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RESONOCO

03/02/2008 GMT 1

La Ronda de los Libros

marfuerte @ 00:17

Alfonso Chase
El hombre del salto
Don DeLillo
Seix Barral Editores, 2007

DeLillo ha entrado ya en la prestigiosa colección Formentor, de Seix Barral, y lo hace con este libro, comentado por prestigiosos críticos, como la obra más representativa de la madurez de este autor, nacido en 1936, y que empezara su carrera literaria en 1971, con una obra relevante: “Americana”.

“El hombre del salto” es la existencia de Keith Neudecker, inmerso en la historia del 11 de setiembre de 2001, dentro de la idea de que el mundo ha cambiado para siempre desde ese mismo día y del instante que hace que el protagonista emerja de una nube de humo, y camine por toda la ciudad hasta llegar a la casa de su mujer (está separado) y de su hijo. Como en otras novelas del autor, este hombre forma parte de la cadena de seres normales, ordinarios tal vez, que ven su vida transformada por el suceso, en un fascinante periplo por lo que ocurre en su derredor, y dentro de su propia mente.

Siguiendo las otras obras de DeLillo, aquí la prosa corre casi con la facultad de hipnotizarnos, en un recorrido lineal por lo que va ocurriendo, mezclando la realidad de lo que sucede con los tropismos internos que lo empujan hacia delante, registrando, segundo a segundo, la tragedia desde la calle, pero con los ojos abiertos para percibir lo que sucede en lo alto.

Es la historia de una familia, trastornada por los sucesos, pero el arte del autor le permite mostrar y darnos de cada uno un retazo de su existencia, relacionada con la ciudad, Nueva York, y el espacio concreto de Mannhattan, convertida en ombligo del mundo, donde convergen todas las culturas y un nuevo acontecimiento está signado por el terror, el miedo, el fracaso, no solo de los habitantes, sino también de los terroristas suicidas, que cometen el acto por un temor interno de lo que pueda sucederle a sus países en el futuro. La novela también le sirve a DeLillo para presentarnos diversas opiniones de los protagonistas, que pueden situarse en la clase media alta de la ciudad y sus relaciones cotidianas. Pero el hombre del salto no es ninguno de ellos, aunque todos parecieran haberse lanzado al abismo desde un sitio en la cumbre, sino que es una especie de artista callejero, cuyo último acto, tirarse de altos edificios, se cumple sin el arnés protector, extraordinario acierto del novelista para darnos la idea del salto en el vacío que presupone la vida de los protagonistas después del 11 de setiembre.

Los diversos elementos del suceso han producido cambios en los protagonistas. Esto es común en otras novelas que se refieren al 11 de setiembre, pero ninguna de las escritas y publicadas, desde la óptica norteamericana, logra un conjunto de ideas narrativas como esta. El autor, que tiene su propia visión del acto creativo de novelar, pareciera haber llevado al extremo sus concepciones y lo logra, con esa materia que es la historia cotidiana norteamericana, que constituye la esencia de su narrativa anterior, sobre todo a partir de “Jugadores” (1977) y que lo ha convertido, a la fecha, en uno de los creadores más importantes de su país.

“El hombre del salto” es una obra de arte que mezcla lo estético con lo artesanal, la historia externa con la vida interior de sus personajes, todo ocurrido en el segmento de una clase media neoyorquina, con divergencias y acercamientos, pero donde todo está signado por el desastre externo y sus consecuencias en la conducta íntima de los personajes.

Pareciera que la auténtica protagonista es en verdad la ciudad. Que los personajes deambulan por ella, marcados por un suceso espectral. Un segmento extraño, incluido en la novela, nos muestra al protagonista/terrorista, cutler en mano, antes de precipitarse sobre su objetivo. Luego el principio se aúna con el final, en esa camisa que llega del cielo, viva por sí misma, testigo de algo que acaba de ocurrir.

Una obra maestra que no será la última novela de Don DeLillo, en su conciso peregrinar por la narrativa de nuestro tiempo.

Windows on the world
Frederick Beigbeder
Anagrama Editores, 2007

El autor es reconocido en Europa, Francia y España principalmente, como uno de los novelistas más importantes de nuestro siglo naciente. Ha escrito, desde 1995, algunas de las novelas más reseñadas y aceptadas por los lectores, entre las cuales se encuentra esta sobre la catástrofe de las Torres Gemelas, desde una óptica de distanciamiento, con elementos de realidad y fantasía, usando material de diarios, revistas y su propia visión del acto de novelar.

“Windows on the World” fue el célebre restaurante ubicado en el piso 107 del edificio del World Trade Center. Estableciendo un paralelo, el autor hace su novela desde el piso 56, el restaurante Le Ciel de Paris, Torre Montparnase, en la capital francesa, todo dominado por la hora y cuarenta y cinco minutos que dura el infierno neoyorquino. Minuto a minuto asistimos al desarrollo del drama, para contarnos la historia de Carthew Yorston y sus dos niños, que minutos antes del suceso han llegado a desayunar allí, uno de los lugares más visitados y emblemáticos de la ciudad, antes del siniestro.

La novela, que puede parecer a simple vista compleja, es en realidad una obra de plenitud absoluta en su visión de un mundo lineal: ese minuto a minuto que desplaza a la narración y a los personajes de ficción sentados en el restaurante, cuyo nombre proviene de una antigua canción de Dionne Warwick y que el novelista
—¿será también ficción?— desciende de norteamericanos. Así que el suceso, la escritura del libro, es un puente tendido entre dos países, dos culturas, dos genealogías, ocho generaciones atrás. La trama está montada de manera ingeniosa, pues la novela, según las propias palabras del autor, utiliza la tragedia como muletilla literaria, pero los resultados muestran que si bien eso es cierto, puede contarse entre las más sobresalientes escritas por los ya numerosos escritores que han tocado el tema. Los minutos que dan origen a la obra toman en cuenta la historia de quien escribe, como personaje, minuto a minuto, más lo que sucede en ambos países, en un poderoso ejercicio de narración, que hace que realidad y ficción se unan, como lo quería Flaubert, y como pareciera que logra el autor. Los elementos autobiográficos de Frederic Beigbeder, que se encuentran dispersos por toda la novela, muestran esa simultaneidad de todos los tiempos, gracias a la información que se presenta de la cultura actual, dando a la obra una prosa concisa, especie de diario de viaje fantástico, que buscar hacer de la materia narrativa una visión concreta de que los hechos son reales. No se cuenta solo la historia de un padre y sus dos hijos, sino también de instantes mismos de las personas atrapadas en las Torres, hechos ya solo fragmentos de palabras, sucesos, deseos, empujados todos por el miedo, o la posibilidad de rescate, casi inmediato, de la conflagración.

Parte de la novela parece estar descrita en blanco y negro, luego en color, hasta que queda envuelta en el humo blanco, el polvo gris, todo visto como en una pantalla de plasma, como dice un certero protagonista, antes de ignorar que va a morir pronto.

Todo puede resumirse en una frase puesta por allí, de Marilyn Manson: “La función del artista es adentrarse en el corazón del infierno”. Y vaya que se consigue en este libro poderoso, convincente, espléndido. Tragedia, humor, visión personal del mundo, humo, ceniza, en la conflagración del terror. El novelista en su torre de cristal, en el Ciel de París, escribe. Y eso es lo que importa.

Interrogatorios
El Tercer Reich en el banquillo
Richard Overy
Editorial Tusquets, 2007

Es un libro que se ha traducido a casi todos los idiomas, en menos de siete años, y que recoge la trascripción de los interrogatorios previos al Juicio de Nuremberg, buscando orientaciones más amplias sobre lo que había ocurrido en la Alemania nazi, por el testimonio de algunos de los sobrevivientes con responsabilidad política en el mantenimiento del régimen.

Richard Overy (1946) ocupa el prestigioso cargo de catedrático de Historia Moderna en el King’s College de Londres, y es doctor en Historia por la Universidad de Londres, con especialidad en Alemania entre los años 1900 y 1945.

Con acceso a información privilegiada, dadas las características de su importancia, y con base en documentos consultados anteriormente, ha dado forma a un libro fascinante sobre la historia personal y política de algunos de los más célebres personajes del Tercer Reich, en su propia voz, de acuerdo con los apuntes que llevaron los interrogadores antes del Juicio de Nuremberg y que quedaron, muchos de ellos, olvidados en los archivos.

La obra busca, pretende y lo logra mostrarnos desde el punto de vista de los responsables de la debacle, unas audaces pinceladas de su manera de ver el mundo según sus ideas, la vida personal entre ellos, el papel de Adolfo Hitler de acuerdo con sus criterios, aspectos desconocidos sobre la seguridad, las relaciones íntimas, la economía de guerra, las tácticas militares y la llamada “solución final”, más los antecedentes reales de su vinculación con el régimen. El libro contiene una primera parte como introducción a los testimonios, más una segunda con los interrogatorios y sus transcripciones, todo ordenado de acuerdo con los intereses que el investigador pudo comprobar en las declaraciones de los señalados como criminales. Los límites de sus responsabilidades quedan claramente expuestas en sus declaraciones, la mayoría de ellas oscilando entre su negación de algunos asuntos relevantes, la mentira como arma para evadir asuntos atingentes a los cargos que ocupaban y detalles odiosos sobre su propia iniciativa en muchos de los asuntos que ocurrieron, desde los campos de concentración, el antisemitismo declarado, la confiscación de bienes, el trabajo esclavo y detalles muy particulares sobre el papel del ejército en la guerra expansiva.

Los grandes ausentes son, lógicamente, Hitler, Himmler y Borman, y los más claros en su discurso Hess, Von Papen y Speer, más otras figuras secundarias que tienen muchas cosas que contar, entre detalles íntimos y verdades a medias.

Es una obra monumental que recoge testimonios, notas del compilador, contradicciones entre los prisioneros, el futuro inmediato para cada uno: la muerte, el confinamiento, la proscripción social; todo parece convergir en Adolfo Hitler, al cual buscan convertir en responsable único de todo el desastre, mediante la estrategia de amnesias selectivas, conversaciones irrisorias, mentiras piadosas y máscaras asumidas al enfrentar los prolegómenos de la historia que podemos ver muy clara, luego en el Juicio de Nuremberg. Lo esencial queda descrito en medio de un escenario disparatado, donde resulta víctima y verdugo el pueblo alemán, responsable, según muchos de ellos, del ascenso de Hitler, más las intrigas palaciegas que parecen salidas de una obra teatral y que discurren sobre el destino de cada uno de ellos. Todo se define en el sentido más claro: obedecían órdenes, algunas de las cuales les parecían demenciales, pero ejecutan a gusto y disgusto. Un libro monumental por el contenido, por la sabia manera de exponer los testimonios, los detalles de las conversaciones, así como una inmensa bibliografía, fuentes de las transcripciones y literatura axilar, más ilustraciones inéditas, reproducidas en la obra. El final está determinado por los testimonios de Robert Ley y Hjalmar Schacht sobre el futuro de Alemania, basado en sus propias ideas y como si no hubiera ocurrido nada. Los interrogatorios tienen una relación muy estrecha con los perfiles psicológicos que se habían hecho de muchos de ellos, durante la propia guerra (1939-1945) y definen algunas de sus características, tanto en estos preinterrogatorios como en las transcripciones del Juicio de Nuremberg. El autor, mostrando la probidad que lo caracteriza, también cuenta de los criminales bombardeos de los aliados sobre ciudades alemanas, además de los estropicios de los ganadores para con la población civil de Alemania. Un libro que ha sido calificado de sensacional, por lo que contiene y para dar forma a la historia testimonial de sus responsables, que fueron definidos en su momento como “una caterva de payasos y rufianes”, luego de ser observados en su campo de detención, previo al juicio.
Suplemento Abanico. Peeriñodico La Prensa Libre 31 enero 2008

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