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RESONOCO

05/12/2007 GMT 1

Un ‘evangelio’ diferente

marfuerte @ 00:54

Gnósticos Hace 50 años se halló un antiguo escrito de una comunidad cristiana: la de Tomás

Róger Prendas Garro | rprendasg@yahoo.es
Diciembre de 1947. Siete campesinos buscan fertilizante cerca de la población de Nag Hammadi, en la árida región de Jabal al-Tarif, en el Alto Egipto, al norte del Nilo. Un joven de quince años desentierra una vasija de sesenta centímetros de alto y de color rojizo, la cual –él no lo sabe– contiene uno de los mayores tesoros arqueológicos del siglo XX.

Su hermano mayor, Muhammad Ali al-Samman, se hace cargo de la situación. ¿Qué hacer? ¿Romper el recipiente, con el peligro de liberar un jinn (espíritu maligno)? ¿Arriesgarse y hallar un tesoro para salir de pobres? Finalmente quiebran la vasija, pero no ocurre ni lo uno ni lo otro: sólo hallan irreconocibles papiros que terminarán repartidos algunos, quemados otros, y al final vendidos en el mercado negro de antigüedades o amontonados entre el polvo y el olvido de algún anaquel del Museo Copto de El Cairo.

Por fortuna, con el tiempo se pudo reunir lo que quedaba de la Biblioteca de Nag Hammadi: 52 textos. Estos dan cuenta de las fuentes primarias de las doctrinas gnósticas que circularon en los primeros años de la era cristiana. En tales doctrinas se privilegiaba un conocimiento especial ( gnosis ) como meta de realización espiritual.

Entre todos los textos destaca el llamado Evangelio de Tomás , del que antes apenas se tenían fragmentos en griego del papiro de Oxyrhynchus, encontrado a fines del siglo XIX. Ahora es posible conocerlo íntegramente en la versión copta de Nag Hammadi y gracias a las investigaciones de académicos encabezados por Jean Doresse y Guilles Quispel.

Leer para vivir. Desde su primera sentencia, el texto es una búsqueda: “1. El que encuentre la interpretación de estos dichos no gustará la muerte” ( Tomás 1). El Evangelio de Tomás se presenta como un cuerpo de doctrinas de carácter iniciático y único en su especie: no hay una secuencia narrativa ni un relato de hechos –salvo para comunicar una idea–, sino un total de 114 frases atribuidas a Jesús. Como en el Nuevo Testamento que conocemos, se presenta, el Evangelio de Tomás se compone de diálogos, parábolas y macarismos (sentencias del tipo “Bienaventurado aquel...”).

Aparece Dídimo Judas Tomás como transmisor de estas sentencias; el término griego Dídimo y el arameo Tomás significan “gemelo”. Se trata aquí de un gemelo espiritual del Cristo, un modelo que proyecta qué debe saber y cómo debe comportarse el creyente a fin de lograr un parentesco similar, que supone una igualdad con Jesús.

Jesús no es un maestro situado por encima del discípulo, sino un familiar espiritual con quien uno se identifica: “13. Jesús dijo: ‘Yo no soy tu maestro puesto que has bebido y te has embriagado del pozo que bulle, que yo mismo he excavado’” (sentencia que recuerda a Lucas 6:40).

El Evangelio de Tomás no proyecta la promesa de salvación ni una intervención divina exterior, como podría ser un Juicio Final. Por el contrario, insiste en la práctica de introspección, una tarea autónoma donde cada cual es artífice de su propia liberación, entendida como un volver a la patria celestial originaria.

Tomás propone recuperar nuestro ser olvidado; saber recordar es conocerse a sí mismo y a Dios, en virtud de esa identidad ayer perdida pero hoy recuperada: “3. Pero el Reino está dentro de vosotros y está fuera de vosotros. Cuando os lleguéis a conocer, entonces seréis conocidos y sabréis que vosotros sois los hijos del Padre Viviente”.

Distinto y semejante. Hasta aquí, dos diferencias con los cuatro evangelios canónicos: el proyecto de salvación no es futuro (no hay Apocalipsis), y tampoco se presenta a un Jesús autoritario como Maestro (como podría leerse en Mateo 23:8).

Esas diferencias se enlazan con otros elementos también distintivos: desde el principio,Tomás aparece como un evangelio secreto; no posee elementos biográficos ni descripción de episodios (por ejemplo, no hay última cena ni crucifixión), ni una insistencia explícita en la noción de pecado (se menciona apenas en dos de los 114 dichos). Su Jesús habla de iluminación, no de arrepentimiento.

Como recopilación, el Evangelio de Tomás se data alrededor de 140 d. C., pero se ha sugerido que incorpora tradiciones anteriores, contemporáneas de la redacción de los canónicos (50-100 d. C.). Los paralelos son notables: Tomás 9 y Marcos 4:2-9; Tomás 26 y Mateo 7:3,4; Tomás 34 y Lucas 6:39; Tomás 54 y Lucas 6:20; Tomás 73 y Lucas 10:2; Tomás 93 y Mateo 7:6; Tomás 100 y Marcos 12:17, entre otros.

De todo el Nuevo Testamento , el Evangelio de San Juan es el que más informa sobre el discípulo Tomás. El episodio más conocido versa sobre su falta de fe ( Juan 20:24-29) y que contrasta con la convicción que anteriormente sostiene, frente a los demás discípulos, al acompañar a Jesús de vuelta a Judea tras la muerte de Lázaro: “Vamos también nosotros para que muramos con Él” ( Juan 11:16).

Ese hecho es poco conocido y menos comentado; apenas lo mencionan san Jerónimo y san Juan Crisóstomo. Dentro de la tradición ortodoxa, el papa san Gregorio Magno (540-604) es excepcional por su apreciación positiva de la inseguridad de Tomás: “La incredulidad de Tomás ha hecho más por nuestra fe que la fe de los discípulos” ( Homilía 26).

En el contexto del Evangelio de Tomás , la duda tiene su valor precisamente porque no se queda en la simple fe de los apóstoles: Tomás duda porque sabe más; lo confirma al reconocer la inefable divinidad de Jesús: “13. Tomás le dijo: Maestro, mi boca no será capaz en absoluto de que yo diga a quién te asemejas”.

Diversidad. Porque contiene doctrinas aceptadas dentro del canon, es impropio afirmar que no son cristianos el texto de Tomás , la comunidad que lo aceptó ni sus autores (gnósticos valentinianos). Recordemos que, en los primeros siglos después de Jesús, no hay “cristianismo” sino “cristianismos”. Este fue un fenómeno complejo, y varios grupos trataron de surgir y consolidarse institucionalmente.

La institucionalización no obvia la pluralidad de credos, de comunidades creyentes que ordenan su vida religiosa y depositan su sentido en la enseñanza, vida y acciones de Jesús. La identidad cristiana en Iglesia Católica se conforma con el tiempo, en medio de enfrentamientos. Se constituye como universal, una y única, de modo que, quienes no están dentro, los “otros”, muchas veces son llamados herejes.

Sin embargo, el hereje no se ve a sí mismo como tal, sino como un creyente que acepta otras formas de práctica religiosa.

La diferencia está en el poder de la institución vigente y las relaciones que implica.

La publicación del Evangelio de Tomás se atrasó por conflictos entre Egipto e Israel (la crisis del Canal de Suez en 1956), por celos profesionales entre investigadores y por la dificultad de tomar fotos de una calidad aceptable para su edición crítica. Por fortuna, la revista francesa Le Muséon dio a conocer una versión facsimilar en 1957.

En 2007 se cumplen cincuenta años de su publicación y sesenta de su hallazgo. Hoy, el Evangelio de Tomás invita a conocer mejor nuestra historia y nuestra cultura y a nosotros mismos.

EL AUTOR ES EGRESADO DE LA MAESTRÍA EN FILOSOFÍA DE LA UCR. PREPARA SU TESIS SOBRE EL GNOSTICISMO SETIANO. ES PROFESOR DE LA UACA Y EN LA ESCUELA ECUMÉNICA DE CIENCIAS DE LA RELIGIÓN (UNA).

Suplemento Áncora. Periódico La Nación 11 noviembre 2007.

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