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RESONOCO

29/01/2008 GMT 1

"Estamos del lado de los pobres y de los que más necesitan"

marfuerte @ 02:54

Monseñor José Francisco Ulloa:

JAVIER CÓRDOBA MORALES
redactor

"Estamos siguiendo paso a paso la agenda de implementación", afirmó José Franscisco Ulloa, quien preside la Conferencia Episcopal. (Foto Katya Alvarado)

La Iglesia Católica costarricense vigilará que no se afecte la vida humana, ni la dignidad de los más pobres con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana.
Así lo aseguró a UNIVERSIDAD el presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor José Francisco Ulloa, quien justificó la actuación de la iglesia en el referendo y reconoció que como jerarquía perdió un poco de liderazgo.

¿Cómo analiza el papel de la Iglesia Católica en el proceso del referendo sobre el Tratado de Libre Comercio?

-Por ser el primero que se hacía en Costa Rica tenía un significado muy importante para la población costarricense. Dado que el pueblo estaba polarizado, era lógico que nosotros los pastores, que somos guías de la población, no teníamos que plegarnos ni tomar posición por un solo grupo.
Nuestra posición fue la más justa: tratar de ayudar a todas las personas, fuera cual fuera su posición, para que su decisión fuera pensada y basada en principios; y no solamente política o sentimental.
Yo no la llamaría "neutral", pues en el fondo cada uno tenía su posición; tanto sacerdotes como obispos; pero en el ámbito público, no podíamos ubicarnos en ninguno de los dos frentes.
Si hubiéramos tomado una, ello no habría traído consecuencias positivas.

¿Hubiese sido más útil para la gente de parte de la iglesia un análisis de las consecuencias del tratado, a la luz de la doctrina social de la iglesia?

-Podría ser ese un camino interesante de crítica analítica. No quisimos hacer eso porque al analizar puntualmente los pros y los contras, podía ser que entonces en cierto momento los grupos nos hubiesen visto inclinados hacia uno o hacia otro; por eso más bien dimos principios generales y que cada grupo los aplicara.

¿Pero no era este el camino que señalaba el documento de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Aparecida (Brasil) cuando en el punto 406-d dice sobre los tratados: "La iglesia del país latinoamericano implicado, a la luz del balance de factores que están en juego, tiene que encontrar los caminos más eficaces para alertar a los actores políticos y a la opinión pública sobre las eventuales consecuencias negativas que puedan afectar a los sectores más desprotegidos y vulnerables de la población"?

-Creo que nuestro camino fue este; alertamos de que si este tratado trae consecuencias de injusticia, no podía ser. Esto a la luz de los principios de la justicia, de la solidaridad, de los que serán beneficiados y perjudicados, pero que cada uno juzgara. No hicimos advertencias concretas para no meternos en asuntos muy técnicos, en los cuales nos declaramos incompetentes.

Entonces, ¿por qué este cambio al emitir en noviembre pasado un comunicado que advierte sobre los peligros del Tratado de Budapest para el patentamiento de microorganismos?

- Es que ahí es distinto. El Tratado de Budapest atenta contra la vida. Este tratado habla de que en en el mundo se fabrican microorganismos con diferentes finalidades, los cuales son protegidos bajo la propiedad intelectual, por medio de "sellos internacionales", donde se depositan. El tratado no define cuáles son los microorganismos, que pueden ser animales, vegetales y humanos. Entonces podría alguien utilizar un embrión humano, por ejemplo, y patentizarlo. Eso ya no lo podemos permitir y nuestro documento iba en esa línea. Queríamos advertir que la definición de microorganismo es muy ambigua y existe el peligro de que se aplique a la vida humana, que para nosotros es sagrada y debe respetarse.

Si sabíamos eso desde antes del 7 de octubre, e inclusive fue parte de las advertencias del grupo de 94 sacerdotes y obispos eméritos que se manifestaron contra el tratado, ¿por qué esperar hasta después del referendo para hacerlo?

-Sencillamente porque lo que estaba en juego en ese momento era el TLC, era el voto del ciudadano; todavía no estaba la agenda complementaria. Se mencionaban algunas cosas; pero no habíamos tomado conciencia de que tendría estas consecuencias, hasta que entra en la corriente legislativa y gente especialista nos advierte. Fue cuando enviamos el comunicado a los diputados y ellos lo aceptan y lo acogen.
Ellos harán dos cosas: definir lo que se entiende en Costa Rica por microorganismo, y cuáles son los que se pueden patentizar; así como ampliar el artículo 21 de la Constitución, donde se habla de la vida, y decir que los embriones también entran en la inviolabilidad que menciona este artículo.

En el documento se pide un compromiso escrito de los diputados, ¿esto se logró?

-Sí claro, le voy a dar una copia con sus firmas, donde nos dicen que estemos tranquilos y se comprometen a realizar las acciones descritas.

¿Siguen los obispos el desarrollo de la agenda de implementación?

-Estamos siguiéndola paso a paso, y cualquier cosa que veamos violenta algún principio moral, ético o de justicia que afecte a la población, nos haría intervenir de alguna forma y dar una alerta.

Entre los grupos inconformes con la posición de la iglesia hay quienes dicen que ustedes fueron neutrales para cuidar ciertas ventajas, como el hecho de que el Estado sea confesional, no perder el apoyo estatal ni la formación religiosa en la educación pública, ¿es esto así?

-Es claro que independientemente de la posición que se hubiera tomado, siempre habría grupos que nos cuestionarían. Creo que estas conjeturas no tienen fundamento, porque no buscamos poder, ni posiciones políticas, no estamos aliados con ningún partido.

Pero es claro que la Iglesia Católica disfruta de condiciones que dependen del poder político, como las que le mencioné; y vimos al gobierno ofrecer este tipo de cosas a otros grupos religiosos en busca de apoyo.

-Precisamente creo que esto es un signo muy positivo de que el gobierno no se acercara a nosotros para pedirnos cosas. Aunque sí tuvimos conversaciones con el gobierno y ellos cuestionaban por qué la iglesia tomaba esta posición y no la otra.

¿En algún momento se convirtió en presión este diálogo con el gobierno?

-Presión no. Más bien cuando salieron los sacerdotes y el obispo emérito en contra del TLC, esto llamó la atención del gobierno e inmediatamente nos llamaron. Pero presiones fuertes no.

Era claro que el gobierno no estaba conforme con la posición de ustedes, pues el presidente Arias los acusó con el Papa cuando visitó Roma.

- Lo que le sucedió a don Óscar, fue una situación que no debió suceder y el gobierno debe preguntarse hasta dónde fue prudente. A nosotros no nos afectó, porque nuestra posición era muy clara. Nunca hemos tenido miedo. Por ejemplo eso de que el Estado sea confesional; eso se puso en la Constitución por voluntad del pueblo costarricense en una constituyente; pero si el día de mañana ese artículo desaparece, continuaríamos igual que como estamos. Si el pueblo no quiere vínculos entre la iglesia y el Estado, él debe decidirlo.

¿Les restó liderazgo la posición de los sacerdotes y obispos eméritos contra el TLC?

-No restó liderazgo, pero sí afectó la imagen de la iglesia, porque se se vio cómo la iglesia tiene una tendencia por un lado y por otro. La gente no está acostumbrada a distinguir quiénes son los voceros titulares de la iglesia y quiénes no. Por ejemplo, el obispo emérito ya no pertenece a la Conferencia Episcopal y, por tanto, no puede dar una posición oficial en nombre de la iglesia; pero la gente no distingue esto y él es un obispo y habla como tal, aunque esté jubilado.
Con los sacerdotes también, un grupo al que le habíamos dicho que tenía la libertad para pensar y tener su posición, aunque le habíamos pedido que públicamente no lo hiciera para buscar la unidad, lo hizo y tenemos que respetar.
Nos afectó en ese sentido de que la gente estaba un poco confusa, y por eso nuestros mensajes no fueron tan acogidos como lo hubiese sido si mantenemos la unidad.

¿Sobre qué temas insistirán cuando se termine la agenda de implementación en la Asamblea Legislativa?

-Primero creemos que Costa Rica necesita definir un modelo de país y dejar de improvisar las cosas. También, cuando entre en vigencia el TLC, hay que estar atentos. Si beneficia a algunos pocos y deja de lado a la mayoría, estaremos ahí para defender a la mayoría, a los pobres. Por ejemplo, si este tratado va a oprimir a los agricultores, como se dice, estaremos atentos para apoyarles.

Si se diera esta situación, ¿pediría la iglesia un retiro del tratado?

-Tal vez retirarse no, pues es muy difícil, pero sí levantaremos la voz para que los responsables pongan atención a esto y que el tratado se oriente a beneficiar a la mayoría. Estamos de lado de los pobres y de los que más necesitan.

Semanario Universidad 24 enero 2008.

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