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Desencuentros
Orhan Pamuk
Nieve
Novela
Editorial Alfaguara
Henning Jensen P.
Psicólogo
I
Decía Walter Benjamin que, “en medio de la plenitud de la vida, y mediante la exposición de esa plenitud, la novela nos hace saber cuál sea la profunda desorientación de los seres humanos”. Esta sentencia calza como anillo al dedo en el caso de la novela Nieve, de Orhan Pamuk, cuyo original turco del 2002 ha sido vertido al castellano por Rafael Carpintero y publicado en marzo del 2006 por Alfaguara. Nieve es la historia del poeta y periodista Ka, intelectual occidentalizado que ha vivido largos años en el exilio en Frankfurt. Él viaja a la remota, empobrecida y decadente Kars, ciudad de Anatolia Oriental, con el fin de investigar el asesinato del alcalde y los suicidios de jóvenes muchachas a quienes, en la escuela, se les obliga a quitarse el pañuelo de la cabeza, el charschaf .
En Kars cae una incesante tormenta de nieve ( kar en turco) durante días, la cual constituye una suerte de burbuja en cuyo interior habita el microcosmos de una cultura marcada por las tensiones entre el Islam y Occidente.
Con distanciada meticulosidad y un omnipresente tono de farsa, Pamuk despliega, como sobre el mural el pintor, un gigantesco fresco de la inconmensurable tragedia de su tierra.
He allí, en la diminuta Kars, los vestigios del gran Imperio Otomano, la iglesia armenia que se ha quedado sin fieles a causa de un genocidio inconfeso, las trazas de la guerra con Rusia, el conflicto entre la secularización impulsada por Atatürk y la ascensión del Islam político, al igual que la brecha insalvable entre una élite occidentalizada y las masas creyentes.
Ka dice: “Yo quiero un Dios que no me obligue a descalzarme para acudir ante su presencia, ni a besar la mano de nadie, ni a arrodillarme; un Dios que entienda mi soledad”. Sin embargo, más adelante confiesa su autodesprecio por sentirse diferente, un europeo: “Me sentía culpable por haberme pasado la vida sin haber podido creer en el Dios de los pobres, en el que creen los que no tienen educación, las abuelas que se cubren la cabeza y los abuelos que llevan el rosario en la mano”.
Esa es la irresuelta ambivalencia de los turcos que impusieron los ideales europeos a punta de sangre y fuego, y entregaron el Islam a la muchedumbre. En ellos persiste, como un pensamiento obcecado, la insistente sensación de que el Islam está en lo correcto y de que Dios existe.
“A mí me gustaría ser occidental y poder creer”, afirma Ka; pero estas dubitaciones se extienden sin cesar en la contraparte, en tanto que allí también se agita el anhelo de conocer lo ajeno y lejano. El joven estudiante del Instituto de Imanes y Predicadores, Necip, le dice a Ka: “Me siento culpable por haber sentido curiosidad por el lugar donde Dios no existe”.
No debe entenderse Nieve como una escenificación novelizada del choque de civilizaciones; esa fórmula simplificadora de una polémica entre culturas que han olvidado su hermandad. La narración es realizada por un amigo de Ka, cuyo nombre incidentalmente es Orhan, quien ha venido a Kars años después para investigar su muerte.
Nieve es indagación de la realidad sobre una búsqueda de la verdad, cuya morada se encuentra en el núcleo de un intrincado circuito de perplejidad dentro del cual no puede darse orientación alguna (“No sé cómo se escribe poesía”, dice el poeta Ka).
Pamuk no brinda consuelo ni respuesta, a la manera en que Benjamin caracterizaba a la novela como género literario (“carece de orientación y no puede dar consejo alguno”); lo que Pamuk ofrece es la exposición de la complejidad cultural y del vacío causado por la violencia: “No había nadie en el hermoso edificio… del tiempo de los armenios”, una ausencia que lucha inalienablemente contra el olvido.
Como personaje en un paisaje dostoyevskiano, Ka deambula por las calles sórdidas y fantasmagóricas de Kars, en cuyos rincones acecha la pestilencia de una muerte de siglos, “con fuerza suficiente como para dar la espalda a la llamada de la vida y la felicidad”.
Nieve es una novela de especial sinceridad y a la vez expresión de un gran coraje; es una obra mayor, totalmente contemporánea, que pone el dedo sin clemencia en el nervio más sensible de nuestra época.
Suplemento Ancora. Periódico La Nación 20 enero 2008

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