Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El Génesis es mitológico como muchos de los primeros pasajes de La Biblia. Pero representa una visualización del ser humano que no ha variado en los últimos cinco mil años de historia. Ha variado la tecnología, pero cuando leemos cualquiera de los libros sagrados de todas las religiones, nos damos cuenta de que el ser humano, en su esencia emocional, sigue siendo tan bueno y tan malo como desde el principio de los tiempos.
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Un leve repaso del Génesis nos enseña que el primer sentimiento que Dios ve en el hombre, o quizá, que el hombre le muestra a Dios, es la soledad. Antes de la codicia de Eva al comer el fruto prohibido, antes de la cobardía de Adán en no aceptar sus culpas e imputárselas a otros cuando es descubierto, antes de la envidia de Caín por su hermano, en fin, antes de todo eso, Dios lo sentencia: “No es bueno que el hombre esté solo.” Me pregunto: ¿Qué tanta nostalgia pudo haber visto en Adán?
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He aquí que la primera lección que nos enseña es que no es el poder material ni la riqueza lo que nos da la sensación de plenitud. Yaveh hizo desfilar a todos los animales y los puso bajo el dominio de Adán, y puso a sus pies el Paraíso. Aún así, Dios vio que aquel se sentía solo.
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El sentimiento de soledad es en suma, y siguiendo la interpretación de este relato bíblico, inherente al hombre desde su nacimiento, en el tanto no comprenda que alcanza su propia realización en unión con otro u otros. Es, por lo dicho, su primera necesidad, su primera emoción, la que antecede a todas las demás. Y aparece, para ser más grave, aún cuando este primer ser humano sentía la absoluta compañía de su Creador, porque accedía a Él con solo llamarlo o mirar al cielo.
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No logró Dios, entonces y según el Génesis, llenar por sí solo el corazón de Adán, sino que para hacerlo, le dio una compañía. En su sabiduría, vengo yo a suponer ahora, Yaveh sabía que con aquella unión el ser humano viviría en armonía con Él y con la naturaleza. Quizá por eso, según el relato, saca a Eva de su propia carne, para que se entiendan uno, para que se vean uno.
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Viéndolo así, quizá apreciaremos más a quienes están a nuestro lado.
periódico La Prensa LIbre 15 enero 2008.

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