello su conducta en todos los ámbitos y organismos internacionales. Sin duda alguna, este será uno de los aciertos que la historia deberá reconocer al gobierno del presidente Arias.
periódico La Nación 4 noviembre 2007

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