Inoportuna decisión
Gerardo Chaves Ortiz *
gerardoachaves@costarricense.cr
Llama poderosamente la atención que un político versado y acucioso como Antonio Álvarez Desanti cometa dos errores políticos tan seguidos. Después de ver la forma y momento en que tomó su decisión de regresar a Liberación Nacional surge una exclamación necesaria: ¡Qué falta le hace a “Toño”, nuestro amigo entrañable Franklin León Blanco!
En octubre de 2004, Álvarez Desanti tenía motivos aparentes para dar un “salto” hacia una opción política fuera de Liberación Nacional. Ya anteriormente dos líderes de la agrupación José Miguel Corrales Bolaños, en 1993, y Rolando Araya Monge, en 2001, valoraron la posibilidad de hacer casa aparte porque las encuestas hablaban del agotamiento del modelo bipartidista y ante una descomposición a nivel de sus cuadros dirigentes. En ambos casos pudo más la prudencia y tales ideas no se concretaron.
En el caso de Antonio, sus consejeros no midieron en aquel momento tres cosas vitales: 1. Que Óscar Arias era una figura arraigada y querida en un amplio sector de la población, amén de ser la única carta para resucitar al PLN; 2. Que el PAC había llenado mucho del vacío que existía hacia una nueva opción política, donde Ottón Solís seguía representando el sentir de un electorado descontento con el status quo y 3. Que las maquinarias electorales también importan y pesan al final para determinar un resultado.
Siempre he dicho que lo peor que le puede pasar a un político no es tener malos consejeros, sino escucharlos. Para esas fechas ya todos extrañábamos la ausencia de Franklin que murió defendiendo esa causa en las carreteras de Guanacaste. Sus amigos tratamos de cumplir con su sueño con la promesa empeñada en vida.
Hoy 39 meses después, Antonio Álvarez Desanti, anuncia su decisión de regresar a Liberación Nacional, aunque ya se notaban algunos síntomas previos en el ambiente político; una de las más visibles, el que una mujer extraordinariamente inteligente como Nuria Marín iniciara sus comentarios regulares en un medio de comunicación nacional.
Pero de nuevo, este connotado político toma una decisión sin meditar algunas consideraciones fundamentales. 1. Pésimo momento político: Se escoge una fecha inoportuna, en momentos en que el país se debate en la aprobación de la Agenda de Implementación del TLC, donde por cierto él no ha tenido ninguna participación importante. Hay que agregar que el mismo Partido está avocado a la elección de su Secretario General en pocos días. Como dice un refrán, ha convertido un retorno que pudo tener amplias repercusiones en “flor de un día”. 2. Primero la aspiración, luego el país: Decir que se regresa a Liberación en actitud mesiánica, solo por el hecho de que se vislumbra un vacío político de candidatos en ese partido, deja en la retina del elector un interés mayor en ser presidente, más que en la construcción de un proyecto político serio. Ni hablar de la ebullición y malestar que se crea en dirigentes y partidarios por un retorno con cara de oportunismo. La humildad debía imperar. Esta acción política ha creado el mismo efecto que colarse en la fila del bus en hora pico. 3. El partido que gobierna espera: Si los dos errores anteriores tienen un peso específico en una dinámica estrictamente partidaria, ésta tiene una magnitud enorme por tratarse de un asunto que afecta a todos los costarricenses. Cuando un partido está en el Gobierno, los precandidatos deben contener sus aspiraciones públicas para permitirle al Presidente hacer lo que más le interesa al pueblo: que gobierne bien. Con sus declaraciones, Álvarez Desanti abre los fuegos políticos en Liberación sin que se hayan cumplido siquiera dos años de la administración de Óscar Arias, cuyo brillo sin duda solo se verá en los últimos dos años. ¿Qué es lo que más importa? puede preguntarse el electorado.
Se ha escogido el camino difícil para alcanzar una Presidencia de la República, que si se hubiera hecho una correcta lectura política en la campaña anterior, hubiera puesto a Antonio Álvarez Desanti como el candidato natural del partido Liberación Nacional en el 2010. Quizás se olvida de que no solo basta ganar la convención: hay que convencer a todos para tener opciones. Regresar en esas condiciones pone en la cuerda floja lo que se ha convertido en un proyecto de vida. Solo el tiempo dirá si los consejeros de Antonio tuvieron razón, o si por el contrario volvieron a fallar como en 2005. Lo triste es que un hombre tan brillante como Antonio no se merece eso. Como dijo alguna vez John F. Kennedy “El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano”.
* Analista Político
periódico La Prensa Libre 31 enero 2008.

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