Una voz profunda
Reconocimiento El poeta Juan Gelman ha ganado el prestigioso Premio Cervantes de Literatura
Daniel Amiano
GDA/ La Nación /Argentina
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La voz de Juan Gelman es fundamental para entender la poesía argentina del último medio siglo. Si bien se puede afirmar que es heredero de César Vallejo e hijo dilecto de Raúl González Tuñón, es el continuador de la poesía argentina que en los años 50 marcó una ruptura de formas y contenidos, y desde allí elaboró lenta, pausadamente, una voz propia, hoy inconfundible.
Desde la aparición de Violín y otras cuestiones (Gleizer, 1956) –con prólogo de Tuñón–, Gelman dejó en claro algunos temas que dominarían su poética: una forma melancólica de ser porteño, el deslumbramiento ante las pequeñas cosas, un discurso llano que se permite giros idiomáticos inesperados ( llegará a inventar palabras) y la ternura, que atraviesa cada una de sus etapas.
Todo es en tono conversacional, casi como una confesión que pide la confidencialidad del lector.
Porteño a ultranza (nació en Villa Crespo en 1930), Gelman se hizo eco del ritmo de la ciudad con una poética rítmica, dictada con una aparente sencillez, pero dispuesta a romper convenciones. Toda su primera etapa evidencia la búsqueda de una voz propia, hasta que su compromiso político lo lleva a desnudar su visión de mundo, y, a través de sus simuladas traducciones, delinea una poética embebida de los tics de esa época de compromiso.
Así, los años 60 son testigos de la primer gran ruptura de su estilo: en Cólera buey (1965), Gelman manifiesta su compromiso político (originalmente afiliado al Partido Comunista y luego partícipe de la agrupación Montoneros), que se extenderá en todas sus obras posteriores, con distintas intensidades y desde distintas perspectivas, ya que el exilio y la desaparición de su hijo y su nuera marcarán luego una etapa mucho más dramática.
Fábulas (1971) agudiza la crítica social y el contenido político. A partir de Relaciones (1973) expone a flor de piel una época turbulenta que será aún más violenta. A partir de este momento, los versos quebrados, la separación con barras y, sobre todo, las preguntas (siempre con ausencia de puntuación) se convierten en elementos característicos para expresar el dolor, la impotencia y, siempre, la ternura.
Búsqueda. El amor siempre está presente en su obra. El amor a la ciudad (al “pequeño mundo”), a la amistad, a la pareja, al hijo con el que ya no podrá encontrarse, a los amigos desaparecidos, a la poesía: búsqueda que le lleva más de una década hasta que nuevamente evidencia un nuevo cambio: Anunciaciones (1988) está escrito bajo el influjo del desamparo. Soledad, miedo, muerte marcan el camino hasta Salarios del impío (1993).
Siempre, las preguntas, y las respuestas que vuelven a preguntar, y el idioma que se fractura cada vez con más frecuencia, y los diminutivos que expresan el cariño por todo lo perdido, pero también por esas pequeñas cosas cotidianas.
Así, los últimos trabajos de Gelman llegan a una abstracción cada vez más concentrada. Incompletamente (1997), Valer la pena (2002) y País que fue será (2004) son productos de ese nuevo recorrido. Más que llegar a conclusiones, el poeta pone en evidencia pequeñas situaciones cotidianas, recuerdos, la poesía, el amor. En su reciente libro, Mundar , esa concentración queda establecida como recurso excluyente.
La sintaxis de Gelman es una experiencia que más ha influido en los poetas siguientes. Su subjetividad construyó un estilo que enriquece las letras argentinas.
Un alto
galardón
nn n El jueves 29 se anunció la concesión del Premio Miguel de Cervantes al poeta Juan Gelman, nacido en Buenos Aires (Argentina) en 1930, pero residente en México. Lo eligió un jurado presidido por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha. El premio se otorgó por primera vez en 1976, a Jorge Guillén. Lo entrega el rey Juan Carlos cada el 23 de abril en una ceremonia en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, localidad de las afueras de Madrid donde nació Miguel de Cervantes.Entre los ganadores del Cervantes se encuentran el mexicano Sergio Pitol, el colombiano Álvaro Mutis, el cubano Guillermo Cabrera Infante, el peruano Mario Vargas Llosa, al argentino Jorge Luis Borges y los españoles Francisco Umbral, José Hierro, Camilo José Cela, Francisco Ayala y Miguel Delibes.
Palabra
de Gelman
Oficio
Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, si, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo,
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo juan,
un juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame, amigo,
cambio sueños y músicas y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
Déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.
Aloutte
Bendita la mano que me cortara los ojos
para que yo no vea sino a ti.
Y si me cortaran la lengua, su silencio
cantaría lleno de ti.
Y si me cortaran las manos, su memoria
sabría acariciarte a ti.
Y si me cortaran las piernas, su vacío
me llevaría hasta ti.
Y si luego me mataran
aún quedaría todo mi amor de ti.
Referencias, datos personales
A mí me han hecho los hombres que andan bajo
el cielo del mundo
buscan el brillo de la madrugada
cuidan la vida como un fuego.
Me han enseñado a defender la luz que canta conmovida
me han traído una esperanza que no basta soñar
y por esa esperanza conozco a mis hermanos.
Entonces río contemplando mi apellido, mi rostro en
el espejo
yo sé que no me pertenecen
en ellos ustedes agitan un pañuelo
alargan una mano por la que no estoy solo.
En ustedes mi muerte termina de morir.
Años futuros que habremos preparado
conservarán mi dulce creencia en la ternura,
la asamblea del mundo será un niño reunido.
Suplemento Áncora periódico La Nación 2 dicembre 2007

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