LA AUTOESTIMA (2)
Juan Luis Mendoza
Sigo con el tema de la autoestima. Y en lo que concierne a la educación lo que corresponde es ayudar al niños (con nuestro reconocimiento, aplauso y premio) a “centrar” su mente y atención en sus cualidades, reales o deseables, con lo que irá echando las bases de una elevada y firme autoestima, sobre la que florecerán y fructificarán esas cualidades.
Al margen de lo que pudo suceder con nosotros siendo niños, la gran enseñanza está en que infundamos en los hijos y educandos, en su cerebro, ideas y creencias positivas, esperanzadoras, exitosas, gozosas, y no negativas, desesperanzadoras, de fracaso y desgracia.
En ese sentido, los primeros años (hasta los siete o nueve) son decisivos: su alta o baja estima dependerá de lo que hayamos sembrado en sus mentes en ese período de tiempo en el que son pura receptividad, una tabla rasa en la que todo cabe para bien o para mal según los mensajes de los padres y educadores.
Hay que decirlo, y recientes investigaciones nos dan la razón, que en el trato con los niños de entre siete o diez años lo habitual no es el aceptarlos, reconocerlos, alabarlos, recompensarlos, afirmarlos, sino al revés, “negarlos”: “No hagas, no salgas, no pongas, no toques…”. El “no” por todas partes, la anulación, el crearles la conciencia de que no son, no valen, no pueden… pecado imperdonable, de muy nefastas consecuencias, además.
Lo contrario es, cabalmente, lo que hay que hacer. Pues, nada, ha hacerlo.
Diario Extra 2 febrero 2008

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