Realidades vs aspiraciones
Mylena Vega | mylevega@gmail.com
Socióloga
Existe siempre una gran tentación, en especial entre científicos sociales, de presumir una racionalidad o determinación socioeconómica en el comportamiento electoral. Es posible que tal cosa se dé, pero también es igualmente factible que no. No quiero ser vocera de una total indeterminación, sino más bien llamar la atención sobre las múltiples variables coyunturales, valorativas, afectivas, etc., que mediatizan las decisiones electorales. Me refiero, por supuesto, a las decisiones no de cuadros militantes de los partidos, sino a esos votantes indefinidos políticamente y que, a fin de cuentas, deciden el rumbo de la elección. Tampoco hablo aquí de los intereses socioeconómicos que pueden expresar y expresan los diferentes partidos políticos. Este sería otro tema.
Cuando el análisis se ata a una relación de causalidad entre las condiciones sociales o las posiciones de clase y el comportamiento electoral, deja de lado un amplio abanico de variables y se sumerge en un determinismo de reducida capacidad explicativa. Por supuesto, tales posiciones son siempre una opción fácil y “segura”, y por eso muy apreciada.
De lo real y lo inaccesible. Una opinión interesante sobre estos temas es la de Gabor Steingart (revista Der Spiegel). Parte de que los ciudadanos tienen dos ubicaciones o “lugares de residencia”. El primero correspondería a su vida real, al quien soy: profesional, campesino, empresario, obrero. Este mundo real sería un libro abierto para los políticos por ser datos conocidos. No así el que Steingart llama segundo lugar de residencia, que es el de lo inaccesible, el de los deseos y esperanzas, espacio donde se sueña con mejorar las condiciones de vida, con ascender socialmente, aumentar los ingresos y lograr mayores oportunidades.
Situándonos en Costa Rica, el primero ha sido ampliamente estudiado (pensemos solo en lo que revelan las estadísticas oficiales y lo que nos dicen sobre la situación de la gente), mientras que el segundo –el reino de las aspiraciones– ha recibido muy poca atención de los estudiosos, al menos en el campo del comportamiento electoral.
No se vive como se sueña. El autor sostiene que al elector (no especifica, sin embargo, cuál elector) no le gustan propuestas que castiguen sus aspiraciones y que por ello la mayoría de ellos vive a la izquierda y sueña su realidad a la derecha. Una afirmación ciertamente polémica a la que subyace otra: que, en las decisiones electorales, pesaría más el deseo de ascender que el miedo a la caída. En otras palabras, que las necesidades se ven opacadas por las posibilidades. Esto explicaría, según el autor, por qué en los países industrializados los partidos de los trabajadores o las alas más a la izquierda dentro de la socialdemocracia no han tenido éxito. Fracasos como el de Edwards en Estados Unidos o Royale en Francia obedecerían al hecho de que, si bien se los escucha, no se vota por ellos, ya que los electores esperan “vocación de poder y no melancolía”. Por el contrario, esclarecería, según él, el éxito electoral de Reagan.
El planteamiento de Steingart podría resumirse en que mucha gente no vota por lo que es, sino por lo que aspira a ser.
Planteamiento sugerente para analizar el terreno movedizo de la conducta electoral, esta idea ofrece perspectivas interesantes, en nuestro caso como país, para entender los resultados del reciente referéndum, en especial en lo concerniente a la clase media. No obstante, no hay que olvidar que es solo una hipótesis de trabajo, que requeriría validarse empíricamente dejando muy claro su ámbito de validez: a cuáles electores cubriría.
periódico LA Nación 12 noviembre 2007.

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