Columna ESAS COSAS RARAS
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
El reloj suena a las 7.30 a.m., y por si acaso no bastó para despertar, vuelve a sonar a las 7.50 a.m. A esa hora comienza un día de trabajo para muchos, para otros el día comienza un tanto más temprano.
El trabajo es necesario. De otra forma no podríamos vivir bien, comer, tener una casa bonita, comprar ropa, tener carro y de vez en cuando pasear. Es decir, el trabajo nos da calidad de vida.
Ah, el soñado viaje a la Patagonia, desde Chile hasta Argentina, solo podría ser posible con trabajo constante y con ahorro.
Claro, hay muchos que se van de viaje al exterior y después quedan ahorcados. Ese no es el ideal, pero muchos creen que si no se endeudan, jamás cumplirían sus sueños.
¡El trabajo es necesario para llevar una vida honorable! Y cuanto más se gana, más se quiere.
Si se es soltero, el carro es de vital importancia, ese chuzo con aros de lujo, radio con control y super parlantes. Preferiblemente no muy viejito, y si lo es, que sea un verdadero clásico. Porque en bus o a pie no hay mujer que me alce a ver.
Y si se es soltera, el carro me hace ver más independiente y más protegida. Pero eso de que sea un chuzo queda rezagado. Lo importante acá es ir a la estilista a que me alacie el pelo. Que me arreglen las uñas de los pies y manos. Ah, que vida más placentera. Y con un poco de esfuerzo unas delanteras bien frondosas que ayuden a atrapar al hombre de mi vida.
En ese trajín, los fines de semanas son de bares, cines o paseos a la playa.
Es ahí donde las tarjetas de crédito: la ava, la credo, la popu y en total cinco en la billetera, se hacen inseparables amigas.
Y cuando llega la quincena, o si te llega la platita por semana, ¿cómo duele verdad? No rinde el menudo, son pocos los colones que quedan para seguir llevando... ¡esa vida honorable!
Las tarjetas de crédito lo consumen casi todo. Y no es que sean malos los plastiquitos de dinero, pero si no se usan bien se convierten de amigos en dolores de cabeza.
Y aquí estoy, haciendo fila para pagar el agua, la luz, el teléfono de la casa y el celular, el cable, la seguridad de la casa y más tarde haré otra fila en el supermercado, incluyendo en la canasta básica no solo las carnes y las galletas, sino también la comida de la snauzer y las birritas.
Sí, definitivamente el trabajo es necesario, sin trabajo no se tiene una vida honorable. Sin trabajo no se puede estudiar. Sin trabajo no se puede ir al dentista. Sin trabajo no se pueden usar lentes para leer mejor. Sin trabajo no se puede acudir al médico particular. Sin trabajo no tienes garantía, incluso para adquirir deudas.
Así es que cada vez que el reloj despertador suene anunciando otro día de trabajo… ¡en buena hora!
periódico La Prensa Libre 1 febrero 2008

Meneame
del.icio.us