Algo nuevo está pasando en Europa
Alberto Casals | acasals2003@yahoo.com
Algunos líderes rastrean los valores que hicieron grande a Europa
Presbítero
Hace poco más de cien años se aprobaba la “Ley de laicidad francesa” (9 de diciembre de 1905), que imponía duras condiciones a las labores sociales llevadas a cabo por los católicos, entre ellas la educación. Ahora, cien años después, la ley sobre el laicismo radical es puesta en entredicho en el mismo seno francés donde tuvo su génesis.
No solo en Francia sino también en el resto de Europa, que siguió la estela laicista del líder galo, se respiran nuevos aires acerca de la tesis laicista. Así se expresa el periodista europeo Manuel Solano.
La separación entre Iglesia y Estado, en Francia, procedía de los presupuestos heredados de la Revolución Francesa de 1789 y fue calando en algunos países del Viejo Continente. Así surgió, en su momento, el nazismo en Alemania y el marxismo en los países del Este. Sin embargo, una vez caídas esas ideologías radicalmente anticristianas, permaneció siempre el temor hacia un supuesto poder terrenal de la Iglesia, de tal manera que todo lo que suena a religión quedaba prácticamente desterrado y por entero denostado tras la revolución del 68 en París.
Legítimo y humano. Europa anda perdida todavía, pero algunos líderes se van animando a rastrear los valores tradicionales que la hicieron grande. Tal vez el más sonado ahora es Nicolás Sarkozy, el jefe de Estado francés, con un mensaje que respira fe. Decía a finales de septiembre ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “El apego a la fe, a la identidad, al idioma, a la lengua, a la cultura, al modo de vida, de pensar, de creer, es legítimo y propiamente humano. Negarlo es alimento de humillación. Sería dar razón al nacionalismo, al fanatismo, al terrorismo”.
Todo esto suena precisamente a reconocer la libertad religiosa y a clarificar que la laicidad –no el laicismo– bien entendida respeta la libertad de todas las religiones. El 53% de los franceses respondieron positivamente a este planteamiento de Sarkozy, en su campaña electoral.
También en Alemania, la canciller Ángela Merkel sorprendió a todos con una frase rotunda ante el Parlamente comunitario de la Unión Europea: “Como cristiana, reconozco expresamente mi lealtad a los principios cristianos de Europa”.
Convicciones y valores. Hans-Gert Pöttering, el católico alemán que preside el Parlamento europeo, mostró algo más que un reconocimiento de las raíces europeas al afirmar: “Nos advierten constantemente del peligro de que Europa olvide sus raíces. Estoy firmemente convencido de que una Europa unida tiene que ser más que una nueva asociación de conveniencia económica”, y citaba a Benedicto XVI al afirmar: “Las razones más profundas de una unidad europea, a prueba de crisis, se encuentran en las convicciones y los valores compartidos, es decir, la historia y la tradición cristiana y humanista. Cuando se hacen las cosas sin contar con una comunión de valores real no se puede construir la unión que la gente espera tener”.
Laicidad no es oponerse a la religión, como ha venido haciendo el laicismo, es separación Iglesia y Estado, sí, pero en armonía. Todo lleva a presagiar que estamos en un momento bueno para entender la verdadera libertad, hermanada con la verdad y los valores positivos. La laicidad justa es la libertad de religión. El Estado no impone una religión, sino que deja espacio libre a las religiones con una responsabilidad hacia la sociedad civil y, por tanto, permite a estas religiones que sean factores en la construcción de la vida social.
Periódico La Nación 7 enero 2008

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