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RESONOCO

06/02/2008 GMT 1

Un golpe a la ‘Ostalgie’

marfuerte @ 02:12

Complementos Dos cintas alemanas nos presentan dos caras de la humanidad: el amor y el remordimiento

Diego Delfino | diego@89decibeles.com
Probablemente lo último que hubieran imaginado los habitantes de Alemania Oriental a comienzos de 1989 era que el actor y cantante estadounidense David Hasselhoff despediría el año interpretando Looking for Freedom sobre los escombros del Muro de Berlín.

En unos pocos meses se derrumbaron 40 años de statu quo , Alemania se reunificó, y las Coca-Cola y los Burger King invadieron el Este. La bandera de la libertad entró implacable, enarbolada por el conductor del auto fantástico .

Sin embargo, no todos se lanzaban a las calles a vitorear. Una buena parte de los orientales había hecho su vida bajo el antiguo régimen, y su identificación con él era absoluta. Tal es la realidad de Christiane Kerner (la actriz Katrin Sass) en la producción germana Good Bye Lenin (2003).

Mentira blanca. La cinta relata los afanes Alexander (Daniel Brühl), hijo de Chistiane, por esconderle los sucesos ocurridos mientras un coma la mantuvo inconsciente. Su recuperación podría verse gravemente afectada por cualquier emoción violenta, de modo que acompañamos al joven en sus intentos por mantener en pie el muro en pleno 1990.

La simpática y cálida película cosechó con facilidad sonrisas en la audiencia, fue premiada en toda Europa y es ya pieza de culto entre los seguidores del cine alternativo, pero especialmente entre aquellos que añoran la vida en la extinta Alemania Oriental. Este fenómeno de nostalgia por aquellos años es conocido hoy día por los teutones como ‘Ostalgie’, juego de palabras entre ‘Ost’ (este) y ‘Nostalgie’ (nostalgia).

Es un cine imprescindible, humano. El director Wolfgang Becker, junto con el guionista Bern Lightenberg, da una sacudida a los vicios del capitalismo y pone en evidencia la frustración de los viejos simpatizantes socialistas, quienes añoran la solidaridad que –pese al temor– podían encontrar en otros tiempos.

Mitad comedia, mitad drama, el filme nunca se permite ponerse más espeso de la cuenta, pero sí aprovecha una bella historia de amor para profundizar y señalar las virtudes y denunciar los defectos de uno y otro régimen, con un sesgo ciertamente anticapitalista.

Ese sentimiento es recogido por quienes no han visto, en la reunificación, la panacea prometida. Quien antes recibía atención médica gratuita, ahora la paga. Quien tenía un trabajo seguro, ahora puede ser despedido. La renta ya no es subvencionada…

De repente, en las calles de Berlín pululan tienditas con la memorabilia de una época que atrae a los curiosos y arranca lamentos a los nostálgicos

Bautismo con Oscar. Los costarricenses asistieron masivamente a los cines a ver El laberinto del fauno . Matizar la más cruda realidad con un mundo de fantasía puede ser un logro significativo. Eso es precisamente lo que no hace un film que no tuvo tanta acogida en nuestro país, La vida de los otros , que le arrebató la estatuilla a mejor película extranjera a El laberinto …, filme de Guillermo del Toro, con no pocos méritos.

En el que es apenas su primer filme, el director y guionista Florian Henckel von Donnersmarck hace un debut “a lo Comaneci”. La vida de los otros obtuvo una ovación universal y terminó de consagrarse con el Oscar a mejor film foráneo.

El thriller dramático no da espacio a esa risa casual que libere un poco de tensión; por el contrario, esta va subiendo con ritmo estable a lo largo de la cinta. De entrada, nos topamos con los métodos de la Stasi, la famosa policía secreta de Alemania Oriental.

En una soberbia actuación, Ulrich Mühe (quien falleció el año pasado) interpreta al agente Gerd Wiesler, cuyas devoción y fidelidad por el sistema serán puestas en jaque.

Durante la vigencia del régimen, la escena cultural de la Alemania del Este fue cuidadosamente vigilada por la Stasi, que limitaba toda forma de expresión artística o académica con una discreta pero brutal censura previa.

En ese contexto opresor, conocemos al autor teatral Georg Dreyman (Sebastián Koch) y a su pareja Christa-Maria Sieland (Martina Gedeck): a efectos del título, los otros .

El agente Wiesler recibe la misión de monitorear a Dreyman. Bruno Hempf (ministro de Cultura) sospecha que Dreyman tiene simpatías prooccidentales… o al menos esa es la motivación que se le da a Wiesler para su intervención.

El experimentado agente asume la misión con toda la seriedad del caso: el apartamento del guionista es intervenido y cableado, y la Stasi instala un cuarto de control en el último piso del edificio. Sin saberlo, Georg y Christa son protagonistas de su propia obra.

Humanismo. A medida que transcurre la película, la atmósfera se torna más pesada pues contemplamos el uso del miedo y de la manipulación como instrumentos de control opresor por parte de la Stasi y cómo estos afectaban el diario vivir de quienes eran incluidos en la lista negra.

Es aquí donde la película alcanza uno de sus tantos triunfos: refresca y contextualiza la historia luego de una seguidilla de filmes en el mismo tono de Good Bye Lenin , comedias nostálgicas con un abordaje más ligero de la vida en Alemania Oriental.

Ese realismo no significa que la obra de Von Donnersmarck sea oscura o macabra; por el contrario, es imposible no conmoverse con un final tan bien logrado que recuerda no el valiente intento de La vida es bella , sino el brillante logro de Cinema Paradiso .

No obstante, la reflexión que La vida de los otros propone es seria, realista, y este es su gran mérito. Sin menospreciar las fortalezas de la comedia y de la fantasía, ¡qué reconfortante resulta encontrar la esencia del ser humano (la solidaridad) imponiéndose en la más adversa de las circunstancias!

Cuando W³adys³aw Szpilman (Adrien Brody en El pianista ) se refugió en lo que quedaba de Varsovia, fue localizado por un agente del alto mando alemán. En vez de ejecutarlo en el acto, le pregunta por su profesión y lo pone a prueba frente a un piano abandonado. Más muerto que vivo, Szpilman interpreta la balada número uno de Chopin. Hosenfeld, el capitán alemán, pasaría a la historia no solo por perdonarle la vida al pianista, sino por ayudarlo a esconderse y alimentarlo hasta la llegada de los soviéticos a la capital polaca.

Wiesler es ese héroe inesperado. Representa esa victoria de la humanidad en la más inusual de las circunstancias. Un triunfo es también, pues, La vida de los otros , cine brillante y de interés universal.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 3 febrero 2008.

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